Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.Cuando venga el Espíritu de la VERDAD, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Para los judíos del tiempo de Jesús el camino, la verdad y la vida eran claros: La ley de Moisés marcaba netamente la senda a seguir y la verdad a creer y con eso tenías la vida asegurada. También estaban los profetas, pero mucho caso nunca le hicieron. A la Torá, sí, a rajatabla. Eso sí, con un montón de normas más, que a lo largo del tiempo le fueron agregando los sabios hebreos.Jesús sin embargo dice que él es el Camino, la Verdad y la Vida y que para entender esto hay que tener a su Espíritu anidando dentro. Hoy nos dice que el Espíritu nos dará a conocer toda la VERDAD.Nos cuesta el tema de la verdad. Es difícil que una mentirita, una tergiversación de la realidad, un manejo por izquierda de algunas situaciones, no se nos escapen. Lo cierto es que vivimos un mundo donde la mentira está institucionalizada. Las propagandas nos pintan un mundo ideal asociado a ciertos productos. Los políticos nos dibujan futuros esplendorosos, que ya fueron prometidos ayer y serán prometidos mañana y que nunca se concretan. Sin embargo, “la verdad los hará libres”, dice Jesús. La mentira destruye, envenena las relaciones, instaura la desconfianza entre los miembros de una comunidad, quita espontaneidad, hace que se esté siempre a la defensiva. La Verdad con mayúscula, Jesús, nos hace libres. Pidamos que venga a nosotros el Espíritu de la Verdad.
Me apresuro a responder a la carta que el P. Evain me acaba de entregar en tu nombre. No lo hago porque espero que tengas más en cuenta mis nuevas observaciones que las anteriores, sino porque no quiero que puedas considerar mi silencio como una aprobación. Te debo la verdad y te la diré toda, sin vueltas y sin otras consideraciones que las requeridas por la caridad”. (Al H. Ivy Guilloux, que quiere dejar la congregación. 12-08-1839)
En Fátima apareciste,oh, Virgen, Madre de Dios,a tres humildes pastoresllamando a la conversión.¡Ave María, Ave María!Rezad el santo Rosario,rezadlo a diario, rezad.Así vendrá paz al mundoy de la guerra, el final.¡Ave María, Ave María!En Fátima, dolorosamostraste el fuego infernal,pidiendo para salvarnostu Corazón venerar.¡Ave María, Ave María!Cargad con el sufrimiento,ponedlo en manos de Dios,por bien de los pecadoresen santa reparación.¡Ave María, Ave María!En Fátima, Virgen Santa,llamaste a un nuevo fervor,pediste más penitencia,pediste más oraciónpor Jesús y con María.¡Ave María, Ave María!Mirad, qué gran sufrimientoel mundo padecerá,más no tengáis miedo alguno,mi Corazón triunfará.¡Ave María, Ave María!