23 de abril de 2026

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Evangelio del día

San Jorge

Jesús les dijo: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.

Jesús se presenta como el “Pan de Vida”. No como un alimento pasajero, como el maná del desierto, que calmaba el hambre por un tiempo, pero no daba la plenitud. Él ofrece algo distinto: una vida que no se agota, una presencia que no se termina.
Y esto interpela directamente al educador cristiano: ¿qué estamos ofreciendo a los demás? ¿contenidos que pasan o un encuentro que transforma?

En la pedagogía menesiana, el educador está llamado a reflejar este estilo de Cristo. Así como Jesús se hace pan, también el catequista, el docente, el formador, está invitado a hacerse cercano, disponible, entregado, convirtiéndose en alimento para la vida de los otros: en paciencia, en escucha, en testimonio.
Es entrega concreta por el bien de los niños y jóvenes, especialmente de los más necesitados. No alcanza con buenas intenciones; hace falta una donación real de tiempo, de energía, de corazón.

Este texto también nos recuerda algo esencial: nadie puede dar lo que no recibe. Para ser pan para los demás, primero hay que alimentarse de Cristo. La vida espiritual, la oración, la Eucaristía no son añadidos, sino la fuente desde donde brota toda misión educativa.


Varios de sus Hermano se han entregado para ir a llevar hasta los confines del mundo el santo Evangelio de Jesucristo; han dejado todo, han sacrificado todo por esto. Y desde el fondo de esos lejanos países donde se encuentran, les dicen: Ustedes que son nuestros hermanos, imítennos; si no es dejando a sus padres y su patria para ir a evangelizar a los negros, por lo menos evangelicen a esa multitud de niños que les son confiados y que, si ustedes los abandonan, si los privan de sus cuidados, quedarán expuestos a todo género de seducciones. Como nosotros, merecerán la hermosa y rica corona de los apóstoles… ¡Mañana, hermanos míos, mañana la eternidad! (Retiro a los Hermanos, S. VII p. 2221-22)

Dime cómo ser pan.
Dime cómo ser pan,
cómo ser alimento
que sacia por dentro.
que trae la paz

Dime cómo ser pan.
Dime cómo ser pan.
Dime cómo acercarme
a quien no tiene aliento,
a quien cree que es cuento
el reír, el amar.

Dime cómo ser pan.
Dime cómo dejarme
comer poco a poco,
entregándolo todo
y llenándome más.

Dime cómo ser pan.
Dime cómo ser pan,
cómo ser para otros
en todo momento
alimento y maná.

Tú que eres el pan de la vida,
Tú que eres la luz y la paz,
Tú que empapas la tierra
cuando llueves el cielo,
dime cómo ser pan.
Tú que haces de mí tu reflejo,
Tú que abrazas mi debilidad,
Tú que sacias mi hambre
cuando vuelvo de lejos
dime cómo ser pan.

Dime cómo ser pan
que cura la injusticia.
Dime cómo ser pan
que crea libertad.

San Jorge nació hacia el siglo III, probablemente en Capadocia (actual Turquía), en el seno de una familia cristiana. Desde joven siguió la carrera militar y llegó a ser un soldado del ejército romano bajo el emperador Diocleciano.
Cuando el emperador inició una persecución contra los cristianos, Jorge se negó a renunciar a su fe. Por el contrario, proclamó abiertamente que era cristiano y denunció la injusticia de la persecución. Debido a esto, fue arrestado y sometido a crueles torturas para obligarlo a renegar, pero se mantuvo firme en su fe.
Finalmente, fue martirizado alrededor del año 303 d.C., probablemente en Palestina. Su testimonio de valentía y fidelidad a Cristo lo convirtió en un ejemplo para los primeros cristianos.
Con el paso del tiempo, surgió la famosa leyenda de San Jorge y el dragón, en la que aparece como un caballero que vence a un monstruo para salvar a una princesa. Esta historia simboliza la lucha del bien contra el mal y la victoria de la fe sobre las fuerzas del mal.
San Jorge es venerado como mártir y patrono en muchos países y ciudades, y su fiesta se celebra el 23 de abril. Su figura representa el coraje, la fe firme y la defensa de los más débiles.