18 de enero de 2026

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Evangelio del día

Domingo 2º durante el año

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
Y Juan dio este testimonio:
He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo». Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.

En el inicio del llamado ‘tiempo durante el año’, apenas celebrada la fiesta del bautismo de Jesús, la liturgia nos propone una nueva lectura de aquel hecho, esta vez la que ofrece el cuarto evangelio. En éste, no se narra el hecho en sí, sino el ‘testimonio’ del Bautista, que es presentado como ‘precursor’ y, más propiamente, como ‘testigo’.

De Juan se nos había dicho, ya en el Prólogo, que ‘vino como testigo, para dar testimonio de la luz…; no era la luz, sino testigo de la luz’; su misión no es otra que la de ‘dar testimonio’.
Por ello, es fácil comprender que la frase central del texto que hoy leemos es la que aparece justo al final del mismo: ‘Yo lo he visto, y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios’. En esta frase, se nombran dos temas muy queridos para el autor del cuarto evangelio: la proclamación de Jesús como ‘Hijo amado y dócil del Padre –de quien será el ‘revelador’- y la importancia decisiva del testimonio.

El testimonio de Juan incluye varios elementos a tener en cuenta:
+ Jesús es ‘el Cordero de Dios’: con esta imagen, se alude al cordero pascual, signo de la liberación del pueblo y del inicio del éxodo hacia la Tierra prometida; con ella, se anuncia ya, desde el principio del evangelio, la ‘Pascua’ de Jesús, su muerte-resurrección, en clave de éxodo (salida) y liberación.

+ Jesús es el hombre sobre el que ‘se ha posado el Espíritu’ (la imagen de la paloma evoca al Espíritu de Dios que ‘aleteaba sobre las aguas en la creación’), es decir, se halla habitado por la plenitud del Espíritu, que es Vida y Amor.

+ Jesús es ‘el que ha de bautizar con Espíritu Santo’ (a diferencia del bautismo de Juan, del que se dice reiteradamente que es ‘con agua’): bautizar con o en Espíritu es comunicar la misma vida divina.

+ Jesús es nombrado como ‘Hijo de Dios’, aquél en quien se nos manifiesta –hasta donde eso es humanamente posible- el Rostro de la Divinidad, tal como también se había adelantado ya en el Prólogo: ‘A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer’.

+ Jesús es también ‘el que quita el pecado del mundo’. Con esa expresión, parece que el cuarto evangelio no entiende un pecado particular ni siquiera la totalidad de los pecados, sino aquella ‘mentalidad’ –que, en otros lugares, llama ‘mundo’-, como realidad opuesta a lo que humaniza.

Y… Hoy ¿qué puede significar dar testimonio de Jesús? Aquí algunas pistas:
+ Ser testigos de Jesús significa ver la realidad como él la veía y verlo a él mismo en todo ser humano, porque todos participamos de aquella misma ‘identidad compartida’.
+ Ser testigos de Jesús, será dejarnos trabajar por el Espíritu para que éste pueda moldear en nosotros la imagen de Jesús.
+ Ser testigos de Jesús, es tener los mismos pensamientos y sentimientos que él ha tenido, ante el dolor y la miseria humana.
+ Ser testigos de Jesús, será ser compasivo y misericordioso, no juzgando ni condenando.
+ Ser testigo se Jesús, será caminar con otros tras sus huellas, anunciando que el Reino está entre nosotros.
+ Ser testigo de Jesús, será construir Reino desde la escuela, donde los valores del Reino son proclamados porque son vividos.
+ Ser testigos de Jesús, será tener un oído en su Palabra y otro en el pueblo y ser obedientes a lo que escuchamos.
+ Ser testigo de Jesús, para vos, hoy es…

Juan y Jesús:
Seguramente Juan y Jesús se conocían, aunque no vivían en la misma región. Jesús había escuchado hablar de la misión de Juan (bautizaba en el Jordán). Juan dice no conocerlo. Juan no conoce al Jesús Mesías pues todavía no se había manifestado a los pueblos (eso aconteció en el bautismo). Juan da testimonio a favor de Jesús. Se siente pequeño ante él. Jesús es el importante para Juan. Luego Jesús dará testimonio de Juan. Dirá que Juan es el más grande de los profetas, un enviado de Dios. 


Si el peso de mis pecados me agobia, si las tentaciones me agitan, si los enemigos de mi salvación me rodean y persiguen, puedo ir en medio de mis penas y de mis alegrías a refugiarme en el santuario, echarme a los pies del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, a los pies de quien ha muerto por mí. Encontraré las fuerzas, las luces, los consuelos y la paz. Enfermo voy al soberano médico de las almas; consumido por el hambre y la sed, voy a la fuente de la vida y mi corazón y mi boca se abran para saciarse; pobre, voy al Rey del cielo; y siempre este divino Rey me recibe y me acoge con una condescendiente misericordia, con paciencia, con inefable bondad. ¿Qué diferente es mi rey Soberano de los grandes de la tierra! (Ofrenda al Santísimo sacramento)

Tú eres mi fuerza y mi canción,
tú mi riqueza y mi porción.
¡Tú eres mi todo, oh Señor!

Tú eres la perla que encontré,
por darte todo yo opté.
¡Tú eres mi todo!

Cristo, Cordero, digno eres tú.

Veo mi pecado y mi dolor,
y tú me ofreces el perdón.
¡Tú eres mi todo, oh Señor!

De tu presencia tengo sed,
sólo tu rostro quiero ver.
¡Tú eres mi todo!