11 de febrero de 2026

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Evangelio del día

Nuestra Señora de Lourdes

Jesús, llamando a la gente, les dijo: Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!
Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola.
Él les dijo: ¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados? Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.
Luego agregó: Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.

Para los judíos de la época comer ciertas cosas convierten al hombre en impuro. Es decir, la causa de la impureza está fuera de él, no dentro. De algún modo es responsable sólo de comerlas. Una vez que lo hace queda inhabilitado para comunicarse con Yahvéh y debe purificarse a través de un rito específico.

Que Jesús dijera que ningún alimento mancha al hombre, además de ir contra las leyes mosaicas, molestaba mucho a aquellos fieles cumplidores, que, gracias a guardar esas normas externas, se podían considerar justos delante de Dios, exigirle su recompensa y juzgar a otros que no lo hacían.

Lo que Jesús está diciendo es que, en el corazón de todos los hombres sin distinción, se encuentra la semilla del pecado: “las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino”.
Comer o dejar de comer ciertos alimentos o lavarnos las manos de una manera determinada, no cambia el corazón.
Pero cuesta aceptar que la maldad salga de nuestro interior, porque siempre intentamos justificarnos, atribuyéndoles el mal que existe en la sociedad a los demás, a los vecinos, a las injusticias sociales, al gobierno, etc.

Hoy Jesús nos sigue invitando a poner atención a lo que sale de nuestro interior. Allí moran los mejores deseos, pensamientos, acciones, intuiciones… pero también las peores y a ello debemos prestar atención pues manchan, perjudican, dañan. Ojalá nos preocupemos por ellos y no por tonterías.


Dios es espíritu, y quiere que los que lo adoren, lo adoren en espíritu y verdad. Dios es Amor y no se lo honra más que cuando se lo ama. No se contenta con vanas palabras. Él quiere reinar en nuestro corazón. Es de nuestro corazón que deben salir las alabanzas que le tributamos. Que el suyo, queridos hijos, esté penetrado de los sentimientos que expresan las oraciones que le dirigen. (Charla sobre el primer mandamiento)

María, mírame, María, mírame.
Si Tú me miras
Él también me mirará.
Madre mía, mírame,
de la mano llévame
muy cerca de Él,
que ahí me quiero quedar.

María, cúbreme con tu manto,
que tengo miedo, no sé rezar;
que por tus ojos misericordiosos
tendré la fuerza, tendré la paz.

Madre, consuélame de mis penas.
Es que no quiero ofenderle más.
Que por tus ojos misericordiosos
quiero ir al cielo y verlos ya.


La Virgen de Lourdes se manifestó en 1858 en la localidad de Lourdes, Francia, a una joven humilde llamada Bernardita Soubirous, de 14 años. Las apariciones ocurrieron en la gruta de Massabielle, donde la Virgen se le apareció 18 veces, invitándola a la oración, la penitencia y la conversión.
En una de las apariciones, la Virgen pidió que se construyera una capilla y que la gente acudiera allí en peregrinación. También hizo brotar un manantial de agua, que con el tiempo se convirtió en signo de sanación para muchos enfermos. El 25 de marzo de 1858, la Virgen se presentó diciendo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, confirmando el dogma proclamado pocos años antes por la Iglesia.
Tras una investigación rigurosa, la Iglesia reconoció oficialmente las apariciones en 1862. Lourdes se transformó en uno de los santuarios marianos más importantes del mundo, especialmente asociado a los enfermos, los pobres y los que buscan consuelo y esperanza.
La Virgen de Lourdes es venerada como signo de fe, misericordia y cercanía de Dios, y su fiesta se celebra el 11 de febrero, día también dedicado a la Jornada Mundial del Enfermo.

San Pedro de Jesús Maldonado nació en 1919 en Chihuahua, México. Desde joven sintió la vocación sacerdotal y fue ordenado sacerdote, destacándose por su entrega pastoral, su cercanía con los pobres y su valentía para vivir la fe en un contexto hostil.
Ejerció su ministerio durante la persecución religiosa en México, cuando la Iglesia sufría fuertes restricciones. A pesar del peligro, continuó celebrando los sacramentos en secreto, visitando comunidades aisladas y sosteniendo la fe del pueblo.
En 1937, fue arrestado y brutalmente torturado por las autoridades debido a su condición de sacerdote. Murió como mártir, perdonando a sus verdugos y ofreciendo su vida por Cristo y por la Iglesia. Fue canonizado en el año 2000 por el papa San Juan Pablo II.