13 de abril de 2026

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Evangelio del día

San Sabas Reyes Salazar – San Martín I

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él.
Jesús le respondió: Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.
Nicodemo le preguntó: ¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?
Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Ustedes tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.

Jesús tiene un profundo encuentro con Nicodemo, un fariseo que busca comprender mejor su enseñanza. En esta conversación, Jesús le habla del nuevo nacimiento, una transformación espiritual que sólo puede venir del Espíritu Santo.
Nicodemo, atado a su lógica humana, no entiende cómo alguien puede volver a nacer. Pero Jesús le muestra que no se trata de un nacimiento físico, sino de una renovación interior.

Este pasaje nos invita a dejar atrás nuestras viejas formas de pensar y abrirnos a la acción de Dios en nuestra vida. Nacer del Espíritu significa permitir que el amor y la gracia de Dios nos transformen, guiándonos hacia una vida nueva y llena de su presencia.

Muchas veces queremos entenderlo todo antes de creer, pero Jesús nos llama a la confianza. Nos invita a dejar que el viento del Espíritu sople sobre nosotros, llevándonos más allá de nuestras dudas y miedos.

Las señales que Jesús hace pueden engendrar curiosidad, pero no engendran la entrega, en la fe. No hacen ver el Reino de Dios presente en Jesús. Por esto es necesario dar un paso más, hay que dejar de lado las certezas y seguridades y entregarse totalmente. Escoger entre, guardar la seguridad que le viene de la religión organizada con sus leyes y tradiciones o lanzarse a la aventura del Espíritu que Jesús nos propone.


‘El Espíritu del Señor reposará sobre ellos’. ¡Qué promesa! El descanso del Espíritu de Dios sobre un alma es inefable. ¿Quién podrá comprender y contar estos secretos de amor, estos misterios del cielo? ¡Un alma bien amada del Espíritu de Dios!… Oh, pobre alma, ¿cuándo serás bautizada en el Espíritu Santo? (Memorial 70-71)

Era un fariseo como el mejor,
y entre los judíos casi un doctor.
Ya van a ver lo que ocurrió
con este buen Señor.
Tanto su prestigio lo avergonzó
que salió de noche a verlo al Señor.
Noche de encuentro,
noche de sueños, noche de conversión.

Nico, Nicodemo que vas a hacer,
eres el maestro aquí en Israel.
Aunque peines canas en tu vejez,


siempre hay algo nuevo para aprender.
Nico no te rindas, Nico creé,
que si no jamás podrás renacer.
Todos sabemos que, en el bautismo,
volvemos a nacer.

Sé que tú has venido para enseñar,
nadie puede hacerlo si no eres tú.
Quien es capaz de actuar así,
si Dios no está con él.
Mi querido amigo debes saber,
tú eres el maestro aquí en Israel.
El que renace desde lo alto,
mi reino puede ver.

¿Cómo un hombre viejo puede nacer,
si con su mamá no puede volver?
Quiero saber cómo hay que hacer
si ya nací una vez.
Aunque sople el viento nunca sabrás,
ni de dónde viene ni a dónde va.
¡Ay! Nicodemo debes creerme;
sólo es cuestión de fe.


San SABAS REYES SALAZAR (1883-1927) fue un sacerdote mexicano, mártir de la persecución contra la Iglesia llevada a cabo por el presidente Plutarco Elías Calles. Se ocupaba de la formación de los niños y jóvenes, tanto en la catequesis como en la enseñanza de ciencias, oficios y artes, sobre todo la música. Siendo vicario de Tototlán, Jalisco, fue capturado por las tropas federales en la Semana Santa de 1927, cuando arribaron al pueblo en busca de otro sacerdote. Además de incendiar el templo y practicar tiro al blanco con las estatuas, lo torturaron para finalmente asesinarlo a tiros. El papa Juan Pablo II lo canonizó en el año 2000.

San MARTÍN fue el último Papa martirizado. Nació en Todi, Italia, y se distinguió entre los sacerdotes de Roma por su santidad y su sabiduría. Fue elegido Papa en el año 649 y poco después convocó a un Concilio para condenar la herejía de los que decían que Jesucristo no había tenido voluntad humana, sino solamente voluntad divina.
Como el emperador de Constantinopla Constante II era hereje monotelista, envió a un batallón militar para darle muerte. Sin embargo, el ataque fue infructuoso, provocando la cólera del emperador. Éste mandó otro batallón, y aprovechando la enfermedad del Papa, lo hicieron prisionero y lo trasladaron a Constantinopla.
Al llegar a Constantinopla, el Emperador lo expuso en público para que el pueblo lo humillara y lo insultara. Un tribunal de herejes lo condenó sin permitirle que dijera una palabra en su defensa, encerrándolo en el calabozo por tres meses. Por petición del Patriarca de Constantinopla, el Papa logró ser desterrado al desierto, donde padeció más tormentos y sufrimientos, que no le impidieron continuar orando a Dios por sus feligreses y enemigos. Falleció en el año 656.