17 de enero de 2026

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Evangelio del día

Santa Adelaida

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo: ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: «Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña».
El respondió: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: «Voy, Señor», pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?
El primero, le respondieron.
Jesús les dijo: Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.

La liturgia de este tercer martes del tiempo de adviento nos trae la parábola de los dos hijos presentada por San Mateo.
Con esta parábola Jesús enseña que lo importante no es quien se comporta bien ante Dios, sino quien cumple su voluntad.

Los fariseos, sacerdotes y ancianos de Israel dijeron “sí” a Dios al aceptar la Ley de Moisés. Ellos son irreprochables desde el punto de vista externo, pero no han cumplido la voluntad de Dios, y la prueba está en que no aceptaron la llamada de Juan Bautista a la conversión.

Sin embargo, los marginados, los pecadores, las prostitutas, los publicanos al principio dijeron “no” a Dios, negándose a vivir según sus mandamientos, pero ahora han acogido el llamado de Juan y, convirtiéndose, han cumplido la voluntad del Padre.

 ¿Con cuál de los dos hijos me identifico más?


La única cosa que exijo rigurosamente, es que se abandonen enteramente y que no traigan aquí su voluntad propia (Carta del 18 abril 1846)

Qué difícil es entender
lo que debo hacer,
cuando hay que dejarlo todo
para obedecer.
Qué difícil es renunciar
a lo que quiero,
para ponerte a ti primero.
Porque mi mente no logra alcanzar
a comprender que tú tienes un plan
y que es cuestión de tiempo esperar,
para ver lo que vas a hacer.

Por eso he decidido a andar por fe,
y no tan sólo por lo que mis ojos ven.
Y aunque ahora mismo
no pueda entenderlo
así lo haré…

Haz tu voluntad en mi vida,
aunque cueste obedecer,
aunque ahora tenga que perder.
Haz tu voluntad en mi vida
porque sé que al final
lo que quieras tú
será para mi bien.

A veces creo que no podré,
me falta fe.
Cuando veo lo que me falta por recorrer
Siento que algo dentro de mí
se va muriendo
y que el tiempo se hace eterno.
Pero a la vez mi razón va entendiendo
que mis pensamientos
no son tus pensamientos,
que mis caminos no son tus caminos.
Tú eres perfecto.

Por eso he decidido a andar por fe,
y no tan sólo por lo que mis ojos ven.
Y aunque ahora mismo
no pueda entenderlo
así lo haré…


Santa ADELAIDA fue una emperatriz del siglo X, reconocida por su fe profunda, su espíritu de caridad y su papel pacificador en una época marcada por luchas de poder.
Nació en Borgoña y muy joven fue reina de Italia al casarse con Lotario II. Tras la muerte de su esposo, sufrió persecuciones y fue encarcelada por quienes querían obligarla a un nuevo matrimonio político. Logró escapar y pidió ayuda al rey Otón I de Alemania, con quien se casó más tarde y fue coronada emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico.
Como emperatriz, Adelaida se destacó por su defensa de la Iglesia, la ayuda a los pobres y la promoción de la paz. Fundó monasterios, protegió a los más débiles y vivió su poder como un servicio, no como privilegio. Tras la muerte de Otón I, continuó influyendo positivamente en la vida política, aunque también atravesó momentos de conflicto familiar y retiro.
En sus últimos años se retiró a una vida más contemplativa, dedicada a la oración y a las obras de misericordia. Murió en el año 999.