14 de abril de 2026

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Evangelio del día

Martes de la 2ª semana de Pascua

Jesús dijo a Nicodemo: No te extrañes de que te haya dicho: Ustedes tienen que renacer de lo alto.
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.
¿Cómo es posible todo esto?, le volvió a preguntar Nicodemo.
Jesús le respondió: ¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?
Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

El evangelio de hoy nos trae la conversación de Jesús con Nicodemo, quien había oído hablar de las cosas que Jesús hacía, se había quedado impresionado y quería hablar con Jesús para poder entender mejor. Pensaba saber las cosas de Dios. Vivía con la libreta del pasado en la mano para ver si la novedad que Jesús anunciaba era conforme con lo antiguo.

En la conversación, Jesús dice a Nicodemo que la única manera que él, Nicodemo, tiene de entender las cosas de Dios es ¡nacer de nuevo!
Hay veces que somos como Nicodemo: aceptamos solamente aquello que concuerda con nuestras viejas ideas. La verdadera fe consiste en recibir a Jesús, en conocerlo y en ÉI conocer al Padre. La fe se ejercita en el amor, que guarda la Palabra y los mandamientos. Jesús juzga a los hombres con arreglo a esta actitud fundamental para con Él.

Que nuestra fe no sea meramente una fe teórica, sino eminentemente práctica en orden a la vida; que se manifieste en cada una de nuestras obras, en el cumplimiento de todos los mandamientos, que son la expresión de la voluntad de Dios.
La fe así vivida será la prueba de que hemos nacido de nuevo.


Si quieren saber si el camino que siguen es recto, si es seguro, examinen si es el mismo que recorrieron Jesucristo y los santos. Esta regla es inmutable; pues, tengan en cuenta que la obra de los hombres cambia con ellos, pero el Evangelio es obra de Dios, y es tan inmutable como su autor. (A los Hermanos)

Un hombre de noche
vino a Jesús,
buscando en su vida
la verdadera luz.
Tal vez no encontraba
en su corazón
la paz en su alma,
la verdadera paz de Dios.

Entonces Jesús
le dijo: «Nicodemo,
de cierto, hoy te digo,
que tienes que nacer de nuevo».

«Porque de tal manera amó
Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo
unigénito a morir,
para que todo aquél
que crea en Él
no se pierda,
mas tenga vida eterna».