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Evangelio del día

Santa Margarita Bourgeoys

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido: El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y yo los haré pescadores de hombres.
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes.
En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Este texto nos sitúa en el comienzo del camino público de Jesús y nos revela el corazón de su mensaje y de su llamada. Todo inicia en un contexto difícil: Juan ha sido arrestado. Sin embargo, la adversidad no detiene el proyecto de Dios. Jesús comienza a anunciar que el tiempo se ha cumplido: es decir, Dios actúa ahora, en la historia concreta, en medio de nuestras luces y sombras.

El anuncio del Reino no es una amenaza, sino una Buena Noticia. Dios se acerca, sale al encuentro, se hace próximo. Por eso Jesús invita a la conversión y a la fe: no se trata sólo de cambiar conductas, sino de cambiar la mirada, de confiar en que Dios está obrando y de abrirle espacio en la vida.

La llamada a los primeros discípulos ocurre en lo cotidiano. Jesús no va al templo ni busca a personas “perfectas”; se acerca a hombres que trabajan, que tienen redes, barcas, familia. Allí, en la rutina diaria, resuena la voz del Señor: “Síganme”. Esto nos recuerda que Dios nos llama tal como somos y donde estamos.

La respuesta de Simón, Andrés, Santiago y Juan es inmediata. Dejan redes, barca, incluso al padre. No porque esas realidades sean malas, sino porque ante la presencia de Jesús descubren algo mayor. Seguir a Cristo implica soltar seguridades, confiar más en su palabra que en nuestros propios cálculos.

Finalmente, Jesús promete: “los haré pescadores de hombres”. Quien se encuentra con Él no se encierra en sí mismo, sino que es enviado a comunicar vida, esperanza y salvación. El discipulado siempre conduce a la misión.

Este texto nos invita a preguntarnos:
¿Qué redes necesito dejar?
¿Qué miedos me atan?
¿Estoy dispuesto a creer que el Reino de Dios está cerca, hoy, en mi propia historia?
Jesús sigue pasando por la orilla de nuestra vida y sigue llamando. La respuesta, como entonces, queda en nuestras manos.


Ya ves que tu misión tiene el éxito más admirable. No te lo atribuyas a ti mismo, antes bien, piensa a menudo que Dios quiere servirse de los instrumentos más débiles a fin de hacer evidente ante todos que sólo Él es el autor del bien realizado por sus pobres criaturas”. (AI H. Hervé, 24 de julio de 1847)

Tú has venido a la orilla.
No has buscado ni a sabios ni a ricos.
Tan sólo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

Tú necesitas mis manos,
mis cansancios que a otros descanse,
amor que quiera seguir amando.

Tú sabes bien lo que tengo:
En mi barca no hay oros ni espadas,
tan sólo redes y mi trabajo.

Tú, pescador de otros mares,
ansia eterna de almas que esperan,
amigo bueno que así me llamas.


Santa Margarita Bourgeoys (1620–1700) fue una religiosa francesa y una de las grandes pioneras de la educación cristiana en América del Norte.
Nació en Troyes, Francia, en una familia numerosa. Desde joven sintió una profunda llamada a servir a Dios. Aunque intentó ingresar en varias órdenes religiosas, no fue aceptada, lo que la llevó a buscar un nuevo modo de consagración al servicio de la Iglesia.
En 1653 viajó a Nueva Francia (actual Canadá) junto a Paul de Chomedey de Maisonneuve, fundador de Montreal. Allí se dedicó principalmente a la educación de niños y jóvenes, especialmente de los más pobres, así como a la formación de mujeres y niñas indígenas. Fundó escuelas abiertas y accesibles, algo innovador para la época.
En 1658 fundó la Congregación de Nuestra Señora, una comunidad religiosa dedicada a la enseñanza y a la evangelización, inspirada en el modelo de María, mujer de fe y servicio. Su congregación fue la primera en Canadá dedicada a la educación femenina.
Santa Margarita destacó por su humildad, valentía y espíritu misionero, enfrentando numerosas dificultades, incomprensiones y pobreza, pero siempre confiando en la Providencia.
Murió en Montreal en 1700. Fue canonizada en 1982 por san Juan Pablo II. Es recordada como una mujer audaz, profundamente mariana y entregada a la educación y evangelización, especialmente de los más necesitados.