1 de septiembre de 2026

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Evangelio del día

Martes 22º durante el año



Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.
Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro. Éste comenzó a gritar con fuerza: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.
Pero Jesús lo increpó, diciendo: Cállate y sal de este hombre.
El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos sin hacerle ningún daño.
El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: ¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

 Jesús enseña en la sinagoga de Cafarnaún, una aldea bañada por las aguas del lago de Genesaret. Se le presenta un hombre con un demonio impuro. De su boca sale una gran voz: «¡Déjanos!, ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!»

Jesús no responde a las preguntas del demonio. No dialoga con él. Con plena autoridad, lo manda callar y salir de aquel hombre. Y el demonio obedece y sale sin hacer daño alguno.

El texto nos presenta la reacción de la gente frente a la autoridad de Jesús. Una autoridad hecha de coherencia y de novedad. Una autoridad que se ejerce en el servicio y tiene poder para destruir todo lo que daña al ser humano. Una autoridad que refleja toda la hondura de su vida y su doctrina en que muestra el verdadero sentido de la liberación humana. 

Muchas veces la palabra de Jesús provoca reacciones de oposición. Su buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos.
¿Cuál es mi reacción frente al actuar de Jesús? 


Hijos míos, tienen que librar grandes combates en estos días malos; el demonio que el santo evangelio llama el espíritu fuerte desatado, se ha desencadenado contra ustedes… ¿Cómo triunfarán en esta guerra?… Es nuestra fe la que vencerá al mundo; ahora bien, nuestra fe es conocer sólo a Jesucristo y a Jesucristo crucificado. (S.VII. p.2294)

Quiero vivir la vida.
Que sepa gozar de todo.
Que no me venda a la falsa diversión.
Que busque la felicidad en mi interior.
Que busque la felicidad.

Quiero apostar por grandes ideales.
Que sepa que mi vida vale mucho más,
mucho más.
Que no me venda a la mediocridad.
Que busque servir y amar,
servir y amar.

Quiero acertar en mis elecciones:
Que sepa distinguir el bien y el mal.
Que no me venda a ser como los demás.
Que busque lo que vale la pena,
lo que vale la pena.

Quiero ser libre,
que sepa esclavizarme por amor.
Que no me venda al capricho ni a la pasión.
Que busque la libertad interior en ti, en ti.

Quiero apostar por grandes ideales.
Que sepa que mi vida vale mucho más,
mucho más.
Que no me venda a la mediocridad.
Que busque servir y amar, servir y amar.