Al atardecer del primer día de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! El les respondió: Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes!Luego dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.Tomas respondió: ¡Señor mío y Dios mío!Jesús le dijo: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Podemos dividir el texto en dos partes claramente definidas: La primera (del v 19-23) es la que podríamos llamar Pentecostés joánico y la segunda parte nos presenta el encuentro con Tomás.Podemos destacar la contraposición que nos presenta el texto: Por un lado, Jesús, estando las puertas cerradas se presenta en medio de ellos. El cuerpo de Jesús resucitado atraviesa las paredes. Hay una discontinuidad entre el cuerpo del Jesús histórico y el cuerpo de Jesús resucitado. Pero el cuerpo de Jesús resucitado lleva las marcas del crucificado. Se da pues al mismo tiempo una continuidad.Lo mismo que no podemos contemplar la omnipotencia del amor de Dios en la cruz sin contemplar las perversiones humanas que aparecen en la Pasión; si no queremos banalizar el amor de Dios, tampoco podemos contemplar al resucitado sin ver en Él las marcas del crucificado. El Jesús resucitado es el Jesús crucificado. Sólo resucita el amor entregado.Jesús viene a los suyos donde se dan situaciones de acogida. Y la primera situación de acogida la determina el hecho de que los discípulos están reunidos entre sí, aunque llenos de temor… sin embargo están reunidos y ciertamente en oración, sosteniéndose mutuamente, en el consuelo recíproco: es ahí donde Jesús viene y manifiesta su presencia.La manifiesta con los dones de su presencia espiritual: paz y alegría. Esta paz y alegría se traducen en una misión: la única misión del Padre hacia el mundo, que es la de Cristo, ahora es la misión de todos los que están en él.Se trata de una misión que nosotros recibimos identificándonos con el Señor y participando en su deseo de ayudar a la humanidad. Es una misión que se realiza en el Espíritu.Por el Espíritu, la misión que recibimos nos hace criaturas nuevas. Y nos lleva a aportar el mensaje de que el pecado, la fuerza opresora, puede desaparecer si se acepta entrar en el Señor y recibir su perdón.La segunda parte (del v 24-31) recoge la actitud de Tomás, llamado el mellizo. El mellizo de Tomás podemos ser cada uno de nosotros, como podemos ser el compañero de Cleofás en el relato de Emaús, del domingo próximo, o el discípulo amado que corrió con Pedro hacia el sepulcro, según el relato del domingo pasado. Cada vez que el evangelista Juan no pone un nombre concreto, como en estos casos, deja espacio para que vos y yo nos hagamos protagonistas del relato, nos metamos en la historia salvífica. Esta segunda parte recoge toda la teología del testimonio. Tomás es la pieza de enganche. Primero Tomás no cree al testimonio de los otros discípulos. Él tiene que ver como ellos para creer. Jesús se aparece a Tomás para confirmar el testimonio que había recibido de los discípulos.Tomás es el elemento intermedio. A partir de ahora la fe en la resurrección deberá fundamentarse en la fe de los testigos que han visto y han anunciado.En la primera parte se nos ha hablado de la misión de los discípulos. En la segunda pasan a primer plano los que representan el fruto de esa misión: los que sin ver creen.En esta parte el versículo clave es el v. 29: su intención es negar la idea de que los testigos oculares tienen alguna ventaja particular en cuanto a la posesión de la alegría y las bendiciones de Jesús resucitado.El evangelio desea subrayar que, en contra de lo que se pudiera imaginar, los que no han visto son igualmente estimados por Dios que los que han visto. Es lo que dice la carta de San Pedro: ‘Sin haberle visto le aman; aunque ahora no le ven, creen en él y se alegran con gozo inefable e intenso’ (1ª Pe 1, 8)Es la hora del Espíritu o de la presencia invisible de Jesús y ha pasado el tiempo de los signos y las apariciones. Lo uno lleva a lo otro. Para Juan, Jesús sigue presente en el Espíritu que estará con los discípulos para siempre. (Hno Merino)
Jesús y sus discípulos: Hay varones y mujeres (como ningún maestro judío), viven en comunidad, reunidos se sostienen unos a otros y en esa vida compartida Jesús se les hace patente, se les muestra. Celebran el descubrirlo y lo testimonian. Pero incluso el mismo Tomás no les cree, quiere hacer su propio camino. Jesús no desespera, sigue formando hasta el final. Y será en la misma comunidad donde lo descubra y confiese como su Señor y su Dios. No hay reconocimiento de Jesús fuera de la comunidad.
Y cuando Santo Tomás, ausente en la primera aparición, rechaza aceptar el testimonio unánime de sus hermanos, de cuya sinceridad no podía sospechar, y declara que no creerá si no ve en los pies del Señor la señal de los clavos, si no mete el dedo en la abertura de sus llagas, y la mano en su costado, ¿no lo acusan de terquedad y de una desconfianza excesiva? ¿Quién es la persona razonable que duda en reconocer como atestiguados y no dudosos una multitud de hechos que están apoyados en menos pruebas y menos fuertes que las de aquí? (Conferencia sobre la resurrección de Jesucristo)
Aunque hayan tormentasy en la tempestadmi vida se sostiene de tu mano.En los momentos durosme aferro fuerte a ti.Tú eres mi fortaleza y mi paz.Tú eres mi esperanzay no vacilare.Creo en tu palabra,creo en el amor que has derramado.Creo en tu presenciay en la vida eterna que nos has dado.
Creo en ti, te lo vuelvo a decir,ante mi evidente debilidad.Aquí estoy, Jesús, me abandono en ti.Cierta estoy de tu fuerza y tu bondad.Creo en ti, porque es riesgo creery es certeza de lo que nadie ve.Aquí estoy, Señor, vuelvo a echar mi reden tu misterioso mar sin final.Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor,pues me dejo llevar por tu fiel voluntad.Por tu gracia yo caminaré.Y creo en ti, Señor, firme estoy en tu amor.A mi fragilidad tú le dices:“Mi gracia te bastará”.Creo en ti, te lo dice mi fe,la seguridad que me da tu amor.Esto soy, mi Dios, alguien que al buscarva encontrando en ti la felicidad.Creo en ti, creeré una vez más,cuando me visite el dolor.Podré descansar en tu inmenso amory morir con los brazos en tu cruz.