1 de mayo de 2026

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Evangelio del día

San José Obrero

Hoy rezan por las vocaciones los Hermanos de la comunidad de Huatusco
Ser Hermano es vivir el Evangelio con el corazón abierto a todos.

Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María?
¿Y no son hermanos suyo Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?
Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.
Entonces les dijo: Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Jesús aparece como alguien que levanta preguntas entre la gente. ¿Qué es esto? ¿Quién es éste? Jesús no pasa indiferente. Por donde pasa deja la huella de un alma bella, transparente, en total coherencia entre lo que dice y lo que hace. En el contexto de hoy, las preguntas las hace el pueblo: ¿No es éste el hijo del carpintero?
Lo extraordinario de Jesús es que de 33 años de vida, se pasara treinta en un pueblo pequeño, desconocido, haciendo lo que hace todo el mundo. “En todo igual al hombre excepto en el pecado” (Heb. 4,15). En su pueblo se lo reconoce como “el hijo del carpintero”.

Hoy, en el día de San José obrero, todos los hijos de los obreros, de los trabajadores, se pueden identificar con Jesús. Él siendo Dios, no le importó pasar por este mundo sin ostentar ningún título divino, haciendo uso únicamente del título tan sencillo y tan vulgar como “el hijo del carpintero”. Así Jesús honra a todos los trabajadores del mundo y se siente orgulloso de San José, el humilde carpintero de Nazaret.

Señor, te doy gracias porque en este día de San José obrero he aprendido la grandeza del trabajo cuando se realiza en un contexto de justicia y amor.
Te pido por todos los trabajadores del mundo para que hoy descubran sus derechos y su dignidad.
Que descubran en el trabajo un medio de solidaridad y de fraternidad universal.
Y te pido, de modo especial, por todos aquellos que, queriendo trabajar, no encuentran trabajo.


Los detalles que me das de tus trabajos me han interesado mucho: Dios los bendice visiblemente y nunca se lo agradeceremos bastante: el bien que se hace va a ir en aumento y se va a desarrollar aún más, sin duda ninguna, a pesar de todos los obstáculos que se opongan a ello…
A veces temo que tu salud no pueda resistir el arduo trabajo de que estás encargado; procura no entregarte a ello con demasiado esmero, y no consultes solamente la Regla, consulta también tus fuerzas: sé dócil a los consejos de prudencia que el H. Pablo sin duda te ha de dar. (Al H. Jacinto, 1847)

Hoy a tus pies ponemos nuestra vida.   
Hoy a tus pies, glorioso San José. 
Escucha nuestra oración y por tu intercesión    
obtendremos la paz del corazón.   

En Nazaret, junto a la Virgen Santa.
En Nazaret, glorioso San José,
cuidaste al niño Jesús, pues por tu gran virtud
fuiste digno custodio de la luz.

Con sencillez, humilde carpintero.
Con sencillez, glorioso San José,
hiciste bien tu labor obrero del Señor,
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste Fe en Dios y su promesa.
Tuviste Fe, glorioso San José.
Maestro de oración, alcánzanos el don
de escuchar y seguir la voz de Dios.


La fiesta de San José Obrero fue instituida en 1955 por el papa Pío XII, en el contexto de los cambios sociales y laborales del siglo XX. El objetivo fue dar un sentido cristiano al Día Internacional del Trabajo, que ya se celebraba ese mismo día en muchos países. La Iglesia quiso presentar a San José como modelo de trabajador justo, sencillo y silencioso, que mantuvo a su familia con el trabajo de sus manos.
La elección del 1º de mayo no fue casual, ya que ese día estaba asociado a movimientos obreros y, en algunos contextos, a ideologías alejadas de la fe. Con esta fiesta, la Iglesia propuso una visión del trabajo humano como participación en la obra creadora de Dios, camino de santificación personal y medio para servir a los demás y construir una sociedad más justa.