10 de octubre de 2026

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Evangelio del día

Santo tomás de Villanueva

Jesús estaba hablando cuando una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: ¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!
Jesús le respondió: Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Algunos exégetas se preguntan si este breve relato no será una variante del otro en que la madre y hermanos de Jesús fueron a buscarlo a él (Lc 8,19-21) (E. Klostermann). Hay quienes descartan esta hipótesis (J.A. Fitzmyer). Sea lo que sea de esta cuestión, el hecho es que la respuesta de Jesús en ambos caos es la misma: la mayor grandeza y la mayor dicha es escuchar la palabra de Dios y cumplirla. Eso es lo más importante en la vida que incluso tener la relación de parentesco más íntima que se puede tener con Jesús, la relación “madre-hijo”.

Pero, ¡atención!: lo decisivo no es “oír” la Palabra de Dios, sino” cumplirla”. O sea, lo decisivo es que la Palabra de Dios se constituya en el principio determinante y organizativo de nuestra vida. Hay que recordar aquí, que las culturas de medio oriente, la palabra no tenía principalmente la función de signo que transmite un conocimiento, sino que era considerada como una fuerza que transformaba el ámbito en el que penetraba. Toda la Biblia se da ha de entender desde este punto de vista. De ahí que integra la Palabra de Dios en la propia vida es más determinante que ser de la familia de Jesús.Pero hay algo más fuerte aún. Según el N.T.,

la Palabra de Dios es Jesús. Esto ya se dice en los sinópticos (Mc4,14ss; Lc5,1…). Pero, sobre todo, es en el evangelio de Juanen el que se afirma que la Palabra se ha hecho carne (Jn 1, 14), es decir, que la Palabra de Dios se ha hecho humanidad. Lo cual es como decir debilidad, bondad, cercanía humana, amor. Por eso, lo que en definitiva afirma Jesús- y en lo que insiste- es que lo más importante en la vida es ser profundamente humanos; en palabra del Papa Francisco: Evangelizar es humanizar”. Esto es lo que importa de verdad. Porque es mediante nuestra humanización como encontramos a Dios. De la misma manera que haciéndose humano es como Dios nos encontró a nosotros.

María Santísima, a la que hemos propuesto elegir como patrona y especial protectora, esta Madre de bondad y de misericordia, siempre tan atenta a las necesidades de sus hijos, que conoce bien nuestra indigencia, nuestras debilidades y nuestras enfermedades; esta divina María siempre tan preocupada por favorecer todo lo que se hace para gloria de su Hijo, en este momento, en oración con nosotros, se asocia ya a nuestros trabajos; pide para nosotros el espíritu de humildad, de celo, de obediencia, de pobreza, de renuncia; y sin duda, que si no ponemos ningún obstáculo a la eficacia de sus plegarias, vamos a obtener por ella las mejores gracias, las más preciosas. (Apertura retiro de Saint-Méen, 1826)

Señora del Camino,
muéstrame la vía para llegar
al Padre al lado de tu Hijo.

Señora del Camino,
en mi oración te pido
que no me dejes nunca;
me siento como un niño.

Dame tu luz para avanzar
y en la noche oscura guíame.

Hazme transparente como fue tu vientre.
Para dar a luz la vida,
ponme con tu Hijo,
Señora del Camino.

Señora del Camino,
muéstrame la vía para llegar
al Padre, al lado de tu Hijo.


Santo Tomás de Villanueva nació en Fuenllana, España, en 1486 y creció en Villanueva de los Infantes. De sus padres aprendió la fe y la generosidad con los necesitados. Estudió en la Universidad de Alcalá y después ingresó en la Orden de San Agustín, en Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1518 y se destacó como predicador, formador y superior de comunidades religiosas.
En 1544 fue nombrado arzobispo de Valencia, aunque hubiera preferido continuar en la vida conventual. Trabajó para renovar la diócesis, visitó sus parroquias y fundó un colegio para la formación de futuros sacerdotes. Su dedicación a los necesitados le valió los nombres de ‘Limosnero de Dios’ y ‘Arzobispo de los pobres‘. Murió en Valencia en 1555.