10 de febrero de 2026

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Evangelio del día

Santa Escolástica – San José Sánchez del Río

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones.
Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?
Él les respondió: ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.
Y les decía: Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro «corbán» –es decir, ofrenda sagrada– todo aquello con lo que podría ayudarte… En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!

La vida podría convertirse en un cumplimiento meticuloso de la ley, normas, compromisos, como hacían los fariseos y judíos. Pero valdría preguntarse en medio de tanta exigencia personal ¿por qué? ¿por qué tanto empeño y dedicación para ser fieles? ¿realmente cumplían con esa manera de agradar a Dios? Jesús denuncia que esa aparente fidelidad era incienso que en lugar de agradar a Dios los alababa a ellos mismos.

Sólo a Dios hay que dar culto, y el verdadero culto consiste en la caridad y amor a Dios. Debe ser aquí, por tanto, donde florezca la exigencia por ser fieles a los compromisos.
San Juan Pablo II escribió que ser cristiano no es en primer lugar cumplir una cantidad de compromisos y obligaciones sino dejarse amar por Dios.

De esta manera, hemos de buscar a Dios para que nuestra jornada no se convierta en una serie de actividades, compromisos, obligaciones sin sentido, porque se tienen que hacer, hechos en ocasiones sin saber por qué se hacen, sino que nuestros días sean un continuo ofrecimiento a Dios de nuestras acciones.


«El amor vive especialmente de acción, y es por eso que su divino autor le ha dado como objeto propio no la humanidad, sobre la cual ninguno de nosotros puede nada, sino el prójimo, o en otros términos, la parte de la humanidad que cada uno de nosotros debe servir» (S IX p. 2582)

Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.

Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente,
que no me abofeteen la otra mejilla
después que una garra me arañó esta suerte.

Sólo le pido a Dios
que el engaño no me sea indiferente.
Si un traidor puede más que unos cuantos,
que esos cuantos no lo olviden fácilmente.

Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente.
Desahuciado está el que tiene que marchar
a vivir una cultura diferente.


San José Sánchez del Río fue un adolescente mexicano nacido en 1913, en Sahuayo, Michoacán. Durante la Guerra Cristera, con solo 14 años, se unió como ayudante a los cristeros para defender la fe católica. Capturado por el ejército, fue presionado para que renegara de Cristo, pero se mantuvo firme. Antes de ser ejecutado en 1928, soportó crueles torturas y proclamó con valentía: “¡Viva Cristo Rey!”. Fue canonizado por el papa Francisco en 2016 y es ejemplo de fidelidad, valentía y amor a Cristo hasta el final.

Santa Escolástica fue una virgen consagrada del siglo VI, hermana de san Benito de Nursia. Desde joven dedicó su vida a Dios y fundó una comunidad de monjas cerca de Montecasino, siguiendo el espíritu de la Regla benedictina. Cada año se reunía con su hermano para hablar de las cosas de Dios. En una de esas ocasiones, su oración logró que una tormenta impidiera la partida de san Benito, mostrando que el amor y la oración pueden más que la norma. Murió hacia el año 547 y es patrona de las monjas benedictinas. Es ejemplo de vida contemplativa, oración confiada y amor fraterno.