20 de marzo de 2026

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Evangelio del día

Viernes de la 4ª semana de Cuaresma

Jesús recorría la Galilea. No quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Promediaba la celebración de la fiesta cuando Jesús subió al templo y comenzó a enseñar. Algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste aquél a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste. En cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: ¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Señor, otro día que vengo a estar contigo, a “escucharte”. A veces te oigo, pero no te escucho; estoy entretenido con mis pequeños problemas, mis gustos, mis caprichos, mi pequeño mundo. Estoy en otro mundo y tengo el corazón lleno de ruidos. Pero yo necesito tu palabra. ¿Qué sería de mí si no me hablaras? Tu palabra es el pan que me alimenta cada día. Dame la gracia de escucharte, y cumplir lo que Tú me dices.

Me impresionan las palabras del Evangelio: “Los judíos buscaban a Jesús para matarlo”. Y es que la verdad incomoda a aquellos que están anclados en la mentira y hacen de la mentira su medio de vida. Buscar a Jesús para matarlo es intentar “matar la vida”. Jesús ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Enemigos de Jesús no son sólo aquellos que matan, que aniquilan la vida, sino también aquellos que están satisfechos con una vida relajada, una vida a medias, una vida sin ilusión, sin esperanza, sin ganas de vivir. Son enemigos de Jesús aquellos que no saben qué hacer con el tiempo. En esta ocasión, Jesús “grita”. La vida es hermosa y debemos acudir a Él porque es “especialista en vida”. Ha vivido en plenitud. Por eso, antes de morir, puede decir con orgullo: “Todo está acabado”. Qué bien se debe morir dando un carpetazo al libro de la vida diciendo ¡Misión cumplida!

Señor, yo te agradezco, de corazón, tus bellas enseñanzas. Me encanta descubrir tus propios sentimientos. Te había observado muchas veces caminando, hablando, incluso llorando, pero nunca te había observado “gritando”. Y, sin embargo, yo necesito que me grites de vez en cuando, que sacudas mi alma, que me despiertes a la vida.


MÁXIMA
Jesús está aquí
con nosotros


Si pedimos pruebas de la presencia de Jesucristo en medio de nosotros y su acción divina durante estos días felices, podríamos decir lo que él mismo dijo a los discípulos de Juan el Bautista, que le preguntaron si él era realmente el Mesías: los ciegos ven, los sordos oyen, los rengos caminan, los muertos resucitan. (Retiro de niños)

Mi espíritu despierta ante tu resplandor,
mi alma cansada encuentra tu verdad.
Tú eres mi fuerza, mi paz y mi hogar.

¡Aleluya, aleluya
al rey de gloria y majestad!
¡Aleluya, aleluya!
Mi boca no callará.

Porque eterno es su amor
y fiel es su bondad,
cuando la noche
cubre mi caminar.
Tu Palabra es lámpara
en la oscuridad.
en Ti confía
mi corazón herido.
Mi esperanza vive
porque Tú estás conmigo.

¡Aleluya, aleluya!
Tú eres mi salvación.
¡Aleluya, aleluya!
Refugio de mi corazón.

El Señor es mi pastor,
nada me faltará,
en verdes pastos
Él me hará descansar.
Vivo está el Dios
que oye mi clamor.
No abandona al justo
ni abandona al que creyó.
Mi voz se levanta
como ofrenda fiel,
porque grande es tu nombre
Emmanuel.

¡Aleluya, aleluya!
Viva el Dios eterno.
¡Aleluya, aleluya!
Santo y verdadero.

Mi ayuda viene del Señor,
creador del cielo y la tierra.
en el silencio
Tú hablas a mi ser.
Tu presencia sana
Lo que no supe ver.
No necesito palabras
Para adorarte,
mi alma se rinde al contemplarte
aun sin hablar.

¡Aleluya, aleluya!
Aun sin hablar.
¡Aleluya, aleluya!
Te puedo adorar.

¡Aleluya, aleluya!
Fuente de verdad.
¡Aleluya, aleluya!
Manantial de paz.

Bienaventurado el que confía
en el Señor.
Cuando los vientos quieren
derribar mi fe,
tu Palabra firme
me hace permanecer.
No temeré
porque Tú vas delante.
Mi esperanza vive,
mi Dios es constante.

¡Aleluya, aleluya!
No temeré.
¡Aleluya, aleluya!
En Ti confiaré.