Al atardecer de ese mismo día, les dijo: Crucemos a la otra orilla. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.Lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos? Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: ¡Silencio! ¡Cállate! El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.Después les dijo: ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?
El relato de la tempestad en el lago plantea algunas preguntas que posiblemente no tienen respuesta: ¿ocurrió esta tempestad tal como aquí se relata? ¿Se produjo realmente en aquel pequeño y tranquilo lago una tormenta tan fuerte y tan peligrosa? ¿El mar y el cielo respondieron tan sumisamente Jesús? ¿Alude este relato a los peligros que acechan a “la barca de Pedro”, es decir, a la Iglesia?Importa mucho tener en cuenta que el relato de la tempestad no es un “relato histórico”, sino un “mensaje para la vida”, expuesto en forma de recuerdo sobre cómo vivía Jesús.Es claro que, si de verdad tenemos fe, no tenemos por qué dejarnos dominar por el miedo incluso por situaciones límite, como le pasó a los discípulos. Es claro también que Jesús asociaba la falta de fe con el miedo. Es decir, para Jesús, el enemigo de la fe no es el error dogmático o la desobediencia religiosa, sino el miedo, o sea cuando falla nuestra seguridad en Jesús. Es claro también que los discípulos, aunque “seguían” a Jesús, tenían poca fe y, en consecuencia, no se fiaban totalmente de él. Y es claro también que aquellos discípulos no sabían quién era Jesús, no lo conocían a fondo, porque Jesús es siempre sorprendente.En las ideas y costumbres de aquel tiempo, el sueño de Jesús expresa una clara semejanza con Dios. La preocupación por despertar a Dios estaba presente especialmente en los levitas, que cada mañana invocaban a Dios de esta manera: “¡Despierta! ¿Por qué duermes, oh Señor? ¡Despierta! No nos rechaces para siempre”. Esta plegaria tuvo notable presencia en la liturgia del Segundo Templo. De forma que a los levitas se los llamaba “los despertadores de Dios”. Era el deseo de tener a Dios siempre presente en la vida. En el evangelio, lo que anhelamos es la presencia de Jesús en nuestra vida.
Hoy nadie puede decir que lo que ha fundado la víspera continuará de pie al día siguiente. Las más sabias previsiones quedan desconcertadas a cada instante. Y sin embargo es al ruido de estas grandes tormentas que rugen incesantemente sobre nuestras cabezas que es necesario caminar hacia nuestro objetivo con una calma que nada altera y una perseverancia que nada puede vencer. Es sobre un suelo tembloroso que es necesario tallar, pulir y unir juntas una con otra, y con la espada en la mano, como los judíos que trabajaban en la reconstrucción del templo, todas las piedras que deben formar parte del vasto edificio que tenemos el deseo de construir. Pero ciertamente, cuando me acuerdo del pasado, de lo que Dios ha hecho por nosotros, de modo tan maravilloso, tantas veces, los acontecimientos que parecían que nos iban a ser contrarios se han convertido en favorables, sería ingrato si me entregase a los miedos del porvenir, y todos mis pensamientos son pensamientos de acción de gracias y de esperanza. (Sermón sobre los motivos de desánimo)
Me he hecho tantas preguntasintentando entender.Me he lanzado a buscartesin saberte ver.Me he asomado al abismo.Me he atrevido a saltar y caer.Y un huracánromperá el cielo desde mi garganta,gritándote:¿dónde estás cuando me haces falta?Y me han dado respuestas,pero no sé qué hacer.He prometido seguirtesin entender.Y hay un eco en lo hondoque me empuja hacia ti,y aunque sea sin sentirtete buscaré.Y un huracánromperá el cielo desde mi gargantagritándote:¿dónde estás cuando me haces falta?Estoy aquí en el silencio.Estoy aquí en este viento.Estoy aquí, soy este trozo de pan.Estoy aquí en tu lamento.Estoy aquí en este eco.Estoy aquí, soy este trozo de pan.Y un huracánromperá el cielo desde mi gargantagritándote:¿dónde estás cuando me haces falta?Estoy aquí – (y un huracán)(romperá el cielo desde mi garganta)estoy aquí, Estoy aquí (gritándote)soy este trozo de pan.Y tu huracánromperá el cielo desde mi garganta,gritándome: ¡Cuánto me haces falta!