4 de septiembre de 2026

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Evangelio del día

Viernes 22º durante el año



Los fariseos y los escribas le dijeron a Jesús: Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben.
Jesús les contestó: ¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar.
Les hizo además esta comparación: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
Tampoco se pone vino en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor.

La respuesta de Jesús a aquellos fariseos sorprende. Les viene a decir: Mientras que yo soy el novio de esta fiesta no cabe ayunar ni estar tristes. Lo cual significa que Jesús es la fiesta de esta vida. El que está con Jesús no puede estar triste. La tristeza sólo viene cuando Él se va.

Los cristianos tenemos una asignatura pendiente. Estamos acostumbrados a escuchar a Jesús, a trabajar por Jesús, a sufrir por Jesús, pero no nos han enseñado a disfrutar de la vida con Jesús. Jesús ha venido “para que tengamos vida y vida en abundancia” (Juan 10,10). En este mundo nos acostumbramos a tener vida, a vivir sin grandes pretensiones, a no pedirle demasiado a la vida; pero con Jesús podemos soñar con una vida plena, libre de todo lo que nos estorba, de todo lo que nos ata, de manera que nuestro corazón se quede libre para amar.

Los fariseos estaban atados a la ley, a las costumbres, a las tradiciones. Con Jesús llega lo nuevo, el vino nuevo que rompe los odres ya viejos y agrietados del pueblo judío. Vivir con Jesús es como “respirar el aire fresco y puro de la montaña”.


Vive de la confianza y del amor; la alegría es para el alma, un tesoro inagotable de santidad. (Memorial 16)

Mira como aclara en la cordillera,
como florece el resplandor del sol,
como la fría mañana se entibia,
como Dios nos da un día más de amor.
Y su luz recorre campos y florestas
abarcando hasta en el último rincón,
penetrando por tinieblas, dando vida
y jamás detiene su calor.

Y aclaró en el último rincón de mi pieza.
Aclaró en el último rincón de mi corazón.
Aclaró la eterna oscuridad del camino.
Aclaró, un día más de vida nos ofrece Dios.

Y de nuevo despertamos a la vida,
a entregarnos por entero a la razón.
Si pudiera detener esta rutina
y dar gracias por que existo hoy,
cambiaría, como todo cambiaría
por completo nuestra posición
de egoísmos y de falsas apariencias.
Cambiaría nuestro falso amor.

Y aclaró en el último rincón de mi pieza.
Aclaró en el último rincón de mi corazón.
Aclaró la eterna oscuridad del camino.
Aclaró, un día más de vida nos ofrece Dios.