Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla. Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.Jesús se dio cuenta y les dijo: ¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?Ellos le respondieron: Doce.Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron? Ellos le respondieron: Siete.Entonces Jesús les dijo: ¿Todavía no comprenden?
Los discípulos tenían miedo como también nosotros tenemos miedo de afrontar los desafíos del día a día. Su atención estaba centrada más en el resolver las cuestiones y problemas del momento y no tanto en mirar al Maestro que siempre estaba con ellos.“Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen”, les replica Jesús. Están con Él y aun así sus ojos se centran en otras realidades y dudan del poder infinito del Señor.Habían visto los milagros y su poder, pero prefieren poner la confianza en sus propias fuerzas humanas. Jesús ya se los había dicho: “busquen primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura”. (Mt 6,33) Pero les faltaba confiar.Muchas veces afrontamos las dificultades sin mirar a Jesús que siempre está con nosotros y quiere ayudarnos. Qué fácil es caer en el cansancio y el tedio cuando afrontamos solos las luchas de cada día.
No precipitarse nunca en los asuntos que tengamos: no querer que vayan tan deprisa como nuestros pensamientos; combatir los obstáculos a sangre fría, sin desanimarse ni irritarse… Escuchar a Dios en la meditación; abrir los oídos del corazón para recibir su palabra santa: alimentarse con ese maná de suavidad, sin perder nada de él; gustarlo, saborearlo con delicia… Permanecer contentos en la noche oscura de la fe: no tratar de prever todo ni prevenir todo. (Memorial 18-19)
Comenzaste a hacerte pan en Belén,sol pequeñito en esta noche.Aprendiste en Nazaret de ellos dosel gesto manso de la entrega.Pibe que en Jerusalénte entregaste de una vez,a las cosas de tu padre.Debe tu cuerpo crecerpara poderse ofrecercomo pan a nuestro hambre.Mi Cuerpo es esto,mi Sangre es esta,que por ustedes doy.Coman y vivan, crean y vivanque para siempre soy.Soy yo, soy yo.Se multiplicó tu amor, se partió.Todos saciados aún sobraba.Se mostró tu intimidad: Eres panque sólo vive por donarse.Noches de JerusalénCristo-Pan, entrégate.Eres tú nuestro cordero,cena, huerto, beso y cruz.Y tu entrega, Pan-Jesús,fue más fuerte que el madero.