Los discípulos le dijeron a Jesús: Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios.Jesús les respondió: ¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo.Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.
En el Evangelio de Juan, las palabras y las preguntas de los discípulos no son sólo de los discípulos, sino que en ellas afloran también las preguntas y los problemas de las primeras comunidades. Son espejos, en los que las comunidades, tanto las de aquel tiempo como las de hoy, se reconocen con sus tristezas y angustias, con sus alegrías y esperanzas. Encuentran luz y fuerza en las respuestas de Jesús.La ausencia de Jesús (acabamos de celebrar su Ascensión al cielo) seguramente desarmó a los Apóstoles. Tendrían que aprender a vivir sin Jesús, pero, por otra parte, estimula nuestro deseo de verlo de nuevo. Y ese deseo nos ayuda a crecer en la fe.Tal vez hoy, podemos tener la sensación de que el mundo de la fe en Cristo se debilita. Hay muchas noticias que van en contra de la fortaleza que querríamos recibir de la vida fundamentada íntegramente en el Evangelio. Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza: “¡Ánimo!, yo he vencido al mundo”, es decir, por su Pasión, Muerte y Resurrección ha alcanzado la vida eterna, aquélla que no tiene obstáculos, aquélla que no tiene límite, porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades. (Boosco)
Si la forma de actuar del Soberano hacedor de las cosas nos deja atónitos, es porque por ahora sólo vemos una parte de su plan, y que aquí abajo sólo podemos conocer de una manera imperfecta las razones que lo llevan a actuar así. Cuando entremos en el santuario de su providencia, y veamos, según la expresión del profeta, la luz en la luz, entonces, iniciados en los profundos misterios de su gobierno y sus leyes, percibiremos claramente las causas de tantos acontecimientos que nos asombran y nos confunden. Entonces el origen del mal físico y moral ya no será un problema, y conoceremos claramente la sabiduría de los consejos de Dios y la justicia de sus mandatos”. (Respuesta a las principales objeciones de los ateos)
Yo he pasado por el fuegoy tú estuviste allí.aunque el mundo me fallóTú nunca te fuiste de mí.Tu amor no se cansa,tu gracia me alcanzó;aun cuando dudé,me perdonaste, Señor.¡Oh, Jesús! Mi roca y salvación.¡Oh, Señor! Mi eterna canción.Nunca me dejarás,siempre me amarás.Tu mano me sostieneen cada temporal.Cuando el alma se quebrótú viniste a restaurar.Y hoy puedo cantarde tu fidelidad.Tú eres mi escudo, mi fiel protector.En ti confío,mi amado Señor.