8 de agosto de 2026

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Evangelio del día

Santo Domingo de Guzmán

Jesús y sus discípulos se reunieron con la multitud. Se les acercó un hombre y, cayendo de rodillas le dijo: Señor, ten piedad de mí hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar.
Jesús respondió: ¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí.
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que, desde aquel momento, quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: Trasládate de aquí a allá, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes.

En este relato se ve claramente que, en aquella cultura, la epilepsia era interpretada como tener un demonio. La curación del niño se realiza mediante la expulsión del demonio. La Ignorancia de los fenómenos o causas naturales busca explicación en fenómenos o causas sobrenaturales.  En esos casos, Dios se convierte en un “tapa-agujeros” con el que pretendemos resolver nuestras ignorancias. Las creencias no deben ser eso. Deben ser la fuerza de transformación que nos impulse a superar la deshumanización que todos llevamos dentro de nosotros.

Jesús entiende la fe, como la fuerza que mueve montañas, cosa que el evangelio repite dos veces (Mt 17,20; 21,21), lo que indica que es algo importante para comprender lo que es la fe. No se trata de entender que la fe consista en la capacidad de hacer lo imposible. En Mat 21,21, Jesús dijo esta misma sentencia cuando estaban llegando a Jerusalén. ¿De qué monte hablaban entonces? Las palabras de Jesús indican “este monte”. Ahora bien, allí no podía señalar nada más que al “monte santo” sobre el que estaba edificado el grandioso templo de Jerusalén, centro de la religión establecida. Por tanto, lo que afirma Jesús es que la fe, que el presenta, acaba con la religión, sus ceremonias y sus funcionarios.

Cuando la fe en Jesús es verdadera y fuerte, derriba la montaña de las creencias raras, seguridades supersticiosas y sentimientos de culpa enfermizos que llevamos dentro. Y, en su lugar, pone la fuerza que da vida y hace feliz a los humanos.


Oh, Dios mío, si tuviéramos fe! ¡Esta fe viva, esta fe animada que penetra y que casi entiende los misterios celestes! ¡Esta fe que ve la aurora del día eterno! ¡La fe de Abraham! – ¡Oh, Dios mío, concédeme esta fe! (M. 86)

Vive lo que cantas.
Canta con la vida.
Vive lo que cantas.
Vive lo que cantas.
Que fluya en ti mi vida.
Vive lo que cantas.

Si no me entregas toda tu vida
tus versos no me sirven de nada.
Si tu canto no nace de mi fuente
serán vacías tus palabras.
No cambiará tu mirada.

Si mi Palabra en ti se hace vida,
entonces canta desde el alma
y así serás cauce de mi Reino,
llevando a todos mi agua,
nunca estancada, siempre viva.


Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega (España) hacia 1170. Desde joven se distinguió por su amor a Dios, su dedicación al estudio y su profunda compasión por los más necesitados. Fue sacerdote y comprendió que la mejor manera de anunciar el Evangelio era mediante una vida de pobreza, oración, estudio y predicación.
En 1216 fundó la Orden de Predicadores (Dominicos), cuya misión principal es anunciar la verdad del Evangelio y combatir el error con la fuerza de la palabra y el testimonio de vida.
Murió en Bolonia (Italia) el 6 de agosto de 1221. Fue canonizado en 1234. La Iglesia lo recuerda como un gran predicador, amante de la verdad y de la oración, y como un modelo de celo apostólico.