Jesús dijo a sus discípulos: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino.
Señor, yo sé que nunca respondes a preguntas superficiales: dónde voy a pasar el fin de semana;qué modelo de coche me voy a comprar, cómo van los valores en bolsa etc… Pero sí respondes a las preguntas de profundidad: ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Qué sentido tiene el dolor, el sufrimiento y la muerte? ¿Qué pasará de mí cuando yo me muera? A todas estas preguntas contesta el evangelio. Dame, Señor, valor para hacerme estas preguntas y, sobre todo, dame tu gracia para aceptar tu respuesta.¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? Con esta pregunta del evangelio, San Ignacio de Loyola conquista el alma juvenil de Javier. Esta es una pregunta clave que nos debemos hacer alguna vez en la vida. ¿De qué me sirve lo que estoy haciendo? ¿lo hago a gusto? ¿me llena, me satisface? ¿Me gustaría que mi vida terminara así? La respuesta a esta pregunta vital la tiene Jesús cuando dice: “El que quiera seguirme, que cargue con su cruz y me siga”. Jesús no dice que debemos cargar con esa Cruz suya, tan pesada. Pide que carguemos con la nuestra. Y ¿cuál es nuestra cruz? Sencillamente, la cruz de la vida. A mí me gustaría ser distinto de lo que soy, y sin embargo, me tengo que aceptar con mis limitaciones. Hay muchas cosas que no me gustan de las personas que conviven conmigo; y, sin embargo, las tengo que aceptar. En esta vida hay cantidad de cosas que no soporto y, sin embargo, las tengo que asumir. El asumir la vida como es y no como a mí me gustaría que fuera, es propio de hombres maduros. Y el cristiano es el más hombre, el que no huye de la vida, el que la acepta tal y como es, pero lucha por mejorarla tal y como hizo Jesús.Señor, quiero agradecerte el realismo con que te enfrentaste a la vida, con sus problemas y limitaciones, también con sus enormes posibilidades. Tú eres el Hombre-Perfecto; por eso quiero acercarme a Ti y poner mis pies en las huellas que han dejado los tuyos. Si me alejo de Ti, soy un poco hombre; si me acerco a Ti, me realizo plenamente como persona. Señor, que nunca me separe de Ti.
Sí, he renunciado completamente, no sólo al mundo, a sus bienes, a sus placeres, sino también a mis gustos, a mis voluntades. Me he desprendido de mí mismo para unirme a Dios sin división. ¡Con qué secreto placer me presentaré al Señor como una víctima que debe ser consumida aquí abajo por el ardor de su amor! (Anotaciones antes de la ordenación sacerdotal)
Amar es entregarseolvidándose de sí,buscando lo que al otropueda hacer feliz.Qué lindo es vivir para amar.Qué grande es tener para dar.Dar alegría, felicidad,darse uno mismo, eso es amar.Si te amas como a ti mismoy te entregas a los demás,verás que no hay egoísmoque no puedas superar.