10 de mayo de 2026

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Evangelio del día

6º Domingo de Pascua


Hoy rezan por las vocaciones
Cuca Lomellí y su hijo Rodo
La fraternidad no es un ideal: los Hermanos la hacen realidad cada día.

Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.

El evangelio que acabamos de leer es continuación del que leímos la semana pasada. Jesús sigue tratando de preparar a los discípulos para afrontar la separación que se va a producir. Es una teología de la presencia de Jesús en la primera comunidad, que Juan escenifica y pone en boca de Jesús.
Juan trata de hacer ver a los cristianos de finales del siglo primero, que no estaban en inferioridad de condiciones en relación a los que habían convivido con Jesús.

‘Si me aman, cumplirán mis mandamientos’. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios.
Los mandamientos pierden su carácter de imposición; son exigencia interna del amor. No se trata de una obediencia a normas externas, sino manifestación de un impulso interior. Si conserva el nombre de ‘mandamientos’ es para oponerlos a la ‘Ley’.

Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de relacionarse con los que le aman, que será mucho más cercana y efectiva, que su presencia física durante su vida terrena.

El Paraklêtos es el que ayuda en cualquier circunstancia; el abogado, el defensor cuando se trata de un juicio. De hecho, el Paraklétos, tiene un doble papel: a) mantener vivo e interpretar el mensaje de Jesús y b) dar seguridad y guiar a los discípulos en su lucha en el mundo.
El Espíritu será otro Paracleto, otro defensor. Mientras Jesús estaba con ellos, era él mismo quien les enseñaba y defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu, el Paracleto.

En Jn 14,2 Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el ‘hogar’ del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir en el discípulo. Jesús ascenderá al Padre, para bajar con él, su Padre y nuestro Padre, a vivir en cada uno.

En el Antiguo Testamento la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo; ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios.
La presencia del Dios trinitario se experimenta como cercanía interior, aunque no sólo, pues el amor manifestado hará visible esa presencia. 
Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente yo, y totalmente de Dios. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud de la persona. En esto consiste todo el mensaje de Jesús. Descubrir y vivir esa presencia es nuestra tarea como cristianos, es decir, como seguidores de Cristo. Es también el objetivo de la persona, porque todos estamos llamados a alcanzar esa misma meta.

Jesús y los suyos:
Los sigue cuidando como un padre, incluso les promete otro paracleto para que no se sientan huérfanos e incluso llega a decirles que en ellos morará la Trinidad, serán templos de Dios. No es un Dios que se va, sino que viene, no es un Dios que se aleja, sino que nos habita. ¿Vivo así la relación con él?


El Espíritu Santo que se hace sentir en el fondo de sus corazones con una fuerza particular en estos días de gracia y de recogimiento, les inspira estrechar los lazos dichosos que ya los unen a Jesucristo y renovar la promesa que le han hecho de tomarlo como su herencia y su cáliz» (Sermones VIII  p. 2368)

Ven, Espíritu de Dios,
inúndame de amor,
ayúdame a seguir.
Ven y dame tu calor,
quema mi corazón,
enséñame a servir.

Ven, Espíritu de Dios,
ven a mi ser, ven a mi vida.
Ven, Espíritu de Amor,
ven a morar, Maranathá!

Hoy la vida que me das,
te invoca en mi dolor,
y clama: Ven Señor.
Ven y cambia mi existir,
transforma mi penar
en glorias hacia Ti.