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Evangelio del día

San Juan Bautista de Rossi

Jesús dijo a Pedro: Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejos, extenderás tus brazos y otro te atará y te llevará donde no quieras. De esta manera indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios.
Y después de hablar así, le dijo: Sígueme.
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: Señor, ¿y qué será de este?
Jesús le respondió: Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? ¡Tú, sígueme!
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: “El no morirá”, sino: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?”
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían
.

Este diálogo final explica por qué el autor del IV evangelio añadió el capítulo 21 a la primera redacción del texto. El “discípulo amado”, autor de este evangelio, no iba a vivir hasta la venida definitiva del Señor. Pero, ¿Qué hay detrás de este incidente, a primera vista, sin importancia?

El grupo de los escritos que forman parte de IV evangelio y las tres cartas, cuya autoría se atribuye a “Juan”, Pedro ocupa un lugar eminente. Pero también es verdad que el IV evangelio se caracteriza por la mención a un personaje particular de quien no puede afirmase que perteneciera al grupo de los Doce. Se le designa en dos pasajes como “el otro discípulo y seis veces como “el discípulo a quien Jesús amaba”.

Reconociendo la singularidad de Pedro en la comunidad de los creyentes y el servicio de “pastoreo” (que implica la “estructura jerárquica”) que Jesús le encomendó, “el discípulo amado” nos indica que existe “otra” manera de ser discípulo, que es la de ser especialmente amado por Jesús. En todo caso, la teología del IV evangelio y las cartas de Juan indican que la comunidad de Jesús es un tejido de relaciones de amor entre creyentes, sin que haya nada que decir de cómo se organiza cada comunidad. Para quienes viven esta “otra” manera de ser discípulo de Jesús, la organización se basa exclusivamente en el servicio mutuo (X. León – Dufour).


Sigue muy firme en tu vocación y no escuches los consejos de los que tratan de desviarte de ella: no basta con haber comenzado bien, hay que perseverar hasta el fin para obtener la corona. Ruega a la Santísima Virgen, pídele mucho desde el fondo del alma, que muestre hoy más que nunca que es tu buena madre, preservándote de toda inconstancia. (Al H. Eleazar, 25 de julio de 1848)

En la playa, te encontré, Jesús,
después de la oscuridad de mi no.
La misma playa, Señor,
en que un día, me llamaste a vivir junto a Ti.

Me invitaste a sentar y a comer.
Yo no podía creer que eras Tú.
Con tu mirada, ofreciendo el perdón,
me preguntaste:

¿Me amas más que a ti mismo?
¿Me quieres más que el mundo?
¿Me amas más que a tu vida?

Señor, tú lo sabes todo,
sabes que te quiero.
Toda mi vida entrego.
Hoy mismo me consagro
todo a Ti, Señor,
Tú lo sabes todo, sabes que Te quiero.

Tu misericordia venció mi temor.
Tu mano me rescato.
Y siempre que duermo
me despiertas otra vez,
me vuelvas a preguntar:

¿Me amas más que a ti mismo?
¿Me quieres más que el mundo?
¿Me amas más que a tu vida?

Señor, tú lo sabes todo…


San Juan Bautista de Rossi nació en Voltaggio, Italia, en 1698. Desde joven mostró una gran sensibilidad religiosa y un profundo amor por los pobres. Estudió en Roma gracias a la ayuda de un primo sacerdote, pero durante su formación sufrió problemas de salud, especialmente epilepsia, que lo acompañaron toda su vida.
Fue ordenado sacerdote en 1721 y dedicó su ministerio especialmente a las personas más olvidadas: enfermos, pobres, presos, personas sin hogar y trabajadores humildes. Pasaba largas horas confesando y acompañando espiritualmente a quienes acudían a él buscando consuelo.
Trabajó mucho en hospitales de Roma, atendiendo con gran caridad a los enfermos y abandonados. También ayudó a las jóvenes en peligro y colaboró en la formación cristiana de niños y obreros. Era conocido por su paciencia, humildad y cercanía con la gente sencilla.
Aunque tenía una salud frágil, nunca dejó de servir. Su vida fue un ejemplo de misericordia y entrega silenciosa. Murió en Roma el 23 de mayo de 1764. Fue canonizado por el Papa León XIII en 1881.