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Evangelio del día

Santo Domingo de la Calzada

Jesús dijo a sus discípulos: Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ¿A dónde vas? Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido.
Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes.  Pero si me voy, se los enviaré.
Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

Jesús ha cumplido su misión, nos ha devuelto la vida y la vida en abundancia. Para eso había venido. Ahora volverá con su Padre. Y comenzará el tiempo de la acción del Espíritu Santo.

Es algo lindo de aprender. Cada uno tiene su tiempo, cada uno una misión. No nos toca hacerlo todo, hay que aprender a dar un paso al costado para que los demás puedan hacer lo suyo. 
Jesús lo enseña con su vida y con su testimonio.

A nosotros nos cuesta un poco más, quizá. Muchas veces sentimos que si las cosas no las hacemos nosotros o si los demás no las hacen como las haríamos nosotros, no van a funcionar. 

Dios es diverso en sus personas y en la misión de cada una. Nosotros también. No todo tiene que depender de mí, no todo tiene que pasar por mí, no soy el único que puede hacer todas las cosas. Tengo una misión y tengo un tiempo. Lo demás es misión y tiempo de otros. 

Es de corazones humildes y sencillos saber reconocer esto. Así es el corazón de Jesús, estamos invitados hacer de nuestro corazón uno semejante al suyo. 


Ignoro, como tú, cuáles son los designios de Dios sobre nuestra congregación; pero sé que para que él la bendiga y se perpetúe, es necesario que todos estén animados por el espíritu de fe, humildad, de sencillez y de obediencia. Es lo que no dejo de pedirle para cada uno de ustedes. (al Hno. Julien Kerdavid, 1844)

Ven Espíritu de Dios sobre mí.
Me abro a tu presencia.
Cambiarás mi corazón.

Toca mi debilidad,
toma todo lo que soy.
Pongo mi vida en tus manos
y mi fe.

Poco a poco llegarás
a inundarme de tu luz.
Tú cambiaras mi pasado.
Cantaré.


Santo Domingo de la Calzada (1019-1109) fue un religioso burgalés que se dedicó a la vida contemplativa, hasta que su obispo lo tomó como asistente y lo ordenó sacerdote. Dedicó gran parte de su vida a facilitar el camino a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, construyendo una calzada nueva y puentes. Construyó también un albergue para los peregrinos, lo que con el tiempo se convirtió en la localidad y el municipio que llevan su nombre y donde se encuentra una comunidad educativa menesiana.