22 de octubre de 2026

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Evangelio del día

San Juan Pablo II

Jesús dijo a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

“Jesús dice a los discípulos: ‘¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división’. ¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental.
Vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuera una torta que se la decora con la crema ¡No! La fe no es eso.
La fe comporta elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es vacío, no es neutro, Dios es siempre positivo, ¡Dios es amor! Y el amor es positivo.

Después que Jesús vino al mundo, no se puede hacer como si no conociésemos a Dios, como si fuera una cosa abstracta, vacía, puramente nominal. No, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros.

Por esto Jesús dice: ‘he venido a traer división’. No es que Jesús quiera dividir entre ellos a los hombres, al contrario, Jesús es nuestra paz, ¡es reconciliación!
Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad. Jesús no trae neutralidad. Esta paz no es un acuerdo a cualquier precio.

Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad, la justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses.
Y esto sí divide, lo sabemos, divide también las relaciones más cercanas.
Pero atención: ¡No es Jesús el que divide! Él pone el criterio: vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es signo de contradicción”. (Papa Francisco)

¿Es por Dios, únicamente por Dios que estudiamos, que trabajamos? Y en nuestros proyectos de futuro ¿no buscamos nada más que extender su reino? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos por la Iglesia como Jesucristo se ha sacrificado por ella? ¿No tememos que eso nos cueste demasiado para darle algunos pequeños sacrificios y no estamos, a menudo, paralizados por un secreto deseo de evitar todo lo que es penoso a nuestra naturaleza, de librarnos de todo lo que nos molesta, de no experimentar ninguna privación, ninguna contradicción demasiado dura? Y si sucede que en nuestros trabajos no somos consolados por el éxito, sostenidos por los aplausos de los hombres, ¿no nos entregamos a la murmuración, no perdemos el ánimo y la confianza? (Sermón sobre la perfección)

Todo en esta vida es un decidir,
si me voy contigo o me quedo aquí.
Romperé los muros de mi propia casa,
iré mar adentro y pescaré por ti.

Hoy mi pueblo está clamando,
pide vida, pide amor.
Gritan mis hermanos
y llega hasta el cielo su voz.

La misión que Tú me has dado
quiero hacerla realidad,
luchar por la vida,
luchar por un mundo de paz.

Me has hablado en mil canciones,
mas no te quise escuchar.
Cerré mis oídos
porque es muy difícil hablar.
Hace tiempo que pregunto.
Tu respuesta escucho hoy.
Tu voz habla adentro
y por tu camino ya voy.


San Juan Pablo II, llamado Karol Józef Wojtyła, nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia. Perdió muy joven a su madre, a su hermano y, más tarde, a su padre. Durante la ocupación nazi trabajó como obrero y comenzó su formación sacerdotal en un seminario clandestino. Fue ordenado sacerdote en 1946 y se destacó por su cercanía a los jóvenes, su profundidad espiritual y su interés por el teatro, la filosofía y la literatura.
Fue nombrado obispo y luego arzobispo de Cracovia. Participó en el Concilio Vaticano II y fue elegido papa el 16 de octubre de 1978, siendo el primer pontífice no italiano en más de cuatro siglos. Desde el comienzo invitó a todos: «¡No tengan miedo! ¡Abran las puertas a Cristo!»
Durante sus casi 27 años de pontificado, recorrió numerosos países anunciando el Evangelio y defendiendo la dignidad humana, la vida, la libertad religiosa y la paz. Impulsó el diálogo con otras religiones y creó las Jornadas Mundiales de la Juventud. Visitó la Argentina en 1982 y 1987. En 1981 sobrevivió a un atentado y posteriormente visitó en la cárcel al hombre que le había disparado, a quien perdonó.
En sus últimos años, marcados por el párkinson, dio un testimonio de fe y perseverancia en medio del sufrimiento. Murió el 2 de abril de 2005 y fue canonizado por el papa Francisco el 27 de abril de 2014.