Llegaron unos fariseos, que comenzaron a discutir con él y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: ¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo.Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla.
Nuevamente los fariseos provocan a Jesús. Lo quieren poner a prueba. Le piden un signo. Un signo que certifique… ¿que certifique qué?… lo que ellos pensaban seguramente y no lo que Dios quería comunicarles. Estaban cerrados en su concepción de Dios y de la Ley. No podían ver a Dios en Jesús.los fariseos se acercan a Jesús no para buscar la verdad, sino para ponerlo a prueba. Le piden un signo. Pero no un signo para creer, sino un signo que confirme lo que ya habían decidido pensar, que se ajustara a su esquema de Dios: un Dios previsible, controlable, encuadrado en sus interpretaciones de la Ley. Un Dios que respondiera a sus criterios, no un Dios que los desbordara. Aquí está el drama espiritual: cuando el corazón está cerrado, ningún signo es suficiente.Jesús era el signo. Sus palabras, sus gestos, su compasión, su libertad frente a la Ley, su cercanía con los pobres… todo hablaba de Dios. Pero ellos no podían verlo porque estaban aferrados a su propia imagen de Dios. Y cuando uno absolutiza su propia idea, deja de estar disponible para la novedad del Espíritu.Esta escena nos interpela directamente. También nosotros podemos pedir “signos”: Una prueba clara antes de comprometernos, una seguridad antes de confiar, una evidencia antes de creer. El problema no es la falta de signos, sino la falta de apertura.Dios no siempre se manifiesta como esperamos. No confirma necesariamente nuestras categorías. Nos sorprende, nos descentra, nos invita a ampliar el corazón. Si queremos que Dios se adapte a nuestras seguridades, corremos el riesgo de no reconocerlo cuando pasa por nuestra vida.El texto nos invita a preguntarnos:¿Estoy realmente abierto a la acción de Dios o solo busco que confirme mis ideas?¿Dejo que el Evangelio me cuestione o lo utilizo para reforzar lo que ya pienso?¿Reconozco a Dios en lo pequeño, en lo sencillo, en lo inesperado?Los fariseos estaban frente al Signo más grande y no lo vieron. No porque faltaran milagros, sino porque faltaba disponibilidad interior. La fe verdadera no nace de pruebas espectaculares, sino de un corazón humilde que se deja sorprender.Que el Señor nos conceda un corazón libre, capaz de reconocer su presencia aun cuando no responda a nuestros esquemas. Porque muchas veces el verdadero signo no es algo que Dios hace… sino Dios mismo que pasa.
Mantengamos nuestra mirada fija en las manos de nuestro Maestro, para obedecer al más ligero signo que nos haga, para dejarnos dirigir, llevar de su mano, como esos niños pequeños que no saben más que someterse, humillarse, dejarse conducir. (A las Hnas de la Providencia)
Jesús está entre nosotros,Él vive hoy y su espíritu a todos da.Jesús, razón de nuestra vida,es el Señor, nos reúne en pueblo de amor.Cambia nuestras vidas con tu fuerza,guárdanos por siempre en tu presencia.Tú eres verdad, Tú eres la paz.Rompe las cadenas que nos atan.Llénanos de gracia en tu palabra.Gracias, Señor, gracias, Salvador.Nuestras existencias hoy te alaban.Nuestros corazones te dan gracias.Tú eres amor, eres canción.