Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor!Él les respondió: Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes!Luego dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.Tomas respondió: ¡Señor mío y Dios mío!Jesús le dijo: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!
Señor, reconozco que dentro de mí hay un ‘Tomás incrédulo’. Me cuesta creer que Tú estás vivo en los acontecimientos de mi vida, en la vida normal y sencilla de cada día. Como Tomás pido señales para creer. Me gustaría convivir con el Cristo histórico, al que se lo podía ver, oir, palpar. Veo que necesito fe y vengo aquí a pedírtela. Dame fe para creer “sin haber visto”.Tomás, uno de los doce, no estaba con ellos. No se trataba de un grupo cualquiera, sino el grupo elegido por el Señor para continuar con las doce tribus de Israel, se trataba del Nuevo Pueblo de Dios. Y en esta comunidad no puede faltar ningúno del grupo. Dios nos ha querido salvar “como pueblo”. Ahí, en medio del pueblo, se hace presente el Señor Resucitado. Jesús no se apareció a Tomás a solas, sino cuando estaba con el grupo. Y ¿qué hubiera pasado de Tomás si Jesús no se le hubiera aparecido con el grupo? Los demás estaban felices después de la experiencia con Jesús. Él se hubiera visto desplazado y hubiera acabado abandonando el grupo. Dos cosas importantes: No se puede ser cristiano sin una experiencia viva con Jesús Resucitado. Los cristianos que viven así son una rémora para la comunidad. Y segundo: La experiencia pascual, por voluntad del Señor, se hace dentro de la comunidad. Lamentablemente, hoy abundan los cristianos “por libre”. Dicen: Yo me las entiendo a solas con DIOS. No necesito ir a Misa ni a ningún grupo. ¿Qué decir? Eso no es lo que ha querido Jesús.Gracias, Señor, porque la incredulidad de Tomás me ha servido como estímulo para la verdadera fe.Yo no quiero formar grupo de aquellos cristianos que sólo te quieren “para esta vida”. No aceptan una vida maravillosa después de la muerte. Yo no quiero vivir así. Quiero fiarme de Ti, de tus palabras. Quiero ser feliz porque Tú quieres que yo lo sea, ser feliz porque has ido por delante preparando el camino y quieres que “yo esté contigo allá donde Tú estás”. ¡Gracias, Señor!
Sé un hombre de fe y todos los pensamientos que te agitan tan penosamente desaparecerán, gozarás de paz y te afianzarás cada vez más en tu santa vocación” (Carta al H. Edmond-Marie, 9 mayo 1853)
Creo en ti, te lo vuelvo a decir,ante mi evidente debilidad.Aquí estoy, Jesús, me abandono en ti.Cierta estoy de tu fuerza y tu bondad.Creo en ti, porque es riesgo creery es certeza de lo que nadie ve.Aquí estoy, Señor, vuelvo a echar mi reden tu misterioso mar sin final.Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor,pues me dejo llevar por tu fiel voluntad.Por tu gracia yo caminaré.Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor.A mi fragilidad tú le dices:“Mi gracia te bastará”.Creo en ti, te lo dice mi fe,la seguridad que me da tu amor.Esto soy, mi Dios, alguien que al buscarva encontrando en ti la felicidad.Creo en ti, creeré una vez más,cuando me visite el dolor.Podré descansar en tu inmenso amory morir con los brazos en tu cruz.