2 de junio de 2026

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Evangelio del día

Santos Marcelino y Pedro

Les enviaron a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?
Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario.
Cuando se lo mostraron, preguntó: ¿De quién es esta figura y esta inscripción?
Respondieron: Del César.
Entonces Jesús les dijo: Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.
Y todos se maravillaban de él por la respuesta.

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús respondiendo a la pregunta malintencionada de los fariseos y herodianos. Estos dos grupos estaban enfrentados, unos estaban en contra del poder romano y los otros eran afines a las autoridades del imperio, pero en esta ocasión se unen para hacer caer a Jesús en una trampa. Dice el evangelio que queriendo sorprenderlo le dijeron: ¿está permitido pagar el impuesto al César o no?

Si Jesús respondía que sí, se ponía en contra de su pueblo, si respondía que no, se ponía en contra del poder romano. Jesús sabiendo que le ponían una trampa, respondió: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Jesús había contestado a ambos grupos. Había denunciado la falsedad de los fariseos y les había dicho que no debían rehusar pagar sus tributos al César. Pero al mismo tiempo, había condenado también la superficialidad de los herodianos que no daban a Dios lo que le pertenecía.

Al final todos “se maravillaban de él”, lo que no quiere decir que estuvieran dispuestos a seguir la ruta marcada por su enseñanza. ¡Qué nosotros no nos quedemos sólo impresionados por la sabiduría demostrada por el Señor en su contestación, sino que pongamos por obra todo lo que él nos enseña!


Estos misterios que enamoran un corazón puro, son rechazados con desdén por espíritus cuyas pasiones ciegan y corrompen. ¿Cuál es el secreto de su incredulidad? No quieren comprender, tienen miedo a la verdad. (Sermón sobre la Navidad)

Sé fiel a la verdad,
sigue a tu corazón.
No te dejes llevar.
Busca a tu vida razón.

Siente la alegría de vivir
según la voz de tu alma.
Y no dejes de pensar
que es Dios el que te habla.
Mas no cambies su voz
por tus palabras.

Hoy no hay sinceridad,
busco mi propio yo;
sigo siempre mi verdad:
Es la mía, no de Dios.

Quiero comprender
que la verdad está en el Evangelio.
Y he de darme a los demás.
Amar será mi sello,
y perder mi identidad y ser de ellos.


Los santos Marcelino y Pedro fueron dos mártires de la Iglesia primitiva, venerados desde los primeros siglos del cristianismo.
San Marcelino era sacerdote en Roma, mientras que San Pedro ejercía el ministerio de exorcista. Durante la persecución del emperador Diocleciano, a comienzos del siglo IV, ambos fueron arrestados por su fe. Incluso en la cárcel continuaron anunciando el Evangelio y lograron numerosas conversiones. La tradición cuenta que Pedro liberó de un espíritu maligno a la hija de un carcelero llamado Artemio, lo que llevó a toda la familia a abrazar el cristianismo.
Ante su negativa a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, fueron condenados a muerte. Para evitar que los cristianos veneraran sus tumbas, fueron llevados en secreto a un bosque, obligados a cavar su propia sepultura y luego decapitados. Sin embargo, el lugar de su entierro fue revelado posteriormente y sus cuerpos fueron trasladados a una catacumba de la Vía Labicana, en Roma.
Su culto se difundió rápidamente. El emperador Constantino I mandó construir una basílica sobre su tumba, y sus nombres fueron incluidos en el Canon Romano de la Misa, signo de la gran veneración que la Iglesia les tuvo desde antiguo.