Pedro dijo a Jesús: Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.Jesús respondió: Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.
Dejar seguridades, afectos, proyectos o comodidades siempre implica una pérdida, y Jesús no niega eso. De hecho, menciona también “las persecuciones”, como diciendo que el seguimiento no elimina el dolor ni garantiza una vida fácil.Pero la promesa de Jesús es profunda: quien entrega algo por amor y por fidelidad al Evangelio no queda vacío. Recibe “el ciento por uno”. No necesariamente como riqueza material, sino como una nueva manera de vivir. Aparecen nuevos vínculos, nuevas familias, nuevas formas de pertenecer y de amar. Muchas personas descubren esto cuando sirven, acompañan, perdonan o eligen un camino de sentido antes que uno de comodidad. Pierden algo, sí, pero también ganan una profundidad que antes no conocían.La frase final, «muchos de los primeros serán los últimos y los últimos los primeros”, rompe la lógica habitual del mundo. Jesús cuestiona la idea de éxito basada en poder, prestigio o reconocimiento. En el Reino de Dios, el valor de una persona no se mide por cuánto posee o cuánto domina, sino por cuánto ama, cuánto entrega y cuánto es capaz de permanecer fiel incluso en medio de las dificultades.Es una invitación a confiar. A veces tememos soltar algo porque creemos que perderemos demasiado. Este texto sugiere que hay cosas que sólo pueden encontrarse cuando uno se anima a desprenderse, la libertad interior, la fraternidad auténtica y una vida con sentido más profundo. Nada de lo que se entrega por amor verdadero queda estéril.
Busquemos en primer lugar el Reino de Dios y su justicia y lo demás se nos dará como recompensa. (A la congregación de San Pedro, 1829)
Todo para vos, sólo para vos.Yo soy para Dios. Mi nombre, el dibujo de la huella digitalque delinea mi identidad.Mi historia,el camino que he tenido que abrazar,mi cansancio y el deseo de llegar.Y mis anhelos,mi más profundo sueño,cada suspiro de mi corazónes tuyo.Todo para vos, sólo para vos.Yo soy para Dios. Mis manosy el esfuerzo cotidiano por el pan,la cosecha y la siembra.Mi cuerpo y mi alma, mi salud, mi enfermedad,mi virtud y mi debilidad.Y mis afectos,a quienes yo más quiero,cada mirada que alumbra mi vozes tuya, mi Señor.Todo para vos, sólo para vos.Yo soy para Dios. Mi todo, mi 100%,mi todo, mi 100%,de sol a sol, de enero a enero,de vientre a vientre, te lo entrego.