15 de agosto de 2026

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Evangelio del día

Asunción de la Virgen María – Virgen de Urkupiña

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.
María dijo entonces: Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. 
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Ni en el Nuevo Testamento ni en los primeros siglos de la vida de la Iglesia hay testimonios sobre la Asunción de María a los cielos. Los primeros datos que se conocen sobre la fiesta litúrgica de la Asunción datan del s. VI. La creencia sobre la Asunción de María se fue imponiendo en la Edad Media. El Papa Pío XII definió esta creencia, como dogma de fe, en 1950, tras una consulta al Episcopado del mundo entero, que afirmó la de la Iglesia en la Asunción de María.

El contenido de esta festividad es la creencia en que María, la madre de Jesús, “terminado el curso de su vida mortal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial” (Pío XII). Lo más lógico es que María murió. El contenido del dogma católico se centra en la creencia de que María vive glorificada, también en su corporalidad, con el Señor.

Dado que la fe en la vida después de la muerte transciende la historia, esta festividad es una ocasión privilegiada para que la memoria de lo que fue la vida de María en este mundo sirva para fortalecer nuestras convicciones cristianas.

María fue una mujer de fe, como dice Isabel en el evangelio de hoy. Y esa fe le llevó al convencimiento de que Dios actúa en la historia destronando a los soberbios y poderosos, al tiempo que enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Así vivía la madre de Jesús, María, la fe que le llevó a educar a su hijo según los criterios que, en su ministerio público, transmitió a la gente. Si Jesús mostró en su vida la preferencia y la sensibilidad que siempre tuvo para con los más humildes, los pobres y desamparados de este mundo, eso lo aprendió de su madre, que lo educó en estos criterios y le inculcó estas convicciones.


María Santísima, a la que hemos propuesto elegir como patrona y especial protectora, esta Madre de bondad y de misericordia, siempre tan atenta a las necesidades de sus hijos, que conoce bien nuestra indigencia, nuestras debilidades y nuestras enfermedades; esta divina María siempre tan preocupada por favorecer todo lo que se hace para gloria de su Hijo, en este momento, en oración con nosotros, se asocia ya a nuestros trabajos; pide para nosotros el espíritu de humildad, de celo, de obediencia, de pobreza, de renuncia; y sin duda, que si no ponemos ningún obstáculo a la eficacia de sus plegarias, vamos a obtener por ella las mejores gracias, las más preciosas. (Apertura retiro de Saint-Méen, 1826) 

Maravillas hizo en mí;
mi alma canta de gozo
pues al ver mi pequeñez
se detuvieron sus ojos.
Y el que es Santo y Poderoso
hoy aguarda por mi sí.
Mi alma canta de gozo.
Maravillas hizo en mí.

Maravillas hizo en mí;
del alma brota mi canto.
El Señor me ha amado
más que a los lirios del campo.
Por el Espíritu Santo,
Él habita hoy en mí.
No cese nunca mi canto.
Maravillas hizo en mí.


La Asunción de la Virgen María es una de las fiestas marianas más importantes. La fe de la Iglesia enseña que, al terminar su vida terrena, María fue llevada por Dios en cuerpo y alma a la gloria del cielo. A diferencia de los demás santos, no se celebra solamente que su alma esté junto a Dios, sino que toda su persona, cuerpo y alma, participa ya plenamente de la resurrección de Cristo.
Esta creencia, muy antigua en la Iglesia, fue proclamada solemnemente como dogma de fe por el papa Pío XII en 1950, mediante la constitución Munificentissimus Deus.
La Asunción está íntimamente relacionada con la Resurrección de Jesús. María participa de manera anticipada de aquello que Dios promete a todos nosotros: la resurrección y la vida eterna. Por eso, esta fiesta no habla solamente de María; habla también de nuestro propio destino. Lo que Dios realizó en ella nos muestra lo que quiere realizar un día en nosotros.
En la Bretaña del siglo XIX la fiesta de la Asunción era la principal fiesta mariana. Juan María decidió poner la congregación bajo su protección y se estableció el 15 de agosto como ‘Fiesta patronal de la Congregación’.

La Virgen de Urkupiña es una advocación de la Virgen María muy venerada en Bolivia, especialmente en la ciudad de Quillacollo, cerca de Cochabamba.
Según la tradición, a finales del siglo XVIII, una niña pastora cuidaba sus ovejas en el cerro Cota y allí se le aparecía una hermosa Señora con el Niño Jesús en brazos. Cuando la niña quiso mostrarla a sus padres y a los vecinos, la Virgen comenzó a elevarse hacia el cielo. La pequeña señaló el lugar exclamando en quechua: «¡Urqupiña!», que significa «¡Ya está en el cerro!». De esta expresión nació el nombre de la advocación.
Miles de peregrinos participan en procesiones, danzas, celebraciones religiosas y en la peregrinación al cerro Cota. Muchos extraen pequeñas piedras como signo de un préstamo que confían recibir de la Virgen, comprometiéndose a devolverlas simbólicamente al año siguiente. La Virgen de Urkupiña es considerada patrona de la integración nacional de Bolivia. Su devoción también se extendió por Argentina y otros países, especialmente entre las comunidades bolivianas. Ella representa la cercanía maternal de María, la esperanza, la protección de las familias y la confianza en la providencia de Dios.