Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes. Jesús le respondió: Está escrito: «El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra». Jesús le respondió: También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios».El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: Te daré todo esto, si te postras para adorarme. Jesús le respondió: Retírate, Satanás, porque está escrito: «Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto».Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
Estamos en el primer domingo de cuaresma e iniciamos este tiempo con el texto de las tentaciones de Jesús en el desierto, después del Bautismo.El pasaje es mucho más breve en Marcos que en Mateo y Lucas. La semejanza de estos dos últimos hace pensar que ambos lo recibieron de una fuente común.El relato de Mateo está muy elaborado literaria y teológicamente. Su principal interés es subrayar la obediencia de Jesús como Hijo a la voluntad de Dios, y el contraste entre el fracaso de Israel en su caminar por el desierto y la victoria de Jesús.Esta elaboración tan cuidada del relato hace pensar que Mateo ha querido condensar en él las pruebas que acompañaron a Jesús a lo largo de toda su vida, y que seguían acechando a la iglesia: la alternativa entre el poder y la gloria, por un lado, y la obediencia humilde a la voluntad del Padre por otro.Jesús recibió la invitación a acreditarse por medio de signos portentosos (Mt 12,38; 16,1), y a abandonar el camino de la cruz (Mt 16, 21-22), pero a lo largo de toda su vida dejó bien clara su condición de Hijo de Dios obediente al Padre.Los primeros cristianos experimentaron también la tentación del poder y la gloria, pero también ellos optaron por el modelo de los que sólo viven para hacer la voluntad del Padre (Mt 5, 3-12; 6, 25-34). Los cristianos de todas las épocas pueden ver reflejada su propia experiencia en este relato.La introducción nos sitúa en el contexto adecuado: el Espíritu de Dios es quien guía a Jesús; le lleva al desierto, que, en el Antiguo Testamento, es el lugar donde el pueblo de Israel experimentó la prueba y la asistencia de Dios; allí pasa Jesús cuarenta días y cuarenta noches, que recuerdan a Moisés (Ex 34:28) y a Elías (2 Re 19-8), y resumen de los cuarenta años que duró el camino de Israel por el desierto.Las tres tentaciones son en realidad una sola, pues la pretensión continua de Satanás es hacer que Jesús haga su voluntad y no viva como Hijo obediente de Dios.En el bautismo la voz del cielo había declarado solemnemente que Jesús es el Hijo, y que lo es según el modelo del siervo sufriente.Ahora las palabras insidiosas del tentador ponen en tela de juicio esta afirmación y la vocación de Jesús, pidiéndole que se doblegue ante el poder y la gloria, y que utilice su condición de Hijo para someter a Dios.Las tres tentaciones recuerdan los momentos de prueba de Israel en el camino por el desierto: la petición del pan (Ex 16), poner a prueba a Dios (Ex 17) y el culto a los ídolos (Ex 32).Las respuestas de Jesús, con tres citas tomadas del libro del Deuteronomio (Dt 8:3; 6:16 y 6,13-15) y se sitúan en el mismo contexto. Jesús ha salido victorioso de la prueba a la que sucumbió Israel, por eso puede convocar al nuevo pueblo de Dios.Las tentaciones siguen vigentes hoy. El mal sigue tentando a unos y otros. A los que están de su lado no necesita tentarlos, a los que intentan hacer la voluntad de Dios, hacer reino, ser fieles a las bienaventuranzas, esos son sus objetivos predilectos. A ellos acecha como león rugiente, que busca quien devorar.Cuando Abrahán pasó la prueba, Dios le bendijo. Cuando Job pasó la prueba, Dios le bendijo. Ahora Dios bendice a Jesús (unos ángeles lo sirven), después de haber superado la prueba. Cuando nos vemos confrontados por las tentaciones, recordemos que Dios nos está esperando con una bendición.Para Juan María de la Mennais, la vida es una vida tentada. Una vida tentada entre hacer la voluntad de Dios y el propio proyecto y en esa tensión permanente tenemos que caminar. No podemos pretender anular la tensión, pues somos humanos. Lo que sí, podemos ir logrando, por gracia de Dios, es que la atracción por la realización del proyecto de Dios sea cada vez mayor y más plenificante.El camino es la renuncia a la propia voluntad y aceptar la cruz que ello significa y caminar sirviendo a Dios en los hermanos.
Jesús y el Padre:Se sabe Hijo, lo ha escuchado de su propio Padre en la experiencia recientemente vivida del Bautismo. Lo escuchó no sólo él. El Espíritu lo conduce al desierto. Jesús es dócil al Espíritu. El Espíritu lo acompañará en todo su caminar, es la manera de hacerse presente del Padre.Jesús y el mal:Jesús no dialoga con Él. No entra nunca en confianza. Sus expresiones son tajantes, no deja resquicios donde el mal pueda colarse. El Hijo atento a la Palabra no caerá en las insidias del mal. Pero también es cierto que el mal usa la Palabra en su provecho; hay que discernir bien. El mal tienta siempre y va a la raíz, a su ser. La tentación más grande es siempre hacer nuestro proyecto, no el de Dios.
Otra consideración debe aún determinarlos, si la salvación de ustedes les importa, a no despreciar menos que nunca las gracias de este retiro; las tentaciones continuas a las que están expuestos a causa de la naturaleza de sus funciones que van a cumplir en medio del mundo, las tentaciones de orgullo, de ambición, de independencia, ¿no son cada día más peligrosas? Todo le lleva a disminuir su piedad, a debilitar su fe; pobres hijos; ¡cómo temo por ustedes! Pues bien, ya que el mundo redobla sus esfuerzos para perderles, redoblen también sus esfuerzos y su vigilancia para el combate; escuchen con espíritu dócil las opiniones, los consejos que les serán dados desde lo alto de esta cátedra; se intentará hacerles conocer las trampas que les ponen para que conociéndolas las puedan evitar; pondrán entre sus manos las armas más espirituales con las cuales deben defenderse, se les enseñará a servirse de ellas para triunfar de los ataques siempre repetidos de sus enemigos. (Sermón VII, p 2246)
Marchó al desierto Jesúsmovido por el Espíritu.Cuarenta días y noches, apartándose, ayunó.Pero al final sintió hambrey el diablo entonces le dijo:Si eres el Hijo de Dios,haz que estas piedras se hagan pan,para que con tu poderpuedas el hambre al fin saciar.Pero Jesús le dijo: Escrito está:El hombre no sólo vive de pan, sólo de pan,porque con su Palabra Dios daráel pan de la justicia,la hermandad y la verdad.El diablo llevó a Jesús hasta la parte más altadel Templo en la Ciudad Santay de nuevo lo probó:Si en verdad eres su Hijo,salta pues ya ha sido escrito:Ángeles Él ha mandado sobre ti’no hay qué temer.Te llevarán en sus manossin que tropiece tu pie.Pero Jesús le dijo: Escrito está:A tu Señor y Dios no probarás, no probarás.Su reino instaurará con humildad,se mostrará en el pobre y sufrirá como uno más.El diablo llevó a Jesús a una montaña muy altadonde los reinos del mundopodían verse en esplendor.Y lo tentó nuevamentecuando al mostrarle decía:Cuanto aquí ves puedo dartesi te postras ante mí;tan sólo si tú me adoras será todo para ti.Pero Jesús le dijo: Escrito está:Sólo al Señor tu Dios adorarás, y servirás.Quien sirve al dios dinero o al poder,el reinado de Dios no podrá ver,ni entrar en él.no podrá ver, ni entrar en él.