2 de marzo de 2026

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Evangelio del día

Lunes de la 3º semana del tiempo ordinario

Jesús dijo a sus discípulos: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den y se les dará.
Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.

Para medir la misericordia, para comparar la compasión que anida en nuestro corazón, Jesús nos dio una medida: la infinita misericordia de nuestro Padre del cielo. No debemos compararnos con nadie, solo mirarlo a él y tratar al prójimo como nos trata Dios.

La Novedad que Jesús quiere construir viene de la experiencia que tiene de Dios como Padre lleno de ternura, que acoge a todos, buenos y malos, que hace brillar el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos.

El amor verdadero no depende de lo que yo recibo del otro. El amor debe querer el bien del otro independientemente de lo que él o ella hacen por mí. Pues así es el amor de Dios por nosotros. Él es misericordioso no solamente para con los buenos, sino para con todos, hasta “con los ingratos y con los malos”. Los discípulos de Jesús debemos irradiar este amor misericordioso.

Lo importante para el cristiano es el amor: «Como yo los amo, ámense también ustedes». Este amor es derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo y en la Eucaristía pues Cristo se entrega como un don para que podamos amar a cada uno con Su Corazón y ser misericordiosos tal como el Padre del Cielo es misericordioso.

¿Qué debo convertir en esta cuaresma para lograr una misericordia más parecida a la de Dios?


Máxima
Su misericordia es grande


Cuanto más se ejercitan en la paciencia y en la caridad, más méritos ganan y mayor será su recompensa…Oh querido hijo, piensa de vez en cuando en la necesidad que tienes de que Dios sea indulgente contigo y siguiendo la palabra del evangelio, sé misericordioso para que tú mismo puedas obtener misericordia” (Al H. Enrique-María, 2 de noviembre de 1851)

Jesús habló con claridad,
su voz llamaba a la caridad.
«Sean ustedes, en compasión,
como su Padre, en su corazón.»

«No juzguen nunca, no condenen,
que así del juicio se previenen.
Perdonen siempre con amor,
y hallarán gracia ante el Señor.»

Misericordia quiero dar,
quiero a los otros perdonar.
Que mi medida sea total,
como la tuya, celestial.

«Si das con gozo y sin temor,
Dios te dará aún más fervor.
Vendrá a tu vida bendición,
pues Él conoce tu intención.»

Apretada, desbordante,
su gracia cae como un río.
Si doy amor, Él me da más,
su generosidad no tiene fin.

Misericordia quiero dar,
quiero a los otros perdonar.
Que mi medida sea total,
como la tuya, celestial.

Con su amor quiero medir,
su justicia repetir.
Dar sin miedo, sin dudar,
pues Dios me quiere derramar.