Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.Algunos fariseos les dijeron:¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?Jesús les respondió: ¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros? Después les dijo: El hijo del hombre es dueño del sábado.
Este episodio se encuentra en los tres sinópticos (Mc2,13-27; Mt 12,1-7). Lo que indica la importancia que tuvo ya desde las primeras comunidades cristianas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el texto de Mc 2,27, que no quedó recogido por Mateo ni Lucas. Marcos dice: “el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Esta sentencia, que los más entendidos nos dicen que viene del mismo Jesús, probablemente fue suprimida pronto por causa del cambio que, ya entonces, se estaba produciendo en la cristología, en el sentido de que el Jesús humano comenzaba a tener menos presencia en comparación con Cristo resucitado, que es el centro de la teología sobre Jesucristo. (F. Bovon)¿Qué importancia tiene este asunto? La cosa es muy sencilla. Los discípulos de Jesús, al arrancar las espigas y frotarlas para comérselas, dado que eso lo hicieron en un sábado, por eso desobedecieron a los maestros de la ley, a cuyas enseñanzas había que someterse estrictamente. Eso, para los judíos observantes, era y sigue siendo una falta muy grave. El problema que allí se plateaba era si lo primero, para Dios, es que el ser humanos se quite el hambre o se someta a la voluntad de los teólogos (maestros de la ley). Ante esta disyuntiva, la respuesta de Jesús es muy clara: lo primero que quiere Dios es que el hombre no pase hambre. Por muy sábado que sea, antes que la “norma religiosa” está la “necesidad humana”. Y por eso Jesús relata lo que hizo el rey David y sus acompañantes cuando se comieron el pan que solo podían tocar los sacerdotes (1Sam 21,1-6).Lo importante, en todo este problema, está en que la “mentalidad sumisa” del hombre religioso se adueña de la cultura y de las costumbres en alimentación, vestimentas, uso del tiempo, privación de cosas que nadie sabe para qué sirven ni porqué se manda o se prohíben. En el fondo, el problema está en lo dicho: mantener a raya la “mentalidad sumisa”, que es el medio indispensable para perpetuar el poder de la religión. Un poder que, si se analiza a fondo, pronto se advierte de que se trata de una fuerza íntima que se impone sobre la conciencia, el santuario de la intimidad donde nadie más que la religión puede mandar. Y esto es lo más delicado. Y lo más peligroso. Porque de esta fuerza nacen los desequilibrios, las patologías, los trastornos del espíritu y, sobre todo, los sufrimientos indecibles que atormentan a tantas personas, los pacientes de psiquiatras y los enfermos de hospitales psiquiátricos. Dios no quiere eso.
Decisión ilegal, porque es contraria al derecho; decisión injusta…; decisión no menos absurda que odiosa.” (sobre una ley de educación)
No pongais la ley del sábadopor encima del ser humano.La ley fue hecha para el hombrey no el hombre para la ley.No pongais más cargas, cual fariseo,que cumple y no ama.Sólo la ley del amor,que se hace servicio, dice el Señor.Sólo el amor.No pongais la ley y el sábadopor encima del ser humano.