Les dijo Jesús: No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano, deja que te saque la paja de tu ojo, si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.
“Todos queremos que en el Juicio Final el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida.Pero si tú juzgas continuamente a los otros, con la misma medida serás juzgado.Mírate en el espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, ese no es el consejo. Mírate al espejo para ver cómo eres.¿Por qué miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo?¿Y cómo nos califica el Señor cuando hacemos esto?Una sola palabra: hipócrita, quita antes la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la brizna del ojo de tu hermano.Parece que el Señor se enfada un poco aquí y llama hipócrita a aquel que se pone “en el lugar de Dios”.Se trata de algo que quiere el demonio, como ya hizo con Adán y Eva, “ponerse en el lugar de Dios”.Por eso es tan feo juzgar.¡El juicio sólo es de Dios, sólo es suyo!A nosotros nos corresponde el amor, la comprensión, rezar por los otros cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘mira, yo veo esto y quizás…’Pero nunca juzgar. Nunca. Esto es hipocresía.Cuando juzgamos nos ponemos en el puesto de Dios, pero nuestro juicio es un pobre juicio; nunca puede ser verdadero, porque a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia”. (Papa Francisco)
¿Qué persona consentiría, salvo algunas excepciones, que los otros juzgasen de ella según ellos mismos, quiero decir, según lo que se imaginan que habrían dicho o hecho en su lugar? Sé pues justo, y nunca pongas a los otros en tu lugar cuando te permitas juzgarlos; tus ideas no son las suyas; lo que tú ves, ellos no lo ven. Es muy posible que ellos actúen sin culpa mientras que tú hubieras hecho el mal.
Cuentan que hace más de dos mil añoslas ovejas del rebaño iban tristes por la vida, lejos de un pastor que las guiara;sus corazones llevaban tanta herida que sanarFue allí que Dios, rico en misericordia,nos manifestó su Gloria,desde el vientre de Maríarevelándonos su amor de Padre,en el Verbo hecho carne.¡Qué alegría! En verdadY en un abrazo misericordioso nos unió,nos devolvió la dignidad perdida.Buscó la oveja, que del fiel rebaño se alejó,sanó su herida y la rescató (2)Con mirarlo uno veía al Padre.Su ternura era el mensaje,su actitud la cercanía.Nos llenaba de besos y de abrazosy buscaba a cada paso darnos vida y libertad.Misericordiosos como el Padrenos pedía que seamos frente a tanta hipocresía.No juzgar para no ser juzgados,ver en el otro a un hermanocon heridas que sanar.Jesucristo estás a nuestro ladoy nos pides que veamostanta dignidad perdida,tantos gritos y tantas miradas,tanta gente postergaday excluida de verdad.Enséñanos a estrechar sus manos,para que juntos sintamostu grata presencia amiga,y esa caridad que nos obligaa ser signos de alegría y de solidaridad.