Los escribas y fariseos le dijeron a Jesús: Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben.Jesús les contestó: ¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar.Les hizo además esta comparación: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.Tampoco se pone vino en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor.
Las tradiciones, los usos y costumbres hacen fácil nuestra vida y nos dan seguridad. Si cada vez que voy al trabajo o a la Iglesia debo estar inventando qué hacer, sería problemático. En cambio, una vez conocida la situación, hago casi siempre lo mismo, sigo las mismas vías, repito gestos que ya aprendí, saludo más o menos de la misma manera cada día y de ese modo todo camina sobre rueda, sin agotarme en pensar qué hacer a cada momento. Pero si las circunstancias lo ameritan, cambio la forma de actuar y me adapto a lo nuevo.Pero si considero que todo eso está organizado de acuerdo a la ‘voluntad de Dios’, el cambiar se vuelve complicado, porque surge el sentimiento de culpa. Y más si tengo una imagen de un Dios juez, que está pendiente de todo lo que hago para pedirme cuentas después.Así vivían los escribas y fariseos y así querían que todos los judíos viviesen. Seguramente había buena voluntad y honestidad en muchos de ellos. Querían la salvación del pueblo; que no les vuelva a ocurrir lo que les había pasado varios siglos atrás, cuando fueron llevados en exilio. La lectura que hicieron de ese acontecimiento tan terrible era que les sucedió por haberse olvidado de Yahvéh, siguiendo otros dioses y creencias. ¡Castigo divino!Jesús, que no tiene ese miedo y conoce a su Padre Dios, obra con libertad de espíritu. Trae un mensaje nuevo, de amor, esperanza, alegría. Ya no se trata de ser fieles a unas leyes, a unos ritos arcaicos, sino al Dios de la vida. Él se siente como un novio que invita a su fiesta de bodas a los amigos. Es tiempo de vivir, de festejar, no de andar viendo puntillosamente si se cumplió o no tal norma. Es el vino de la nueva cosecha, que es joven y alegre y necesita de corazones de igual tono.Los cristianos, después de Jesús, nos hemos encargado de volver al vino viejo y medio avinagrado, imponiendo normas y ritos y un celo casi enfermizo por descubrir los pecados ajenos. Quizás a eso se refiere Jesús cuando dice, en el último versículo, que muchos, probando lo viejo, lo prefieren a lo nuevo.Gracias a Dios vivimos en un tiempo de renovación de la Iglesia y de descubrir de nuevo al Jesús de Nazaret, sencillo y alegre, amigo de todos y con ganas de vivir con la libertad de los hijos de Dios.
MÁXIMAJesús nos quiere sencillos y alegres
El que ama, corre y vuela, nos dice el piadoso autor de la Imitación; se siente alegre, nada le pesa, nada le cuesta, nada lo detiene; nunca pone como pretexto lo imposible; y a causa de esto, puede todo y hace muchas cosas que fatigan y agotan vanamente a los que no aman”. (Sermón sobre la Iglesia a los novicios de Saint-Méen, S.74 p. 582)
En el silencio yo te encuentro,me llenas con tu paz.Tu Presencia me sostiene.Contigo quiero estar.Si en tu nombre nos reunimoscuando somos 2 o más,nada más nos hace faltaporque tú allí estás.Un encuentro que transformami vida y mi corazón.Quiero estar más cerca tuyo.encontrarte en la oración.Cuando se termina el díayo te quiero regalarmis tristezas y alegríasy en tus brazos descansar.Sos, Jesús, mi gran amigo,el Camino y la verdad.Es tu amor que nos animaa servir a los demás.Cómo Tú, con humildad,enséñanos a rezar.Oh, Jesús, eres mi hogar.Yo contigo quiero estar.
Hoy nos reunimos con el fin de meditar sobre el tema de la oración. Orar es elevar el alma a Dios, conversar con Él, escucharlo, responderle, etc. Jesús reza en todo momento, pero especialmente en algunos momentos más significativos para su vida como el de hoy. Su oración era filial, la realizaba en modo personal y también comunitaria y le daba la certeza de no estar solo.
Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación». Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».
Lucas señala que Jesús va al monte de los Olivos a orar, diciéndoles a sus apóstoles que “pidan para no caer en la tentación”. En sus oraciones pedía a su Padre que le aliviara su dolor, pero que no se hiciera su voluntad sino la de su Padre. Jesús buscaba momentos de soledad para estar con su Él. Se retiraba al monte, al desierto, al silencio. Ahí no hacía discursos ni milagros. Sólo estaba, en intimidad con Dios, en confianza plena.
«Cuando el alma está debilitada y la tristeza la oprime hay que ir espiritualmente al Huerto de los Olivos, ponerse de rodillas al lado de Jesús, tomar el cáliz que nos ofrece y decir Padre mío, que no se haga mi voluntad sino la tuya”.“Estén atento a las tentaciones de tristeza y desánimo, son muy peligrosas como lo he dicho muchas veces. El mejor medio para curarse es rezar, ofrecer a Dios sus acciones y no hacer ninguna más que con vista a su gloria.”El Huerto de los Olivos es el lugar donde con Jesús aprendemos a vigilar y a orar para no entrar en tentación. Cuanto más difíciles son los tiempos, más debemos rezar y vigilar. La oración y la vigilancia, he aquí los dos grandes medios de salvación.La gran tentación que sentimos es apartar el cáliz y abrazar nuestra propia voluntad. El huerto de los olivos es el lugar privilegiado del discernimiento, de la contemplación, para abrazar su voluntad.
Querido Dios, ayúdanos a encontrar un momento de silencio y reflexión en Getsemaní, en el silencio de nuestros corazones. Queremos encontrarnos con nosotros mismos y contigo en la oración.Ayuda a que podamos bajar a la hondura de nuestro ser y escuchar nuestra voz interior. Queremos tomar contacto con nuestros sentimientos y pensamientos, y buscar tu voluntad en nuestras vidas.En la oración, recuérdanos que tú estás siempre con nosotros, guiándonos y acompañándonos. Ayuda a que podamos escuchar tu voz y seguir tu querer en nuestras vidas.Queremos ser fieles a ti y a nosotros mismos, y vivir de acuerdo a tu plan de amor para nosotros. Amén.