Hoy reza por las vocacionesTodo el Distrito Divina ProvidenciaEl Hermano lleva en sus manos el amor de Dios para los más pobres.
Jesús les dijo: Yo soy la verdadera VID y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.
El sarmiento no tiene vida propia, vive de la savia que recibe. Si se separa, se seca inevitablemente. Jesús no lo dice para asustar, sino para ubicarnos en la verdad. Muchas veces queremos dar fruto con nuestras propias fuerzas, con nuestros planes, incluso con nuestras buenas intenciones, pero olvidando la fuente. Y entonces aparece el cansancio, la esterilidad interior, la sensación de vacío.Si no queremos que nos pase esto, debemos permanecer en Él. Permanecer es quedarse, habitar, no irse cuando cuesta, no buscar sustitutos. Es vivir en una relación constante, sencilla y real con Él, en la oración, en la Palabra, en los sacramentos, pero también en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo escondido.Jesús dice además que existe la poda. Podar duele. La poda son esas renuncias, esas purificaciones, esas situaciones que no nos gustan mucho, pero que son necesarias para avanzar en el camino. Jesús revela el sentido: para dar más frutos. Dios no quita vida, quita lo que impide que la vida crezca. Lo que hoy parece pérdida, mañana será fecundidad.Importante además saber que el fruto no es para el sarmiento, es para otros. Una vida unida a Cristo inevitablemente se vuelve fecunda. No siempre con grandes obras, muchas veces en lo escondido, pero con una eficacia que viene de Dios.
Cualquier rama que se desgaje de este tronco sagrado se seca y se muere: todo riachuelo que se separe de esta fuente madre, al instante se seca. (Sermón sobre la Iglesia).
¿Señor, a quién iremossi tú eres nuestra vida?¿Señor, a quién iremossi tú eres nuestro amor?¿Quién como tú conocelo insondable de nuestro corazón?A quién como a ti le pesannuestros dolores, nuestros errores?¿Quién podría amar cómo túnuestra carne débil,nuestro barro frágil?¿Quién como tú confíaen la mecha que humeaen nuestro interior?¿Quién como tú sostienenuestra esperanza malheriday nuestros anhelos insaciables?¿Quién como tú esperanuestro sí de amor?