17 de abril de 2026

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Evangelio del día

Santa Catalina Tekakwitha

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.
Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?
Jesús le respondió: Háganlos sentar. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Hoy, Señor, quiero aprender de Ti, tu piedad con los que pasan hambre. No puedes pasar por las miserias y sufrimientos de los hombres sin compadecerte. Tienes un corazón bondadoso y deseas que todos tengan lo necesario para comer, para vestir, para cubrir las necesidades elementales.
Dame a mí esas mismas actitudes para que sufra en carne viva los sufrimientos de mis hermanos y haga lo que esté de mi parte para remediarlos.

«El Señor tuvo compasión de la cantidad de gente que había ido a escucharlo, porque eran ovejas sin pastor, desorientadas. Y hoy mucha gente está desorientada en nuestras ciudades, en nuestros países. Por eso, Jesús les enseña la doctrina y la gente lo escucha.
Cuando luego se hace tarde y pide que les den de comer, sin embargo, los discípulos responden un poco nerviosos. Una vez más Dios ha llegado primero, los discípulos no habían entendido nada: Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende. …Para ir a Dios que es amor, debemos subir por el escalón del amor al prójimo, por las obras de caridad, por las obras de misericordia, que el Señor nos ha enseñado.
Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerlo por el camino del amor». (Papa Francisco, 8 de enero de 2015)

Señor, hoy quiero darte gracias por el tesoro del Evangelio. En él están encerradas las más bellas enseñanzas para acertar en la vida. El evangelio nos habla del Padre, del amor, del compartir, de ser felices haciendo felices a los demás.
¿Cómo es posible que teniendo tu evangelio tan maravilloso, hayamos avanzado tan poco a la hora de ponerlo en práctica? Tal vez hemos olvidado esas palabras tuyas después del lavatorio de los pies: ”Y sabiendo como saben estas cosas, serán felices si las cumplen” (Jn. 13,17)


Cuando echo una mirada sobre estos alumnos reunidos por la Providencia, cuando considero las inmensas necesidades de esta gran diócesis, y las comparo con sus recursos, mi corazón se conmueve y se rompe y estoy tentado de decir a Jesucristo como sus apóstoles en una circunstancia parecida. ¿Qué es este pequeño número, para hacer de nuevo fértiles y además en poco tiempo, tantas tierras no cultivadas, tantos campos cubiertos de espinas, donde el hombre enemigo ha sembrado ya su cizaña? Por otra parte ¡cuántas pérdidas nuevas tendremos antes que los obreros que formamos ahora puedan trabajar en esta viña desolada, abierta a todos los viandantes, que la saquean y la pisotean! (Sermón para la apertura de la escuela eclesiástica de Treguier. 22-03-1816) 

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
cinco panes y dos peces.
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
un corazón dispuesto a dar
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel.
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Toma este corazón.
Toma cuanto tengo y cuanto soy.
Toma mi pasado, mi presente y mi futuro.
¡Todo cuanto tengo tómalo!

Mi corazón tomaste,
mis panes bendijiste;
a la gente repartiste,
y a todos alcanzó.
Mi vida está en tus manos
y quieres repartirla
como hiciste con mis panes
aquel día, ¡Oh Señor!

Aquí están mis palabras,
aquí están mis acciones,
aquí están mis ilusiones
Mas, ¿qué es eso sin tu amor, Señor?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Aquí está este corazón,
con mis panes y mis peces.
Toma todo y repártelo, Señor.

Aquí hay un muchacho…


Santa CATALINA TEKAKWITHA (1656–1680) fue una joven indígena mohawk nacida en lo que hoy es Nueva York. Es conocida como el “Lirio de los Mohawks” por su pureza y su profunda vida espiritual.
Quedó huérfana a los 4 años a causa de una epidemia de viruela, que a ella le dejó secuelas físicas y la vista debilitada. A los 19 años, tras conocer a misioneros jesuitas, se convirtió al cristianismo y fue bautizada con el nombre de Catalina. Desde entonces vivió una vida de intensa oración, amor a la Eucaristía y gran sacrificio personal. Sufrió rechazo y persecución por parte de su propia tribu debido a su fe.
Buscando vivir su vocación con mayor libertad, huyó a una misión cristiana cerca de Montreal, donde llevó una vida de profunda entrega a Dios, destacándose por su caridad, humildad y espíritu de penitencia.
Murió a los 24 años. Fue canonizada en 2012 por Papa Benedicto XVI.