Dijo Jesús: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
Este texto nos pone delante una verdad decisiva: la fe en Jesús no es una idea más, sino una opción que toca lo más profundo de la vida.Creer en el Hijo es abrirse a una relación viva con Él. No se trata solo de aceptar una doctrina, sino de confiar, de apoyarse en su palabra, de dejar que su vida transforme la nuestra. Por eso, quien cree ya tiene Vida eterna: no es solo una promesa futura, sino una realidad que comienza ahora, en el corazón que vive unido a Cristo. Es una vida nueva, llena de sentido, de paz y de esperanza, incluso en medio de las dificultades.En cambio, negarse a creer no es simplemente “no entender” o “dudar”, sino cerrarse a esa luz. Es elegir vivir sin esa relación con Dios que da plenitud. Por eso el texto habla de la “ira de Dios”: no como un castigo caprichoso, sino como la consecuencia de rechazar el amor. Cuando alguien se cierra a Dios, se queda en la oscuridad, lejos de la fuente de la Vida.Nos recuerda el Papa Francisco:“La vida eterna no es una ilusión, no es una fuga del mundo, sino una poderosa realidad que nos llama y compromete a perseverar en la fe y en el amor.” (30 de noviembre de 2015).
Tomemos, pues, esta resolución sincera, eficaz, inquebrantable de entregarnos siempre al servicio del único maestro, que es eterno y que no está sujeto a ningún cambio. Al servicio de este gran Dios que es el principio, la fuente y la plenitud de todo bien. No estamos en la tierra más que para conocerlo, amarlo y servirlo como Él merece ser amado, con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, para poder adquirir así la vida eterna. Amémoslo, seamos totalmente para Él en el tiempo y Él será todo para nosotros en la eternidad” (Reflexión sobre el fin del hombre)
Nuestros corazones insaciables sonhasta que conocen a su Salvador.Tal y como somos nos amó.Hoy nos acercamos sin temor.Él es el agua que al bebernunca más tendremos sed¡Jesucristo basta!Mi castigo recibióy su herencia me entregó.¡Jesucristo basta!Fuimos alcanzados por su gran amor.Con brazos abiertos nos recibe hoy.Tal y como somos nos amó.Hoy nos acercamos sin temor.Ahora hay un futuro y esperanza fiel.En su amor confiamos, hay descanso en Él.