Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará.Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.Aquel día no me harán más preguntas.Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Jesús sabe que vienen horas oscuras: el miedo, la dispersión, el silencio del sepulcro. Por eso les anuncia algo que parece contradictorio: “ustedes van a llorar”, mientras “el mundo se alegrará”. El mal parece triunfar por un momento; quienes aman a Jesús sienten que todo se derrumba. Pero les asegura que esa tristeza se convertirá en gozo.La imagen del parto es profundamente humana y espiritual. Toda verdadera fecundidad pasa por alguna forma de entrega, paciencia y dolor. También en la vida cristiana muchas veces hay noches oscuras: decepciones, cansancios, pérdidas, momentos en que Dios parece callar. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que Dios puede hacer nacer vida precisamente allí donde parecía haber fracaso. La cruz no fue el final sino que fue el comienzo de la Resurrección.Este texto también ilumina nuestra vida cotidiana. Hay lágrimas que nacen del amor: el esfuerzo de educar, de servir, de perdonar, de mantenerse fiel en tiempos difíciles. A veces el bien parece pequeño y el mal hace más ruido. Pero Jesús asegura que el dolor vivido con Él nunca es estéril. En las manos de Dios, toda fidelidad termina floreciendo.Este Evangelio nos recuerda también la vida de tantos hermanos y laicos docentes que sembraron en medio de dificultades, pobreza y cansancio. Muchos no vieron inmediatamente los frutos de su trabajo; sin embargo, perseveraron porque creían que cada niño educado era una esperanza nueva para el mundo. Como la madre que da a luz, aceptaron el sacrificio por la alegría de ver nacer vida en el corazón de los jóvenes.¿Trabajamos confiando en el fruto que vendrá?¿Creemos que Dios puede hacer fértil nuestro aparente estéril esfuerzo?
¡Y tú, también, lo ves todo negro! ¿Para qué sirve eso? Si juzgamos el futuro con nuestros miedos, es seguro que los males no acabarán, y que una nueva catástrofe nos amenaza de nuevo. ¿No es mejor cerrar los ojos y dormir un dulce sueño de fe, de amor, de confianza en la Providencia, antes de atormentarnos con conjeturas funestas?” (Al H. Ambrosio)
Yo he pasado por el fuegoy tú estuviste allí.aunque el mundo me fallóTú nunca te fuiste de mí.Tu amor no se cansa,tu gracia me alcanzó;aun cuando dudé,me perdonaste, Señor.¡Oh, Jesús! Mi roca y salvación.¡Oh, Señor! Mi eterna canción.Nunca me dejarás,siempre me amarás.Tu mano me sostieneen cada temporal.Cuando el alma se quebrótú viniste a restaurar.Y hoy puedo cantarde tu fidelidad.Tú eres mi escudo,mi fiel protector.en ti confíomi amado Señor.