29 de mayo de 2026

Jue
28
May
Vie
29
May
Sáb
30
May
Dom
31
May
Lun
01
Jun
Mar
02
Jun
Mié
03
Jun

Evangelio del día

San Pablo VI, papa

Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos» Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo.
Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.
Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado. Jesús respondió: Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas.

Señor, Padre misericordioso. Tú has elegido a algunos hijos tuyos para que anuncien tu amor en el mundo, y así haces posible que llegue a todos los pueblos el fruto sabroso de tu Presencia.
Haz que nuestro fruto permanezca a través de nuestra comunión contigo y con tu Hijo Jesús.
Ayúdanos a acogerlo como al Amigo y Maestro que cada día entra en el templo santo de nuestra vida. Que él renueve cada día su alianza con nosotros por nuestra fe y nuestra oración, que rebosen de confiado abandono. Amén.

  • Jesús entró en Jerusalén, en el templo”. Una de las características de este pasaje es el continuo movimiento de de Jesús, expresado en la repetición alternativa de los verbos “entrar” y “salir” (vv. 11; 12; 15; 19). Realmente el Señor viene continuamente a nuestra vida, entra en nuestros espacios, en nuestra experiencia, pasa, anda entre nosotros y con nosotros, pero luego se va, se aleja, se deja buscar y esperar, y vuelve de nuevo y se deja encontrar. No desdeña entrar en la ciudad Santa, en el templo, ni tampoco dentro de nosotros, en nuestro corazón, ofreciéndonos su visita salvadora.
  • “Sintió hambre”. El verbo usado por la pluma de Marcos es el mismo que usan Mateo y Lucas al narrar las tentaciones en el desierto (Mt 4, 2: Lc 4, 2), y pretende concretar una situación de debilidad, de fragilidad, de necesidad, de cansancio. Jesús busca algo más que un simple alimento para calmar su hambre; no es a la higuera a la que pide algo fuera de tiempo, sino que pide a su pueblo, a nosotros, el buen fruto del amor, que se sirve en la mesa de la alianza, del sí pronunciado con fe y con confianza.     
  • “una higuera con hojas”. La figura de la higuera, que en este pasaje ocupa un lugar central, es un símbolo muy fuerte del pueblo elegido, Israel; del templo y del culto ofrecido en él a Dios; e incluso de nosotros mismos, si así lo aceptamos, es decir, de la verdad más profunda que hay en nuestro corazón.

Las hojas de la higuera remiten claramente a la experiencia de Adán en el jardín del Edén, a su implicación con el pecado, a su desnudez y a su vergüenza posterior.
Al pararse ante la higuera mientras iba de camino hacia Jerusalén y dirigir su mirada a las hojas que ocultan la falta de fruto, Jesús desvela nuestra verdad y deja al desnudo nuestro corazón, no para condenarlo, sino para salvarlo, para curarlo. De hecho, el fruto de la higuera es dulce; el Señor, para hablar a nuestra vida, busca la dulzura del amor. De esta manera, la higuera estéril, privada de fruto y de vida, hace presente el tiempo vacío de sentido y profanado, usado no para la relación con Dios, sino para la huída y para el no-encuentro. Como sucedió a Adán, así sucedió a Israel y tal vez lo mismo nos sucede también a nosotros.


Parecida a una planta recién nacida, que pronto se seca cuando se nos olvida regarla y cultivarla con cuidado, la piedad se queda agostada en nuestro corazón y lejos de producir frutos al desarrollarse, cada día mueren algunas de sus raíces. No es suficiente con conocer el mal y deplorarlo, hay descubrir sus causas y remediarlas. (Sobre la perfección)

Los lirios del campo y las aves del cielo
No se preocupan
porque están en mis manos.
Tené confianza en mí,
acá estoy junto a vos.
Amá lo que sos y tus circunstancias.
Estoy con vos, con tu cruz en mi espalda.
Todo terminará bien.
Yo hago nuevas todas las cosas.

Yo vengo a traerte vida,
vida en abundancia, en abundancia.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida,
Vida en abundancia, en abundancia.

No hice al hombre para que esté solo.
Caminen juntos como hermanos,
sopórtense mutuamente,
ámense unos a otros.
La felicidad de la vida eterna
empieza conmigo en la tierra.
Sentite vivo,
la fiesta del reino comienza acá.


Pablo VI, nacido como Giovanni Battista Montini en 1897 en Concesio, Italia, fue el papa número 262 de la Iglesia católica. Provenía de una familia profundamente católica y desde joven mostró interés por la formación intelectual y el servicio religioso.
Fue ordenado sacerdote en 1920 y trabajó muchos años en la diplomacia vaticana y en la Secretaría de Estado. También fue arzobispo de Milán, donde se destacó por su cercanía con los trabajadores y por impulsar una Iglesia más abierta al diálogo con el mundo moderno.
En 1963 fue elegido papa tras la muerte de Juan XXIII. Su pontificado estuvo marcado principalmente por la continuación y conclusión del Concilio Vaticano II, una gran reforma que renovó muchos aspectos de la vida de la Iglesia, como la liturgia, el diálogo con otras religiones y la relación con la sociedad contemporánea.
Pablo VI fue también el primer papa en realizar numerosos viajes internacionales, visitando países de varios continentes para promover la paz y la unidad. En 1965 habló ante la Organización de las Naciones Unidas, donde pronunció su famoso llamado: “¡Nunca más la guerra!”
Entre sus documentos más conocidos está la encíclica Humanae Vitae, sobre el matrimonio y la transmisión de la vida, que generó amplio debate dentro y fuera de la Iglesia.
Murió el 6 de agosto de 1978 en Castel Gandolfo. Fue canonizado en el 2018 por el papa Francisco.