17 de enero de 2026

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Evangelio del día

Miércoles de la 3ª semana de Adviento

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar.
Fares fue padre de Aram; Aram, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab.
Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut.
Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.
David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboam; Roboam, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Joram; Joram, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatam; Joatam, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés.
Manasés fue padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacim; Eliacim, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquim; Aquim, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

El Evangelio de este día nos presenta el árbol genealógico de Jesús. En el aparecen infinidad de personas y de nombres que en su debido tiempo han escrito con sus vidas y su historia y que con la presencia de Dios en su vida la han transformado en historia de Salvación.

Pensaba que gracias a esas personas Dios ha hecho posible que su proyecto de salvación siga siempre adelante, sin interrupciones. A pesar de los desaciertos y equivocaciones que esas mismas personas pudieron haber cometido, aquí valen las palabras de San Pablo, cuando expresa en las cartas a los romanos: «Donde abundó el pecado sobreabundo la gracia de Dios». De esta manera y a través de las personas Dios ha podido concretar, ha podido cumplir su bendición más perfecta para toda la humanidad.

A través de su Hijo Jesucristo, que como lo demuestra en el Evangelio, no es alguien aislado de toda la historia pasada, Dios también nos ha soñado, de toda la eternidad como a su Hijo Jesús y para que este sueño se haga realidad también fue necesario contar con muchas personas para que podamos nacer a la vida.
Pensaba cuántos nombres están escritos en nuestros corazones, cuantos han contribuido para que hoy seamos lo que somos. Hoy también y, por gracia de Dios, podemos ser llamados hijos, padre, hermano, nietos, abuelos, amigos. Cuánto amor fue necesario derramar, cuántas personas fueron necesarias para que nuestra vida surja hacia la luz.

Te invito, a que por medio de esta reflexión, de esta Palabra, traigas a tu mente y a tu corazón todos los nombres de esas personas, que te han ayudado y te han acompañado y que aun seguramente, hoy siguen acompañándote, a poder ser parte de esta historia maravillosa y que seguramente también te han invitado y enseñado el camino de la fe, a encontrarte con Jesús. 
Este tiempo de Adviento, es momento de dar gracias por todos ellos. Amén


¿Quién de nosotros podría dar cuenta de todos los medios que la divina Providencia emplea para conducir a los hombres a la verdad?
¿Quién podrá contar las maravillas de su gracia y cómo su mano dulcísima y llena de misericordia toca poco a poco nuestro corazón, le ilumina gradualmente y le hace pasar, de modo insensible, de la región de la sombra de la muerte a la luz de la vida eterna?
Sus operaciones son tan íntimas, tan variadas, que seríamos incapaces de percibir y menos de desarrollar su encadenamiento misterioso.
Se nos escapa todo lo que pasa en el secreto de nuestro corazón, no sabemos cómo los ejemplos que hemos visto con nuestros ojos, las lecturas que hemos hecho, las conversaciones que hemos oído, las reflexiones que nos han venido al espíritu, han cambiado poco a poco nuestras disposiciones y disipado nuestras tinieblas.
No podemos, sirviéndome de una frase de Fénelon, encontrar nuestras propias trazas” (Respuesta a las principales objeciones de los ateos)

Quiero hablar de un amor infinito
que se vuelve niño, frágil.
Amor de hombre humillado.
Quiero hablar de un amor apasionado.

Con dolor carga nuestros pecados,
siendo Rey se vuelve esclavo.
Fuego de amor poderoso,
Salvador, humilde, fiel, silencioso.

Amor que abre sus brazos de acogida.
Quiero hablar del camino hacia la vida.
Corazón paciente, amor ardiente.
Quiero hablar de aquél
que vence a la muerte.

Quiero hablar de un amor generoso
que hace y trae amor a todos,
buscándonos todo el tiempo,
esperando la respuesta al encuentro.

Quiero hablar de un amor diferente,
misterioso, inclaudicable;
amor que vence en la cruz,
Quiero hablar del corazón de Jesús.