13 de mayo de 2026

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Evangelio del día

Nuestra Señora de Fátima

Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la VERDAD, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Para los judíos del tiempo de Jesús el camino, la verdad y la vida eran claros: La ley de Moisés marcaba netamente la senda a seguir y la verdad a creer y con eso tenías la vida asegurada. También estaban los profetas, pero mucho caso nunca le hicieron. A la Torá, sí, a rajatabla. Eso sí, con un montón de normas más, que a lo largo del tiempo le fueron agregando los sabios hebreos.

Jesús sin embargo dice que él es el Camino, la Verdad y la Vida y que para entender esto hay que tener a su Espíritu anidando dentro.  Hoy nos dice que el Espíritu nos dará a conocer toda la VERDAD.

Nos cuesta el tema de la verdad. Es difícil que una mentirita, una tergiversación de la realidad, un manejo por izquierda de algunas situaciones, no se nos escapen. Lo cierto es que vivimos un mundo donde la mentira está institucionalizada. Las propagandas nos pintan un mundo ideal asociado a ciertos productos. Los políticos nos dibujan futuros esplendorosos, que ya fueron prometidos ayer y serán prometidos mañana y que nunca se concretan. 

Sin embargo, “la verdad los hará libres”, dice Jesús. La mentira destruye, envenena las relaciones, instaura la desconfianza entre los miembros de una comunidad, quita espontaneidad, hace que se esté siempre a la defensiva. La Verdad con mayúscula, Jesús, nos hace libres. Pidamos que venga a nosotros el Espíritu de la Verdad.


Me apresuro a responder a la carta que el P. Evain me acaba de entregar en tu nombre. No lo hago porque espero que tengas más en cuenta mis nuevas observaciones que las anteriores, sino porque no quiero que puedas considerar mi silencio como una aprobación. Te debo la verdad y te la diré toda, sin vueltas y sin otras consideraciones que las requeridas por la caridad”. (Al H. Ivy Guilloux, que quiere dejar la congregación. 12-08-1839)

En Fátima apareciste,
oh, Virgen, Madre de Dios,
a tres humildes pastores
llamando a la conversión.
¡Ave María, Ave María!

Rezad el santo Rosario,
rezadlo a diario, rezad.
Así vendrá paz al mundo
y de la guerra, el final.
¡Ave María, Ave María!

En Fátima, dolorosa
mostraste el fuego infernal,
pidiendo para salvarnos
tu Corazón venerar.
¡Ave María, Ave María!

Cargad con el sufrimiento,
ponedlo en manos de Dios,
por bien de los pecadores
en santa reparación.
¡Ave María, Ave María!

En Fátima, Virgen Santa,
llamaste a un nuevo fervor,
pediste más penitencia,
pediste más oración
por Jesús y con María.
¡Ave María, Ave María!

Mirad, qué gran sufrimiento
el mundo padecerá,
más no tengáis miedo alguno,
mi Corazón triunfará.
¡Ave María, Ave María!


Los 4 primeros menesianos llegan a HAITÍ en 1864 dirigidos por el H. Athénodore. Abren una escuela en Puerto Príncipe y luego otra en Jacmel. Diversos siniestros hacen que cambien de domicilio tres veces en cinco años. En 1869 la situación se hace insostenible y se ven obligados a cerrar las escuelas. Pero un grupo vuelve en 1872, dirigido por un veterano de las Antillas, el H. Lyphard. Esta vez la obra resiste a pesar de las convulsiones políticas, las epidemias mortíferas, los incendios y tornados.


Según el relato de los tres pequeños pastores portugueses —Lucía dos Santos y sus primos Francisco Marto y Jacinta Marto— la Virgen comenzó a aparecerse el 13 de mayo de 1917 en la Cova da Iria, cerca del pueblo de Fátima, en Portugal.
María se presentó como “la Señora del Rosario” y pidió oración, especialmente el Rosario diario y ofrecer sacrificios por la paz del mundo y la conversión de los pecadores.
Las apariciones se repitieron cada mes hasta el 13 de octubre de 1917. Ese último día ocurrió el llamado “milagro del sol”, presenciado por miles de personas: muchos afirmaron haber visto al sol moverse y emitir luces extraordinarias. La Virgen también comunicó a los niños mensajes proféticos y espirituales, conocidos como “los secretos de Fátima”.
La Iglesia reconoció oficialmente las apariciones. Hoy el santuario de Fátima es uno de los principales lugares de peregrinación del mundo católico.