17 de enero de 2026

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Evangelio del día

3º Domingo de Adviento

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?
Jesús les respondió: Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: ¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino».
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él
.

Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿Cuándo va a pasar a la acción? ¿Cuándo va a mostrar la fuerza justiciera de Dios?

Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le dé respuesta a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?
El Mesías que espera Juan el Bautista es el que esperaba todo el pueblo de Israel, un Mesías político, guerrero, que liberara a Israel de la opresión romana. Lo mismo senti-piensa Pedro y otros apóstoles.
Jesús no responde directamente a la pregunta. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más experiencial y concreto. Díganle a Juan «lo que están viendo y oyendo». 
Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.

Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando, liberando.
Luego, le han de expresar lo que oyeron decir a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres. 

Si alguien nos pregunta si somos seguidores de Jesús, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿Qué mensaje nos pueden escuchar? Hay dos rasgos que no deben faltar en ese anuncio.
Primero, una comunidad que cure: cercana a los que sufren, atenta a los enfermos más solos y desasistidos, acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, presente en las desgracias de la gente.
Segundo, una comunidad que está con los pobres: que conoce sus problemas, atiende sus necesidades, defiende sus derechos, no los deja desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.
Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar (ideas de Pagola)

Juan y Jesús:
la experiencia de Dios determina el actuar de cada uno. Juan ha experimentado a un Dios más justiciero y con el hacha en la mano. Jesús ha experimentado a un Dios misericordioso, padre y madre, capaz de conmoverse ante el sufrimiento humano, tierno, compasivo. Juan espera que “el que ha de venir” entre en acción ya, y se desate la revolución soñada. Jesús está haciendo revolución, no la que espera Juan. Por eso Jesús no habla, actúa y pide que cuenten lo visto y oído y saque sus conclusiones. Mi actuar, ¿qué experiencia de Dios revela?


Ella (La Iglesia) quiere que, a ejemplo de san Juan Bautista, repitamos sin cesar estas palabras: ‘Allanen el camino del Señor, enderecen sus senderos’… ¡Que tenga hoy la voz y la virtud del precursor para exhortarlos tan eficazmente como lo hacía él, para disponerlos por la penitencia a la venida del Mesías!” (S. sobre la penitencia)

Dios te eligió desde el vientre de tu madre.
Fuiste la voz desde el desierto, que anunció
que prepararan los caminos,
que se allanen los senderos,
y así el hombre vuelva el corazón a Dios.

Tu humildad, admirable ante los hombres,
nunca quisiste la gloria para ti.
Todo el Jordán escuchó
lo que proclamaste a Dios:
No soy digno de desatar
las correas de las sandalias al Señor.

Eres San Juan Bautista,
precursor de la verdad
Eres San Juan Bautista
allanando los caminos.
Eres San Juan Bautista
que nos cambia la actitud,
preparando el corazón para Jesús.

Ya ha pasado mucho tiempo
desde entonces
y el mundo sigue aún perdido,
sin la verdad.
Hoy como Iglesia debemos ser
testigos de la luz,
anunciando a Jesús,
como hizo Juan.