29 de agosto de 2026

Vie
28
Ago
Sáb
29
Ago
Dom
30
Ago
Lun
31
Ago
Mar
01
Set
Mié
02
Set
Jue
03
Set

Evangelio del día

Martirio de san Juan Bautista

Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado, porque Juan decía a Herodes:
No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.​
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le aseguró bajo juramento: Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella fue a preguntar a su madre: ¿Qué debo pedirle?
La cabeza de Juan el Bautista, respondió esta.
La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza.
Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

En el pasaje de Marcos 6:17-29, que relata el martirio y la decapitación de Juan el Bautista en el palacio de Herodes Antipas, Se plantea una profunda reflexión en torno a los conflictos de conciencia, el abuso de poder y la ceguera que producen los intereses personales. A continuación, planteo las claves principales que nos presenta este evangelio:

1. El conflicto interno de Herodes (La conciencia dividida)
Se destaca la trágica contradicción en la que vive el tetrarca Herodes Antipas. Por un lado, siente una fuerte atracción y respeto por Juan el Bautista: sabe que es un hombre «justo y santo», se siente conmovido y perplejo al escucharlo, y de alguna manera busca protegerlo de los instintos homicidas de Herodías.
Sin embargo, Herodes está atrapado por sus propias pasiones, su orgullo y su estatus político. Pagola nos advierte sobre el peligro de vivir con una «conciencia dividida»: personas que admiran el bien, se emocionan ante la verdad y reconocen la santidad, pero son incapaces de cambiar su vida porque sus intereses inmediatos o sus debilidades los mantienen encadenados.

2. La trampa de la superficialidad y la vanidad
El banquete de cumpleaños de Herodes representa el escenario del mundo superficial, el poder vacío y la complacencia. El baile de la hija de Herodías cautiva de tal modo los sentidos del rey que lo lleva a la fanfarronería y a realizar una promesa desmesurada bajo juramento («Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino«). Se enfatiza cómo la frivolidad y la necesidad de quedar bien ante los demás (los comensales y los grandes de Galilea) anulan por completo el discernimiento ético. Herodes prefiere cometer un crimen atroz —asesinar a un inocente— antes que pasar por un hombre débil o romper su palabra frente a sus invitados. Se denuncia aquí el miedo al «qué dirán» y cómo la presión social y el estatus nos pueden llevar a traicionar los principios más sagrados.

3. La manipulación y el odio ciego
En la figura de Herodías, Pagola expone el rostro del resentimiento y el odio implacable. Juan el Bautista había denunciado la ilegalidad de su matrimonio con Herodes, y ella no se detiene hasta eliminar la voz incómoda de la verdad. Utiliza a su propia hija para conseguir su objetivo. Para Pagola, esto es un claro ejemplo de cómo los intereses egoístas pueden corromper el corazón humano, convirtiendo a las personas en seres fríos capaces de manipular los vínculos más íntimos con tal de mantener el poder o el prestigio. 

4. El destino del profeta
Juan el Bautista muere en la oscuridad de una mazmorra, víctima de un capricho palaciego, sin un juicio justo y sin grandes discursos finales. Su cabeza termina servida en una bandeja como si fuera un plato más de la fiesta. Se subraya que este final prefigura el destino del propio Jesús. El verdadero profeta no busca el acomodo ni ser «políticamente correcto»; su misión es servir a la Verdad de Dios, aun cuando esto signifique pagar el precio más alto. La muerte del Bautista cuestiona la aparente victoria de los poderosos y nos invita a reflexionar sobre las víctimas silenciosas de todos los tiempos que sufren a causa de la corrupción y el capricho de quienes gobiernan el mundo.

Este relato nos invita a preguntarnos a quién estamos escuchando realmente en nuestras vidas: ¿A la voz incómoda pero liberadora de nuestra conciencia (el Bautista), o a los aplausos y las presiones de un entorno frívolo y superficial que nos empuja a la mediocridad (el palacio de Herodes)?


Recibiremos el céntuplo de lo que hemos dejado, pero también tendremos que llevar la cruz, beber el cáliz; tendremos clavos, espinas y flagelación. (A los sacerdotes de Saint-Méen)

Todo empezó en una cruz
donde un hombre murió
y un Dios se entregó.
Silenciosa la muerte llegó
extinguiendo la luz
que en un grito se ahogó.

Viendo su faz de dolor
una madre lloró y su amigo calló.
Pero siendo una entrega de amor
su camino siguió y en algún otro lado
una luz se encendió.

Siendo hombre, amigo, esclavo y maestro;
siendo carga pesada, profesor y aprendiz,
entregó hasta su cuerpo en el pan y en la vid.

Desde entonces lo he visto caminar a mi lado
a ese Dios que se humilla y muere por mí.
Es la barca en mi playa, el ruido del silencio,
que se acerca a su hijo y me abraza feliz.

Viendo un humilde calvario,
con rostro cansado soporta la cruz
y al verme rezando a sus pies
se olvida de Él, me toma en sus brazos,
me acoge otra vez.

Siendo fuego, paloma, el agua, y el viento;
siendo un niño inocente, un padre y pastor
Voy a aceptar mi ofrenda, es mi vida, Señor.

Y si ahora yo acepto esa cruz
fue por esa persona, ese Dios,
es por Cristo Jesús.