Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara.Él les dijo: Vayan.Ellos salieron y entraron en los cerdos; estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado y se ahogaron.Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.
Cuando alguien hace un bien a algunas personas, como es el caso de Jesús, lo que se espera es que haya un reconocimiento a la obra de bien realizada.Pero aquí “toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio”. No estaban para nada de acuerdo con lo que había hecho.El problema eran los cerdos, los cerdos perdidos en el mar y con ellos las ganancias que pensaban obtener. Los dos hombres liberados no valían tanto como los cerdos.Es una radiografía de nuestra sociedad donde tantas veces se privilegia el ganar, el tener, por sobre los derechos de las personas, en especial, de los más indefensos.Cuando en el trabajo alguien no es una persona, sino un número, mano de obra reemplazable; cuando lo que importa es ganar sin importar lo que eso cueste física y mentalmente a quienes trabajan; cuando los pobres molestan porque piden y, además, afean el paisaje; cuando por no perder un puesto se hace la vista gorda de situaciones de injusticia, estamos expulsando a Jesús de nuestra sociedad, de nuestra comunidad, de nuestra vida.Es fácil ser caritativos por un día. Difícil es ser justos y solidarios siempre. Y más cuando nos toca el bolsillo. Y Jesús, si queremos serle fiel, tarde o temprano nos toca el bolsillo.No hagamos como la gente de esa ciudad que se perdió el mayor tesoro por unas monedas. Los menesianos, ¿cuándo expulsamos a Jesús?
¡Es una gran pena ver hasta qué punto hoy en día se desprecia al hombre! … Se considera lo considera solamente como un ser físico, y no como un ser inteligente, inmortal, que debe, al pasar por este mundo, preparase para entrar en la eterna sociedad del mismo Dios, del que es imagen. (Sobre la educación) El juicio que uno hace sobre las personas, aunque sea justo, nunca debe ser absoluto; existe en el carácter de cada uno, en el género de su espíritu y de sus talentos, en sus costumbres y su conducta, una cantidad de delicados matices que no sabría explicarlo por escrito. Me he convencido de esto, hace cuatro años, tratando de hacer, para mi uso, una reseña sobre los sacerdotes de mi diócesis. No pude ir más allá del tercer nombre, y, descontento con mi trabajo, lo arrojé al fuego. (Al padre Le Mée)
Libertador de Nazareth,ven junto a mí, ven junto a mí.Libertador de Nazareth,qué puedo hacer sin Ti.Yo sé que eres Camino,que eres la Vida y la Verdad.Yo sé que quien te siguesabe a dónde va.Quiero tener tu vida,seguir tus huellas, tener tu luz.Quiero beber tu cáliz,quiero llevar tu cruz.Quiero encender mi fuego,alumbrar mi vida y seguirte a Ti.Quiero escucharte siempre,quiero luchar por ti.Y comenzar de nuevo,te necesito libertador.No puedo estar sin rumbo,no puedo estar sin Dios.