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En las categorías Evangelio, Calendario y Novena, se sugiere ampliar el rango de fechas unos días antes.


2º Domingo de Pascua – Divina Misericordia

Señor Jesús, al comenzar el día,
te ofrecemos nuestra vida entera.
Que el amor fraterno reine entre todos
los que formamos comunidad.
Que cada uno se sienta feliz
con la alegría de los demás,
y sufra con sus penas.
Que todos nos prestemos ayuda mutua
para ir a Dios y realizar su obra cada día.
Que no existan jamás entre nosotros
ni contiendas ni rivalidades,
ni secretas envidias, ni palabras duras.
Aparta de nosotros, Señor, todo lo que hiere,
todo lo que divide,
todo lo que altera la caridad.
Haz, Señor, que hoy y siempre
intentemos ayudarnos
unos a otros a ser santos.
Que todos vivamos hoy con dulzura,
paciencia, humildad
y fidelidad a tu Palabra.
(Regla de 1835)

  • Por los niños de Bolivia en su día.
  • Por nuestros capellanes y los sacerdotes de nuestras parroquias.
  • Por nuestros jóvenes en formación.
  • Por el Papa, para que el Señor lo fortalezca con su Espíritu y lo sostenga en su misión de guiar a la Iglesia.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Provincia Santa Teresa del Niño Jesús (Uganda – Sudán del Sur).
  • Por la familia menesiana del colegio Sagrado Corazón de Llay-Llay y la de Reinosa.
  • Por la paz en el mundo.

Comunidad de bienes y estilo de vida modesto:
Respondiendo a la llamada de la Iglesia a salvaguardar la Creación, los Hermanos se comprometen en la conversión ecológica. La comunidad precisa los términos de su compromiso en su proyecto comunitario.

Que el sentimiento de tu indignidad no te lleve a alejarte de tu divino Maestro, pues sus misericordias son aún más grandes que tu miseria.

1968: Louis Bourdon (Louis-Flavien)
1978: Eugène Kérébel (Basilide-Jean)
1982: Pierre Hémidy (Guénael)
1993: François Couedelo (François Caraccciolo)
1994: Louis Éveno (Pierre-Chrysologue)
2005: Jean-Augustin Quillévéré (Hervé-Bernard) y Jean-Paul Compagna (Cyrille-Maurice)
2025: Gilles Pierre (Gilles d’Assise)
Daniel Caron, de la comunidad de Alfred, USA. Último hermano fallecido.

2º Domingo de Pascua – Divina Misericordia

Al atardecer del primer día de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! El les respondió: Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes!
Luego dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Tomas respondió: ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Podemos dividir el texto en dos partes claramente definidas: La primera (del v 19-23) es la que podríamos llamar Pentecostés joánico y la segunda parte nos presenta el encuentro con Tomás.
Podemos destacar la contraposición que nos presenta el texto: Por un lado, Jesús, estando las puertas cerradas se presenta en medio de ellos. El cuerpo de Jesús resucitado atraviesa las paredes. Hay una discontinuidad entre el cuerpo del Jesús histórico y el cuerpo de Jesús resucitado. Pero el cuerpo de Jesús resucitado lleva las marcas del crucificado. Se da pues al mismo tiempo una continuidad.

Lo mismo que no podemos contemplar la omnipotencia del amor de Dios en la cruz sin contemplar las perversiones humanas que aparecen en la Pasión; si no queremos banalizar el amor de Dios, tampoco podemos contemplar al resucitado sin ver en Él las marcas del crucificado. El Jesús resucitado es el Jesús crucificado. Sólo resucita el amor entregado.

Jesús viene a los suyos donde se dan situaciones de acogida. Y la primera situación de acogida la determina el hecho de que los discípulos están reunidos entre sí, aunque llenos de temor… sin embargo están reunidos y ciertamente en oración, sosteniéndose mutuamente, en el consuelo recíproco: es ahí donde Jesús viene y manifiesta su presencia.

La manifiesta con los dones de su presencia espiritual: paz y alegría. Esta paz y alegría se traducen en una misión: la única misión del Padre hacia el mundo, que es la de Cristo, ahora es la misión de todos los que están en él.
Se trata de una misión que nosotros recibimos identificándonos con el Señor y participando en su deseo de ayudar a la humanidad. Es una misión que se realiza en el Espíritu.
Por el Espíritu, la misión que recibimos nos hace criaturas nuevas. Y nos lleva a aportar el mensaje de que el pecado, la fuerza opresora, puede desaparecer si se acepta entrar en el Señor y recibir su perdón.

La segunda parte (del v 24-31) recoge la actitud de Tomás, llamado el mellizo. El mellizo de Tomás podemos ser cada uno de nosotros, como podemos ser el compañero de Cleofás en el relato de Emaús, del domingo próximo, o el discípulo amado que corrió con Pedro hacia el sepulcro, según el relato del domingo pasado. Cada vez que el evangelista Juan no pone un nombre concreto, como en estos casos, deja espacio para que vos y yo nos hagamos protagonistas del relato, nos metamos en la historia salvífica.  

Esta segunda parte recoge toda la teología del testimonio. Tomás es la pieza de enganche. Primero Tomás no cree al testimonio de los otros discípulos. Él tiene que ver como ellos para creer. Jesús se aparece a Tomás para confirmar el testimonio que había recibido de los discípulos.
Tomás es el elemento intermedio. A partir de ahora la fe en la resurrección deberá fundamentarse en la fe de los testigos que han visto y han anunciado.

En la primera parte se nos ha hablado de la misión de los discípulos. En la segunda pasan a primer plano los que representan el fruto de esa misión: los que sin ver creen.
En esta parte el versículo clave es el v. 29: su intención es negar la idea de que los testigos oculares tienen alguna ventaja particular en cuanto a la posesión de la alegría y las bendiciones de Jesús resucitado.
El evangelio desea subrayar que, en contra de lo que se pudiera imaginar, los que no han visto son igualmente estimados por Dios que los que han visto. Es lo que dice la carta de San Pedro: ‘Sin haberle visto le aman; aunque ahora no le ven, creen en él y se alegran con gozo inefable e intenso’ (1ª Pe 1, 8)

Es la hora del Espíritu o de la presencia invisible de Jesús y ha pasado el tiempo de los signos y las apariciones. Lo uno lleva a lo otro. Para Juan, Jesús sigue presente en el Espíritu que estará con los discípulos para siempre. (Hno Merino)

Jesús y sus discípulos:
Hay varones y mujeres (como ningún maestro judío), viven en comunidad, reunidos se sostienen unos a otros y en esa vida compartida Jesús se les hace patente, se les muestra. Celebran el descubrirlo y lo testimonian. Pero incluso el mismo Tomás no les cree, quiere hacer su propio camino. Jesús no desespera, sigue formando hasta el final. Y será en la misma comunidad donde lo descubra y confiese como su Señor y su Dios. No hay reconocimiento de Jesús fuera de la comunidad.


Y cuando Santo Tomás, ausente en la primera aparición, rechaza aceptar el testimonio unánime de sus hermanos, de cuya sinceridad no podía sospechar, y declara que no creerá si no ve en los pies del Señor la señal de los clavos, si no mete el dedo en la abertura de sus llagas, y la mano en su costado, ¿no lo acusan de terquedad y de una desconfianza excesiva? ¿Quién es la persona razonable que duda en reconocer como atestiguados y no dudosos una multitud de hechos que están apoyados en menos pruebas y menos fuertes que las de aquí? (Conferencia sobre la resurrección de Jesucristo)

Aunque hayan tormentas
y en la tempestad
mi vida se sostiene de tu mano.
En los momentos duros
me aferro fuerte a ti.
Tú eres mi fortaleza y mi paz.
Tú eres mi esperanza
y no vacilare.

Creo en tu palabra,
creo en el amor que has derramado.
Creo en tu presencia
y en la vida eterna que nos has dado.

Creo en ti, te lo vuelvo a decir,
ante mi evidente debilidad.
Aquí estoy, Jesús, me abandono en ti.
Cierta estoy de tu fuerza y tu bondad.

Creo en ti, porque es riesgo creer
y es certeza de lo que nadie ve.
Aquí estoy, Señor, vuelvo a echar mi red
en tu misterioso mar sin final.

Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor,
pues me dejo llevar por tu fiel voluntad.
Por tu gracia yo caminaré.

Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor.
A mi fragilidad tú le dices:
“Mi gracia te bastará”.

Creo en ti, te lo dice mi fe,
la seguridad que me da tu amor.
Esto soy, mi Dios, alguien que al buscar
va encontrando en ti la felicidad.

Creo en ti, creeré una vez más,
cuando me visite el dolor.
Podré descansar en tu inmenso amor
y morir con los brazos en tu cruz.

Sábado de la octava de Pascua

  • El Superior General y su Consejo.
  • Por los miembros de LAM y sus proyectos y actividades como Asociación.
  • Por las ONG, que con sus aportes hacen posible que muchas de nuestras obras puedan cumplir con su misión.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Provincia Nuestra Señora del Pilar de España.
  • Por la familia menesiana que vive la misión en El Alto y la de Portugalete.
  • Por la paz en el mundo.

Comunidad de bienes y estilo de vida modesto:
La puesta en común de los bienes no debe conducir a la abundancia: el espíritu de pobreza exige un nivel de vida sencillo.
La comunidad adopta el estilo de vida de las personas de condición modesta para la alimentación y el vestido, para la vivienda y los viajes, excluyendo el lujo y lo superfluo: «Economía, sencillez en todo, ésta debe ser vuestra divisa, porque es vuestra Regla».

No entristezcan al Espíritu Santo con infidelidades que le impidan colmarlos de sus dones y gracias. Sean una verdadera persona religiosa y entonces saborearán los consuelos, la paz y todas las celestiales.

1946: Célestin Lacrampe (Octavien): Nació en Agos-Vidalos (Francia) en 1878. Murió en Ciboure (Francia).
1976: Eugène Salaün (Amans-Alexis)
1977: Jean-Louis Breton (Aimé)
1999: Joseph Leblanc (Isidore)

Daniel Caron, de la comunidad de Alfred, USA, último hermano fallecido.


Sábado de la octava de Pascua

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Entonces les dijo: Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

El mismo Jesús que había liberado a la Magdalena de los males que la oprimían es el Jesús que se muestra a ella y a los demás discípulos. Se afirma, una vez más, la identidad del Jesús resucitado y del Jesús que había muerto. Como se ha dicho muy bien, sólo puede haber resurrección donde previamente ha habido muerte.  Pero, además, los textos evangélicos no hablan solo de muerte, sino más concretamente la muerte de cruz.

La consecuencia que se sigue de lo dicho es clara: si la resurrección nos habla de la cruz y se comprende desde la cruz, de forma que sin cruz no hay resurrección, los crucificados de la historia son el lugar más apropiado para comprender la resurrección de Jesús (J. Sobrino).
Dios no resucitó a un muerto cualquiera. Dios resucitó a un crucificado. La resurrección de Jesús es el argumento, que tenemos los cristianos, para fundamentar la esperanza de las víctimas de la historia para reivindicar la vida y la dignidad que les fueron negadas.


‘No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí’. ¡Qué extraordinaria maravilla! Mira, Jesús, mi Salvador, al echar una mirada sobre estos pobres niños, puedo encontrarte en cada uno de ellos, y si enfermos viniesen ahora aquí para buscar su curación, la encontrarían en estos pequeños niños en cuyo seno estás escondido como bajo un velo, con los cuales estás unido ahora de un modo inefable. (Sermón sobre la Comunión)

Madre, tú eres la luz
que me invita a bajar del cielo.
Abre mi corazón.
En tu santuario te lo entrego.
Cuando empiezo a buscar
sólo mi voluntad y calma,
hazme ver más allá
y que entregue toda mi alma.

Quiero abrir hoy mis velas al viento.
Contigo, María, partir mar adentro.
Quiero servir más libre y despierto,
mirar a mi hermano,
ser Cristo al encuentro,
y sentir su sentir,
regalar tu alegría y fuerza,
para que todos tengan vida en Dios.

Ven, María, a tu hogar,
a encender lo que está creciendo:
El Espíritu de Dios,
el amor de Jesús viviendo.
Cuando empiezo a dudar
si el camino tiene sentido,
dame tu corazón
para que se transforme el mío.

Viernes de la octava de Pascua

Señor, que has dicho:
‘Dejen que los niños vengan a Mí’.
Tú me has inspirado el deseo
de dedicar mi vida
a los niños y jóvenes
para llevarlos a Ti.
Dígnate bendecir mi vocación,
asísteme en mis trabajos de hoy,
derrama sobre mí,
sobre todos mis hermanos
y sobre todos los que trabajamos
en esta obra educativa,
el espíritu de fortaleza,
de caridad y de humildad,
para que nada nos aparte
de tu servicio.
Haz que hoy cumpla con celo
el ministerio educativo
al que me has consagrado.
Hazme perseverar hasta el fin
para alcanzar así
la salvación que nos
has prometido. Amén

  • Por las misiones en la Iglesia.
  • Por los países donde reina la división, la violencia, la guerra.
  • Por los que aún viven esclavizados en nuestro mundo.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por la familia menesiana de San Borja y la de Larantuka.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Provincia San Juan Bautista (Francia – Inglaterra – Italia)
  • Por la paz en el mundo.

Comunidad de bienes y estilo de vida modesto:
Todo lo que corresponde a los Hermanos por razón de su trabajo o que reciben en forma de donativos, pensiones, seguros o de cualquier otro modo, pertenece de derecho al Instituto y debe, por tanto, serle fiel y prontamente entregado, según las normas propias de cada Provincia o Distrito.

Dios ya no los ve como hombres aislados, sino que los considera en todo el cuerpo del que son parte; las riquezas espirituales de sus hermanos les pertenecen, y lo que no tienen lo encuentran en esta misteriosa unidad.

1968: René Chefdor (Gaston) e Yves Thomas (Dieudonné-Étienne)
1977: Pierre Cochard (Rogatien-Pierre)
1978: Honoré Côté (Adolphe-Joseph)
1979: Léo Jacques (Louis-Georges)
1985: Denis Pocard (Rodrigue)
1990: Émile Leduc (Gérard-Joseph)
2013: Léopold Sarrazin (Léopold-Eugène)

Daniel Caron, de la comunidad de Alfred, USA. Último hermano fallecido.

Viernes de la octava de Pascua

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.
Sucedió así: estaban junto Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le respondieron: Vamos también nosotros. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: Muchachos, ¿tienen algo para comer?
Ellos respondieron: No.
Él les dijo: Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.
Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: Vengan a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿quién eres?, porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora.

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta. Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina.
Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar, que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso!
Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida.

Gracias, Señor, por este encuentro que tuviste con tus discípulos en el lago. En aquel almuerzo de trabajo estábamos todos contigo. En el hombre de campo, en el niño que va a la escuela, en el joven que acude a la Universidad, en la mujer que trabaja en una oficina y en la que se queda en su domicilio haciendo sus “labores de casa” estás Tú, como Resucitado, poniendo ilusión, alegría, y ganas de hacer bien las cosas. Y así, de un modo tan sencillo, podemos construir entre todos un mundo más humano, más fraternal. No te vemos, pero estás. No te vemos, pero te sentimos cerca. ¡Gracias, Señor!


Heme aquí, Señor, a tus pies, me presento ante Ti con una humilde y viva confianza, vengo para acoger en mi corazón tu divina Palabra. Señor, tu servidor te escucha, dígnate hacerle escuchar tu voz, dame tu gracia, dame tu espíritu cuyo aliento es el fuego sagrado que ilumina y calienta nuestras almas. ” (Meditación sobre la muerte)       

El que multiplica el pan,
el que calma con su voz la tempestad;
quien pide llenar mis jarras
para dar vino a beber,
el que rema en lo profundo de mí ser.
Es palabra que alimenta,
es la brisa que me alienta,
es la Vida, es el Camino, es la Verdad.

Es el Señor.
Acaso no arde nuestro corazón.
Es el Señor,
el que me llama, el que me ama.
Es el Señor.

El que no mira mis faltas sino mi fidelidad,
el que hace roca en mi debilidad;
aquel que lo sabe todo, pero vuelve a preguntar,
 el que hace fiesta al verme regresar.
Es el fuego que me quema,
es el gozo que me llena,
es la fuerza que yo no puedo explicar.

Jueves de la octava de Pascua

Padre bueno,
te doy gracias por la vida,
regalo de tu amor.
Haz que la comparta con todos:
con mis hermanos, con mi familia,
con mis amigos,
tejiendo lazos como lo hizo Jesús.
Envíame tu Espíritu Santo
para descubrir lo que quieres de mí.
Hazme cada día más parecido a tu Hijo:
que sus sentimientos sean mis sentimientos,
que sus pensamientos
sean mis pensamientos,
que su proyecto sea mi proyecto,
que ame como Él amó.
Como a María, Padre Bueno,
concédenos a todos
un corazón dócil a tu Palabra. Amén

  • Por las vocaciones en nuestro Distrito, la comisión de Pastoral vocacional y la casa de El Alto.
  • Por el cumpleaños del H. Josu Olabarrieta (1948) de la comunidad de la comunidad de Portugalete.
  • Por los equipos de administración de nuestros centros educativos.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por la familia menesiana de Huatusco (México) y la de Nanclares de la Oca.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Provincia San Miguel Arcángel (Kenia – Tanzania).

Comunidad de bienes y estilo de vida modesto:
Este poner en común y compartir los bienes es un elemento esencial de la pobreza religiosa. Permite a los Hermanos, conscientes de los estrechos lazos que los unen, practicar la solidaridad y asegurar la vida del Instituto y de sus obras.

La sabiduría, como la felicidad, consiste sólo en ver a Dios y ver sólo a Dios en todo.

1974: Cleridan Lafortune (Amélius)
1993: Arthur Héon (Cyrille)
2011: André Bergeron (Gérard-Robert)

Jueves de la octava de Pascua

Los discípulos de Emaús contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?  Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer.
Pero Jesús les preguntó: ¿Tienen aquí algo para comer?
Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.

Lucas describe el encuentro del Resucitado con sus discípulos como una experiencia fundante. El deseo de Jesús es claro. Su tarea no ha terminado en la cruz. Resucitado por Dios después de su ejecución, toma contacto con los suyos para poner en marcha un movimiento de «testigos» capaces de contagiar a todos los pueblos su Buena Noticia: “Ustedes son mis testigos”.

No es fácil convertir en testigos a aquellos hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena, los discípulos permanecen callados, en silencio total. El narrador solo describe su mundo interior: están llenos de terror; solo sienten turbación e incredulidad; todo aquello les parece demasiado hermoso para ser verdad. Es Jesús quien va a regenerar su fe. Lo más importante es que no se sientan solos. Lo han de sentir lleno de vida en medio de ellos.

Estas son las primeras palabras que han de escuchar del Resucitado: «La paz esté con ustedes… ¿Por qué surgen dudas en su interior?
Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; cuando lo ocultamos con nuestros protagonismos; cuando la tristeza nos impide sentir todo menos su paz; cuando nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad… estamos pecando contra el Resucitado. Así no es posible una Iglesia de testigos.

Para despertar su fe, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado. Que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma: “Soy yo en persona”. El mismo al que han conocido y amado por los caminos de Galilea.

Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él hemos de recorrer el relato de los evangelios; descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre.

A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo: “Ustedes son testigos de estas cosas”. No han de enseñar doctrinas sublimes, sino contagiar su experiencia. No han de predicar grandes teorías sobre Cristo, sino irradiar su Espíritu. Han de hacerlo creíble con su vida, no sólo con palabras. Este es siempre el verdadero problema de la Iglesia: la falta de testigos. (José Antonio Pagola)


Paz a ustedes, porque son de esos hombres de buena voluntad a los cuales los ángeles anunciaron y prometieron, cuando Jesús apareció en el mundo, y nos dio a todos el ejemplo de la pobreza, de la humildad, de una abnegación completa de sí mismo. Ustedes tienen el deseo de caminar siguiendo sus huellas, de ser dulces y humildes de corazón a su ejemplo, de ser como él obedientes a la voluntad del Padre celestial hasta la muerte… Paz a sus corazones cuyos afectos son para Dios, cuyos sentimientos y deseos se dirigen a Dios. (S.VII – p. 2375)

En medio de mis dudas
y de mis miedos;
en medio de mi soledad,
ahí estás Tú, Jesús,
ahí estás Tú, Jesús.

Tú no me dejarás,
Señor, me sostendrás.
Tú no me dejarás.
Tú eres mi esperanza.
Tú no me dejarás, Señor,
me sostendrás.
Tú no me dejarás.

En medio de mis dudas
y de mis miedos;
en medio de mi enfermedad,
ahí estás Tú, Jesús,
ahí estás Tú, Jesús.

Miércoles de la octava de Pascua

Señor Jesús,
Tú que dijiste que todos sean uno,
te damos gracias por llamarnos a la unidad,
por desafiarnos a salir
de nuestros esquemas y seguridades.
Sabes de nuestras resistencias
e inseguridades,
sabes de nuestros sueños y anhelos;
no te son desconocidas
nuestras limitaciones y pobrezas,
y también con ellas
quieres gestar la nueva realidad.
Nos confiamos a María,
que salió a prisa al encuentro
de la vida que clama.
Haz de la familia menesiana
un cuerpo para la misión
que cuide y defienda la vida
de los más pequeños del sur.
Amén.

  • Por los docentes y los alumnos de nuestras comunidades educativas, sobre todo los más necesitados.
  • Por nuestros enfermos y discapacitados.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito San Pablo (Togo – Senegal – Benin – Costa de Marfil).
  • Por la familia menesiana del Dionisio Díaz de Maldonado y la del Menesiano de Madrid.
  • Para que seamos fieles a nuestra consagración.
  • Por la paz en el mundo.

Comunidad de bienes y estilo de vida modesto:
Siguiendo el ejemplo de la primera comunidad cristiana, donde nadie reclamaba como suyo lo que le pertenecía, los Hermanos viven la puesta en común de los bienes.

Hijos míos, aún no han sido repartidas todas las palmas de los mártires, de los confesores de la fe, del celo apostólico. Todavía quedan. Vayamos con alegría al encuentro de aquellas que se nos ofrecen para conquistar; apresurémonos a apoderarnos de ellas; y si perseveramos hasta el fin, serán nuestras.

1986: Albert Lauzon (Méréal-Marie)
1996: Émile Louis Chouinard (Eugène-Louis) y Gustave Vachon (Isidore-Julien)

2016: Luis Miguel Gómez Quintano: Nació en Villorejo (Burgos) en 1956. Murió en Bilbao.

Miércoles de la octava de Pascua

El primer día de la semana dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
Él les dijo: ¿Qué comentaban por el camino?
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!
¿Qué cosa?, les preguntó.
Ellos respondieron: Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.
Jesús les dijo: Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.
Él entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Los discípulos no podían creer en la muerte del Maestro. Invadidos por una profunda pena se alejaban de Jerusalén, desanimados. Lloraban un cadáver, el de alguien que les había mostrado un mundo diferente. Pero el viernes lo habían visto morir en una cruz. Ya no veían futuro, parecía que el mundo gris de siempre sería el definitivo.

Sí, la muerte es dramática y nos toca fuertemente. Sin Jesús resucitado, carecería de sentido. Sin la Resurrección, la vida cristiana perdería su centro y su fuerza. Si Jesús no hubiera vencido a la muerte, su mensaje quedaría reducido a un hermoso ideal, pero incapaz de transformar verdaderamente la historia y el corazón humano. Todo quedaría en un recuerdo del pasado, en la nostalgia de un maestro admirable, pero derrotado. En cambio, el hecho de que Jesús esté vivo le da sentido a todo: a su cruz, a su entrega, a nuestras luchas y a nuestra esperanza. La fe no es una teoría ni una moral, sino el encuentro con Alguien que vive.

En medio de nuestras noches, (dolor, incertidumbre, soledad o fracaso) la Resurrección se vuelve una luz concreta. No elimina mágicamente la oscuridad, pero la atraviesa. Como una pequeña llama en medio de la noche, la presencia de Jesús nos permite seguir caminando, confiar, no desesperar. Él mismo pasó por la noche más profunda, la muerte, y desde allí encendió una luz que ya no se apaga. Por eso, ninguna noche es definitiva para quien cree.

Sin embargo, esa presencia muchas veces no es evidente. Jesús resucitado no siempre se manifiesta de manera clara o espectacular. A menudo se hace cercano en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo silencioso. Camina a nuestro lado como con estos discípulos, aunque nuestros ojos estén velados y no sepamos reconocerlo. Está en la Palabra que nos ilumina, en la Eucaristía que nos alimenta, en los hermanos que nos necesitan.

Creer en el Resucitado es aprender a descubrir su presencia en medio de lo ordinario, incluso cuando no lo sentimos. Es confiar en que Él está actuando, acompañando, sosteniendo, aun cuando todo parece oscuro. Porque Jesús no es alguien que estuvo, sino Alguien que está: vivo, cercano, y fiel.


Sí, él está presente en sus asambleas, él las preside y ustedes son ese pequeño rebaño que ha bendecido, y que al buen Pastor le gusta conducir a los pastos más abundantes.
¿Acaso dudan? ¿No se les ha manifestado a menudo, como antes a los discípulos de Emaús, llenando sus corazones con una alegría inefable y un ardor divino? Cada vez que asisten a los ejercicios piadosos de la Congregación, ¿no son reanimados internamente, iluminados, fortalecidos por una nueva gracia? ¿No les pasa que desde el feliz momento en que pronunciaron, al pie de los altares, el acto de su consagración, sus pasiones se han debilitado, sus faltas han sido menos severas y raras, han cambiado su lenguaje, se han acercado a los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía con más regularidad y en mejores disposiciones, y finalmente, la práctica de las virtudes cristianas se ha vuelto más llevadera para ustedes? (S. I-III, 256. Sobre las ventajas de pertenecer a una congregación)

Aquí vamos, Jesús, caminando con Vos,
dando un paso, queriéndote elegir.
Y es la tierra que late cuando cae la luz.
Es tu mirada radiante que descubre huellas
de libertad en nosotros.

Tus palabras dibujan la esperanza
y nos dicen que aquél que está en camino
se mantiene vivo.
Porque tu corazón habló,
el nuestro cantará.
Porque tu corazón habló,
el nuestro cantará.

Quédate con nosotros,
no te vayas del mundo, Jesús.
Quédate con nosotros,
danos tu paz.
Porque te reconocemos al partir el pan,
porque nos envías al partir el pan.

Quédate con nosotros,
no te vayas del mundo, Jesús.
Quédate con nosotros,
danos de tu paz.

Y es la tierra que late cuando cae la luz.
Es tu mirada radiante que descubre huellas
de libertad en nosotros.