14 de mayo de 2026

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Evangelio del día

San Matías, apóstol

Jesús dijo a sus discípulos: Como el Padre me amó, así los he amado yo. Permanezcan en mi AMOR. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Durante su vida pública Jesús nos dijo muchísimas veces que «el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos», y que no hay un mandamiento mayor que éste (Mc 12, 29-31). La caridad es el centro de las bienaventuranzas y de toda su doctrina. En esto resume toda su enseñanza.

Y no sólo nos lo dijo con su predicación, sino que así nos lo demostró con sus obras: siempre amando, sirviendo, curando, perdonando, acercando a los hombres a Dios, predicando el amor con sus palabras y, sobre todo, con sus actitudes y comportamientos hacia todas las personas. «Pasó haciendo el bien«, así resumió san Pedro la vida del Señor (Hech 10,38). La caridad es el núcleo de la Buena Nueva, de todo el Evangelio.Éste es su gran mandamiento nuevo, el signo distintivo por el que todos reconocerían a sus discípulos (Jn 13, 34-35). Y es tan fundamental este precepto del amor al prójimo que ésta será la principal materia del juicio final: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». (Mt 25,40).

San Juan de la Cruz, comentando este pasaje, afirma con cierto aire de poesía:«En el atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor.» (Sergio Cordova)


La alegría que se experimenta haciendo el bien son los caramelos del buen Dios. Creo que se pueden comer con confianza, gustarlos, saborearlos, con tal de no olvidar la mano que los da. ¡Qué bondadoso es Aquél que los da!  (Memorial 6) 

Un nuevo día nos llama al encuentro;
en nuestra casa hay brazos abiertos.
Sonrisas atentas, latidos cercanos,
miradas fraternas: Dios Solo en los lazos.

Tenemos la huella de Juan María,
que nos invita a soñar,
y un mismo espíritu para servir y amar.

Su viento nos mueve a amar al hermano;
sirviendo a su modo, se enciende el milagro.
En cada paso forjamos caminos;
en pequeños gestos hay un fuego vivo.

Tenemos la huella de Juan María,
que nos invita a soñar,
y un mismo espíritu
para servir y amar.

Seguiremos a Jesús, viviendo como hermanos;
un pueblo que camina y escucha su llamado.


San Matías fue el discípulo elegido para ocupar el lugar de Judas entre los Doce Apóstoles después de la Resurrección de Jesús. Su historia aparece principalmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Cuando Judas murió, los apóstoles quisieron completar nuevamente el número de doce, símbolo de las doce tribus de Israel. Después de orar, echaron suertes entre dos discípulos: José Barsabás y Matías. La elección recayó sobre Matías, que fue incorporado al grupo apostólico.
La tradición cuenta que predicó el Evangelio en distintas regiones, posiblemente en Judea, Capadocia o Etiopía, aunque los datos históricos son escasos. Como muchos de los apóstoles, habría muerto mártir por su fidelidad a Cristo.
San Matías es recordado como un hombre humilde y perseverante, que pasó muchos años sirviendo silenciosamente antes de ser llamado a una misión más visible. Su vida enseña que Dios conoce y elige a quienes permanecen fieles, incluso cuando parecen ocultos.