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En las categorías Evangelio, Calendario y Novena, se sugiere ampliar el rango de fechas unos días antes.


Santísima Trinidad

Hoy reza por las vocaciones
Gabino Moreno de Huatusco
Los Hermanos transforman el mundo con la fuerza silenciosa de la fraternidad.

Providencia de mi Dios,
oh madre, que tantas veces he invocado,
y a quien he ofrecido, consagrado,
entregado esta casa
y cuantos ha reunido en ella tu gracia.
Providencia siempre buena,
tan sabia, tan llena de piedad y amor
para con tus pobres criaturas;
te adoramos, te bendecimos,
nos abandonamos
en tus manos sin reserva.
Haz de nosotros todo lo que quieras.
Sólo deseamos
cumplir tu voluntad en todo:
En las humillaciones y en las grandezas,
en la pobreza y en la riqueza,
en la salud y en la enfermedad,
en la vida y en la muerte.
Providencia de mi Dios,
vela sobre tus hijos,
afiánzanos, dirígenos.
Sé tú nuestra defensa,
nuestra guía y nuestra esperanza.
¡Dios Sólo en el tiempo!
¡Dios Sólo en la eternidad!
¡Dios Sólo en el día de hoy!
En todo y en cada cosa,
¡Dios Sólo!

  • Por nuestros capellanes y los sacerdotes de nuestras parroquias.
  • Por el Hermano Superior General y los miembros de su Consejo.
  • Por nuestros jóvenes en formación.
  • Por el Papa, para que el Señor lo fortalezca con su Espíritu y lo sostenga en su misión de guiar a la Iglesia.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito San Pablo (Togo – Senegal – Benin – Costa de Marfil).
  • Por la familia menesiana de San Borja y la de San José de Reinosa.

María, modelo de obediencia:
Por su «Fiat», la Santísima Virgen María constituye el modelo de toda obediencia en la fe. Atenta a la Palabra que habita en ella, se dispone en una actitud permanente de escucha y de realización. Acogida por Isabel como madre del Señor, María se presenta como su humilde sierva. Conformándose constantemente a la voluntad de Dios, hace suya la actitud obediente de Jesús, «Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir».

Los Hermanos tendrán la más tierna devoción a la Santísima Virgen: recurrirán a ella muy a menudo, como a su Madre, y se esforzarán, imitando sus virtudes, en merecer que ella atraiga las bendiciones de Dios sobre sus obras.

1992: Désiré-Charles Beaulieu (Arthur)
2021: Médéric Boutin (Roch-Marie)

Santísima Trinidad

Jesús dijo: Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Hoy celebramos nuestra más profunda verdad: Dios es comunión, es familia, es relación, es Trinidad de Personas en un solo Dios verdadero. En el principio existía la comunión, la relación entre las tres personas divinas, hacia dentro y hacia fuera. Dios es relación y de ese principio vivimos nosotros, pues somos su imagen y semejanza. Somos relación. Las relaciones nos definen. Somos, gracias a los lazos que tejemos y que cortamos para más vida. No hay verdad más profunda y decidora de lo que somos. La Santísima Trinidad nos enseña que vivimos, si CON-vivimos.

El misterio de Dios Trinidad viene que liberarnos de la imagen del Dios Poder y a empaparnos del Dios Amor. El Dios trino es la plenitud del amor, porque es su esencia y sólo en la medida que amemos, podremos conocer a Dios.

La Trinidad no es una verdad para creer sino la base de nuestra experiencia cristiana. Una profunda vivencia del mensaje cristiano será siempre una aproximación al misterio Trinitario. Lo más urgente en este momento para el cristianismo, no es explicar mejor el dogma de la Trinidad, sino hacer experiencia de que somos comunión, que nos necesitamos, que los lazos nos definen y que no podemos vivir sin ellos. Nada de lo que podemos pensar o decir sobre Dios es adecuado a su ser. Cualquier definición o cualquier calificativo que atribuyamos a Dios serán incorrectos. Todo lo que sabemos racionalmente de Dios es un estorbo para vivir su presencia vivificadora en nosotros. Callar sobre Dios, es siempre más exacto que hablar. 

El Dios revelado por Jesús, es amor. Pero ¡ojo!, no es un ser que ama sino el amor mismo. En Dios el amor no es una cualidad como en nosotros, sino su esencia. Si dejara de amar un solo instante a un solo ser, dejaría de existir. Esta es la esencia del evangelio.
La mejor noticia que podría recibir cualquier ser humano es que Dios no puede apartarlo de su amor. Esta es la verdadera salvación que tenemos que apropiarnos. Es también el fundamento de nuestra confianza en Dios: saberme amado incondicionalmente y para siempre, aunque yo no corresponda a ese amor.

El Padre no envió al Hijo para juzgar al mundo sino para salvar al mundo y dar la vida eterna. Creer en el misterio de la cruz es creer que Dios entregó a su Hijo para que tengamos vida. La postura ante el misterio de la cruz revela nuestra actitud más profunda ante la vida.
Aceptar el misterio de la cruz es caminar hacia la luz y obrar el bien. No aceptar el misterio de la cruz es permanecer en las tinieblas y no querer caminar hacia la cruz. La cruz revela la profundidad de nuestro corazón, si nuestras obras son buenas o son malas.
La cruz es la que discierne nuestras actitudes y nuestra vida. Hacer verdadera nuestra vida es exponerla al misterio de la cruz, es ir a la luz, es ver si nuestras obras están hechas en Dios.


Jesús y el Padre:
Se sabe amado por él; no sólo se sabe amado, sino que su Padre se lo expresa en distintos momentos de su vida (Bautismo y Transfiguración) y lo hace frente a otros.
Jesús habla de la relación entrañable con su Padre, a veces directamente y otras en parábolas.
Es necesario amar y expresar el amor. El amor no es teoría, no son palabras bonitas; son gestos y acciones dadoras de vida. Ama y haz lo que quieras, nos decía San Agustín, pero ama y sin condición.


Este no es como los otros libros que escriben los hombres o explican penosamente; éste está abierto para todos y cada uno, puede leer en él, en cierto modo, los secretos de Dios, sin que sea necesario ningún esfuerzo del espíritu para comprenderlos. Al echar los ojos sobre la cruz, el más pequeños de los fieles ve enseguida hasta qué punto Dios lo ha amado; descubre la profundidad del abismo al que el pecado nos ha hecho descender, al considerar con qué dolorosos esfuerzos de caridad, nos ha sacado Jesús; juzga la divinidad y el precio del alma, al pensar lo que Jesús ha sufrido para salvarla; y si alguna cosa puede darle una idea de esa dicha que el ojo no ha visto y que nos está reservada, será también la cruz, puesto que ella nos dice que ha sido necesario que Cristo sea expuesto a todos los dolores y colmado de todos los oprobios para merecernos participar con El de su eterna gloria. (A.51)

Cada vez que nos juntamos,
siempre vuelve a suceder
lo que le pasó a María
y a su prima la Isabel:
Ni bien se reconocieron
se abrazaron y su fe
se hizo canto y profecía,
casi, casi un chamamé.

Y es que Dios es Dios familia,
Dios amor, Dios Trinidad.
De tal palo tal astilla,
somos su comunidad.
Nuestro Dios es Padre y Madre,
causa de nuestra hermandad.
Por eso es lindo encontrarse,
compartir y festejar.

Cada vez que nos juntamos
siempre vuelve a suceder
Lo que dice la promesa
de Jesús de Nazareth:
Donde dos o más se junten,
en mi Nombre y para bien,
yo estaré personalmente,
con ustedes yo estaré.

Cada vez que nos juntamos,
siempre vuelve a suceder
lo que le pasó a la gente
reunida en Pentecostés:
Con el Espíritu Santo,
viviendo la misma fe,
se alegraban compartiendo
lo que Dios les hizo ver.


La idea de la Trinidad se fue desarrollando en los primeros siglos del cristianismo a partir de las enseñanzas de Jesús y de los textos bíblicos. Aunque la palabra “Trinidad” no aparece en la Biblia, los primeros cristianos interpretaron que Dios se manifesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Durante los siglos II al IV hubo intensos debates teológicos sobre la naturaleza de Cristo y su relación con Dios Padre. Para aclarar estas cuestiones, la Iglesia celebró varios concilios importantes:
1º Concilio de Nicea: afirmó que Jesucristo es de la misma naturaleza divina que el Padre.
1º Concilio de Constantinopla: completó la formulación doctrinal sobre el Espíritu Santo y consolidó el dogma trinitario.
A partir de entonces, la Trinidad quedó establecida como doctrina fundamental del cristianismo.
La celebración litúrgica apareció primero de manera local en monasterios y algunas iglesias europeas durante la Edad Media. Su expansión fue lenta porque muchos consideraban que toda la liturgia cristiana ya estaba dedicada implícitamente a la Trinidad. Finalmente, en 1334, el papa Juan XXII extendió oficialmente la fiesta a toda la Iglesia católica.

Santa Juana de Arco

Hoy reza por las vocaciones
Emma de Huatusco
El Hermano vive su consagración no para sí, sino para sus hermanos.

  • Por los miembros de LAM y sus proyectos y actividades como Asociación.
  • Por los menesianos, Laicos y Hermanos, de Francia.
  • Por las ONG, que con sus aportes hacen posible que muchas de nuestras obras puedan cumplir con su misión.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de San Pedro Chanel (Tahití – Islas Marquesas).
  • Por la paz en el mundo.

Eucaristía:
La Eucaristía, «signo de unidad y vínculo de caridad», es la fuente y el culmen de la vida comunitaria. Es «el hogar del amor divino, del celo y de la entrega». Los Hermanos encuentran en ella inspiración y sustento. Se unen a la ofrenda de Cristo y renuevan su consagración. De este modo, sacan consuelo e impulso de la Eucaristía para ser signo del amor gratuito y fecundo de Dios por la humanidad.

Si nunca fuéramos frustrados y si todos nuestros esfuerzos fueran completamente exitosos, ¿dónde estarían nuestros méritos? Lee la vida de los santos fundadores de las obras y la de los misioneros, e infórmate, avívate con sus ejemplos.


2005: Isaías López (Anselmo) Nació en 1912 en Treviño (Burgos). Trabajó en Argentina y Uruguay desde el año 1941 hasta su muerte en Villa Gobernador Gálvez.

1974: Joseph Morvan (Numérien)
1976: Wilfrid Lachance (Philippe-Joseph)
1990: Henri Vincent (Simplice-Joseph)
2011: Miguel Ángel Blanco Rodríguez: Nació el 6 de febrero de 1956 en Palencia. Murió en Madrid.

Santa Juana de Arco

Volvieron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?
Jesús les respondió: Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?
Ellos se hacían este razonamiento: Si contestamos: «Del cielo», él nos dirá: «¿Por qué no creyeron en él»? Diremos entonces: «De los hombres»? Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta, respondieron a Jesús: No sabemos.
Y él les respondió: Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.

Lo primero, que llama la atención en este evangelio, es que, después de la acción violenta de Jesús al desautorizar el Templo y a quien en el vendían animales para ellos sacrificios rituales, lo que les preocupaba a los sumos sacerdotes no era si Jesús tenía o no razón, en la tremenda denuncia que hizo de ellos al llamarlos “bandidos”. No. Lo que aquellos clérigos sagrados les preocupaba era el problema del poder. Es decir, si Jesús tenía o no tenía la autoridad (exousía) para desautorizar de forma insultante a los sumos sacerdotes del templo. Es típico de los “hombre de la religión” buscar el poder, exigir poder, interesarse por el poder. El tema de la honradez o de la coherencia, por lo visto, a aquellos clérigos les interesaba menos. O no les interesaba en absoluto.

En la deliberación, para responde a Jesús, no les preocupa tampoco la sinceridad de por qué no aceptaron el mensaje de conversión de Jaun Bautista. Lo que, a toda costa, buscan y quieren es quedar bien ante los que los oyen. Si a la gente de Iglesia le interesa el poder, no le importa menos la imagen pública. De ahí, la notable hipocresía y la falta de sinceridad que se nota y hasta se palpa en gentes, por otra parte, muy religiosas.

Los sacerdotes del templo “tenían miedo” al pueblo. Los evangelios lo dicen repetidas veces (Mc 11,18.32;12,12; Mt 14,5,21,26.46; Lc 20, 1;22,2). Utilizando siempre el verbo griego “phobéomai”, que se deriva del término “phóbos”, angustia, miedo. Los “hombres de religión” los hombres “sagrados”, cuidan sobre todo su imagen pública. Y por eso anteponen esa imagen a cualquier otra cosa. De ahí la hipocresía, la falta de verdad o de sinceridad, que se advierte en tales personajes. Jesús nunca soportó esta manera de proceder en la vida.


En todo lo que ha pasado, lo que más me ha impresionado es la benevolencia de Dios para nuestra congregación: Si Évain se hubiera quedado en Ploërmel, la habría destruido tarde o temprano. Para que su profunda hipocresía fuese descubierta, era necesario que hiciese lo que ha hecho, y que, yéndose lejos, se imaginase estar libre de toda vigilancia y de toda dependencia” (Al H. Ambrosio, 8-10-1842)

Jesús, al contemplar en tu vida,
el modo que tú tienes de tratar a los demás,
 me dejo interpelar por tu ternura.
 Tu forma de amar nos mueve a amar.
 Tu trato es como el agua cristalina,
 que limpia y acompaña el caminar.

Jesús, enséñame tu modo
de hacer sentir al otro más humano.
Que tus pasos sean mis pasos,
mi modo de proceder.

Jesús, hazme sentir con tus sentimientos,
mirar con tu mirada,
comprometer mi acción;
donarme hasta la muerte por el reino,
defender la vida hasta la cruz,
amar a cada uno como amigo
y en la oscuridad llevar tu luz.

Jesús, yo quiero ser compasivo con quien sufre,
buscando la justicia, compartiendo nuestra fe.
Que encuentre una auténtica armonía
entre lo que creo y quiero ser;
mis ojos sean fuente de alegría,
que abrace tu manera de ser.

Quisiera conocerte, Jesús, tal como eres.
Tu imagen sobre mí es lo que transformará
mi corazón en uno como el tuyo,
que sale de sí mismo para dar;
capaz de amar al padre y los hermanos,
que va sirviendo al reino en libertad.


Juana de Arco nació alrededor de 1412 en Domrémy, un pequeño pueblo de Francia, en una familia campesina. Desde joven afirmó escuchar voces de santos y ángeles, que le pedían ayudar a Francia durante la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra.
Con apenas 17 años logró convencer al futuro rey Carlos VII de que le permitiera acompañar al ejército francés. Vestida con armadura, participó en varias campañas militares y tuvo un papel decisivo en la liberación de Orleans en 1429, lo que levantó el ánimo del pueblo francés. Después ayudó a que Carlos VII fuera coronado rey en la ciudad de Reims.
En 1430 fue capturada por los borgoñones, aliados de los ingleses, y entregada a las autoridades inglesas. Fue sometida a un juicio religioso acusada de herejía y brujería. Finalmente, fue condenada y quemada en la hoguera en la ciudad de Ruan el 30 de mayo de 1431, cuando tenía unos 19 años.
Años más tarde, la Iglesia revisó el juicio y declaró inocente a Juana. En 1920 fue canonizada por la Iglesia Católica y hoy es considerada patrona de Francia y símbolo de valentía, fe y patriotismo.

San Pablo VI, papa

Hoy reza por las vocaciones
Carmen Dammann
Ser Hermano es dejarse mover por la compasión hasta el fondo del corazón

Señor, que has dicho:
‘Dejen que los niños vengan a Mí’.
Tú me has inspirado el deseo
de dedicar mi vida
a los niños y jóvenes
para llevarlos a Ti.
Dígnate bendecir mi vocación,
asísteme en mis trabajos de hoy,
derrama sobre mí,
sobre todos mis hermanos
y sobre todos los que trabajamos
en esta obra educativa,
el espíritu de fortaleza,
de caridad y de humildad,
para que nada nos aparte
de tu servicio.
Haz que hoy cumpla con celo
el ministerio educativo
al que me has consagrado.
Hazme perseverar hasta el fin
para alcanzar así
la salvación que nos
has prometido. Amén

Por las misiones en la Iglesia.
Por los países donde reina la división, la violencia, la guerra y por los que aún viven esclavizados en nuestro mundo.
Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones de la Delegación del Congo.
Por la familia menesiana de Huatusco (México) y la de Nanclares de la Oca.
Por la paz en el mundo.

Lectura espiritual:
Se invita a cada comunidad a que determine momentos de lectura espiritual común: los textos pueden servir entonces de punto de partida para enriquecedores intercambios comunitarios.

Jesucristo asciende al cielo para ser nuestro abogado ante su Padre y nuestro pontífice presente ante el trono de Dios. Él intercede continuamente por nosotros, como por sus hermanos.

2014: Marius Ntwatwa (Marius Mary)

San Pablo VI, papa

Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos» Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo.
Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.
Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado. Jesús respondió: Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas.

Señor, Padre misericordioso. Tú has elegido a algunos hijos tuyos para que anuncien tu amor en el mundo, y así haces posible que llegue a todos los pueblos el fruto sabroso de tu Presencia.
Haz que nuestro fruto permanezca a través de nuestra comunión contigo y con tu Hijo Jesús.
Ayúdanos a acogerlo como al Amigo y Maestro que cada día entra en el templo santo de nuestra vida. Que él renueve cada día su alianza con nosotros por nuestra fe y nuestra oración, que rebosen de confiado abandono. Amén.

  • Jesús entró en Jerusalén, en el templo”. Una de las características de este pasaje es el continuo movimiento de de Jesús, expresado en la repetición alternativa de los verbos “entrar” y “salir” (vv. 11; 12; 15; 19). Realmente el Señor viene continuamente a nuestra vida, entra en nuestros espacios, en nuestra experiencia, pasa, anda entre nosotros y con nosotros, pero luego se va, se aleja, se deja buscar y esperar, y vuelve de nuevo y se deja encontrar. No desdeña entrar en la ciudad Santa, en el templo, ni tampoco dentro de nosotros, en nuestro corazón, ofreciéndonos su visita salvadora.
  • “Sintió hambre”. El verbo usado por la pluma de Marcos es el mismo que usan Mateo y Lucas al narrar las tentaciones en el desierto (Mt 4, 2: Lc 4, 2), y pretende concretar una situación de debilidad, de fragilidad, de necesidad, de cansancio. Jesús busca algo más que un simple alimento para calmar su hambre; no es a la higuera a la que pide algo fuera de tiempo, sino que pide a su pueblo, a nosotros, el buen fruto del amor, que se sirve en la mesa de la alianza, del sí pronunciado con fe y con confianza.     
  • “una higuera con hojas”. La figura de la higuera, que en este pasaje ocupa un lugar central, es un símbolo muy fuerte del pueblo elegido, Israel; del templo y del culto ofrecido en él a Dios; e incluso de nosotros mismos, si así lo aceptamos, es decir, de la verdad más profunda que hay en nuestro corazón.

Las hojas de la higuera remiten claramente a la experiencia de Adán en el jardín del Edén, a su implicación con el pecado, a su desnudez y a su vergüenza posterior.
Al pararse ante la higuera mientras iba de camino hacia Jerusalén y dirigir su mirada a las hojas que ocultan la falta de fruto, Jesús desvela nuestra verdad y deja al desnudo nuestro corazón, no para condenarlo, sino para salvarlo, para curarlo. De hecho, el fruto de la higuera es dulce; el Señor, para hablar a nuestra vida, busca la dulzura del amor. De esta manera, la higuera estéril, privada de fruto y de vida, hace presente el tiempo vacío de sentido y profanado, usado no para la relación con Dios, sino para la huída y para el no-encuentro. Como sucedió a Adán, así sucedió a Israel y tal vez lo mismo nos sucede también a nosotros.


Parecida a una planta recién nacida, que pronto se seca cuando se nos olvida regarla y cultivarla con cuidado, la piedad se queda agostada en nuestro corazón y lejos de producir frutos al desarrollarse, cada día mueren algunas de sus raíces. No es suficiente con conocer el mal y deplorarlo, hay descubrir sus causas y remediarlas. (Sobre la perfección)

Los lirios del campo y las aves del cielo
No se preocupan
porque están en mis manos.
Tené confianza en mí,
acá estoy junto a vos.
Amá lo que sos y tus circunstancias.
Estoy con vos, con tu cruz en mi espalda.
Todo terminará bien.
Yo hago nuevas todas las cosas.

Yo vengo a traerte vida,
vida en abundancia, en abundancia.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida,
Vida en abundancia, en abundancia.

No hice al hombre para que esté solo.
Caminen juntos como hermanos,
sopórtense mutuamente,
ámense unos a otros.
La felicidad de la vida eterna
empieza conmigo en la tierra.
Sentite vivo,
la fiesta del reino comienza acá.


Pablo VI, nacido como Giovanni Battista Montini en 1897 en Concesio, Italia, fue el papa número 262 de la Iglesia católica. Provenía de una familia profundamente católica y desde joven mostró interés por la formación intelectual y el servicio religioso.
Fue ordenado sacerdote en 1920 y trabajó muchos años en la diplomacia vaticana y en la Secretaría de Estado. También fue arzobispo de Milán, donde se destacó por su cercanía con los trabajadores y por impulsar una Iglesia más abierta al diálogo con el mundo moderno.
En 1963 fue elegido papa tras la muerte de Juan XXIII. Su pontificado estuvo marcado principalmente por la continuación y conclusión del Concilio Vaticano II, una gran reforma que renovó muchos aspectos de la vida de la Iglesia, como la liturgia, el diálogo con otras religiones y la relación con la sociedad contemporánea.
Pablo VI fue también el primer papa en realizar numerosos viajes internacionales, visitando países de varios continentes para promover la paz y la unidad. En 1965 habló ante la Organización de las Naciones Unidas, donde pronunció su famoso llamado: “¡Nunca más la guerra!”
Entre sus documentos más conocidos está la encíclica Humanae Vitae, sobre el matrimonio y la transmisión de la vida, que generó amplio debate dentro y fuera de la Iglesia.
Murió el 6 de agosto de 1978 en Castel Gandolfo. Fue canonizado en el 2018 por el papa Francisco.

San Germán de París

Hoy reza por las vocaciones
Reyna Can Torr
Los Hermanos son profetas que anuncian la ternura sin fronteras de Dios.

Padre bueno,
te doy gracias por la vida,
regalo de tu amor.
Haz que la comparta con todos:
con mis hermanos, con mi familia,
con mis amigos,
tejiendo lazos como lo hizo Jesús.
Envíame tu Espíritu Santo
para descubrir lo que quieres de mí.
Hazme cada día más parecido a tu Hijo:
que sus sentimientos sean mis sentimientos,
que sus pensamientos
sean mis pensamientos,
que su proyecto sea mi proyecto,
que ame como Él amó.
Como a María, Padre Bueno,
concédenos a todos
un corazón dócil a tu Palabra. Amén

  • Por las vocaciones en nuestro Distrito, la comisión de Pastoral vocacional y la casa de El Alto.
  • Por los equipos de administración de nuestros centros educativos.
  • Por la paz y la concordia en Bolivia y Haití.
  • Por la familia menesiana del Dionisio Díaz de Maldonado y la del Menesiano de Madrid.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito de Ruanda.

Lectura espiritual:
Para alimentar permanentemente su vida interior, los Hermanos dedican al menos dos horas semanales a la lectura espiritual. Dan prioridad a la profundización en el conocimiento de las Escrituras y de los principales documentos de la Iglesia y de la Congregación.

Recordemos que debemos llevar las cargas de los demás, y que la nuestra es quizás, sin que nos demos cuenta, la más pesada de todas.

1971: Bernard Lafontaine (Godefroy)
1998: Jean Talvat (Romain-Pierre)
2010: René Côté (Roger-Bernard)
2016: Pierre Bolard (Gabriel Maurice)
2018: Arthur Aubry (Lucien-Marcel)
2025: Fernand Poudrier (Elphège-Marie)

San Germán de París

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: Jesús, Hijo de David, ¡ten piedad de mí!
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten piedad de mí!
Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo.
Entonces llamaron al ciego y le dijeron: ¡Animo, levántate! Él te llama.
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti?
Él le respondió: Maestro, que yo pueda ver.
Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado.
En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

El ciego, identificado como Bartimeo, estaba sentado al borde del camino. Esa imagen ya dice mucho: estaba al costado del camino, pero no caminaba; escuchaba hablar de Jesús, pero no lo seguía. Vivía limitado por su oscuridad y por la dependencia de los demás.

Sin embargo, cuando oye que Jesús pasa, algo cambia dentro de él. Comienza a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” No se deja callar por la multitud. Su necesidad es más fuerte que la vergüenza o el miedo.

Luego ocurre algo decisivo: Jesús se detiene. En medio de tanta gente, escucha la voz de uno que clama con fe. Esto revela un rasgo profundo del corazón de Cristo: Donde la gente veía a un mendigo, Jesús vio a una persona con dignidad y con un corazón dispuesto.

Bartimeo no pide dinero ni comodidad, pide recuperar la vista. Es lo que más necesitamos: Ver, comprender, encontrar sentido, salir de la oscuridad interior. Es lo que más necesitan los niños y jóvenes que tenemos en las aulas.
Nosotros, como Jesús, estamos llamados a estar atentos a sus gritos. Muchas veces detrás de actitudes hoscas se esconde una necesidad que cuesta expresar. Otras veces la multitud, la cantidad de alumnos a atender, nos imposibilitan escucharlos. O nos contentamos con atender el conjunto.

La historia de Bartimeo también interpela nuestra propia vida. Todos, en algún momento, tenemos cegueras: miedo, orgullo, heridas, desesperanza o confusión. Y muchas veces permanecemos “al borde del camino”, observando pasar la vida sin animarnos a dar el paso de la fe. Pero el evangelio muestra que quien clama sinceramente a Jesús, puede encontrar una nueva mirada y una nueva dirección.


Él no nos falla nunca; siempre está cerca de nosotros, para iluminarnos, consolarnos, fortalecernos. Si, pues, nos sentimos ciegos, afligidos y débiles, es para que recurramos a él con fe viva y con tierna confianza. Hija mía, que Dios sólo sea todo para ti.  (A la señorita A. Chenu)

Ciego y perdido estaba yo,
sin rumbo y sin dirección.
Pero escuché tu dulce voz.
Mi corazón se despertó.

Desesperado te busqué
y con mi voz a ti clamé.
Eres la respuesta a mi oración,
Jesús, por tu nombre salvo soy.

Yo creo en ti, Jesús.
Pongo mi fe en tu Palabra y en la cruz.
Yo creo en ti, Jesús.
Te seguiré y cantaré por siempre.

Ya no vivo en temor.
Tu luz me alcanzó.
Soy salvo por tu amor.
En ti tengo libertad.
Me diste identidad.
Tu hijo ahora soy.

En ti seguro ahora estoy.
Pongo mi vista en ti, Señor,
y de tu amor proclamaré.
Tus maravillas contaré.

Ya no hay temor.
Vivo por tu amor.
Tu hijo yo soy.


San Germán de París fue un monje y obispo nacido alrededor del año 496 en Borgoña, en la actual Francia. Desde joven llevó una vida austera y religiosa, destacándose por su humildad, caridad y dedicación a los pobres.
Ingresó en un monasterio y más tarde fue nombrado abad. Su fama de santidad hizo que el rey merovingio lo eligiera como obispo de París hacia el año 555. Como obispo trabajó para mejorar la vida espiritual de la ciudad y ayudó a reconciliar conflictos políticos y sociales de su tiempo.
San Germán también es recordado por su cercanía con los necesitados y por atribuirsele varios milagros. Influyó en la construcción de iglesias y monasterios, especialmente la abadía que luego tomó su nombre: Abadía de Saint-Germain-des-Prés, uno de los lugares religiosos más antiguos e importantes de París. Murió en el año 576 y fue canonizado por la devoción popular.

San Agustín de Canterbury

Hoy reza por las vocaciones
Guadalupe Chacón (Puebla)
El Hermano celebra la vida de sus hermanos pequeños como Eucaristía.

Señor Jesús,
Tú que dijiste que todos sean uno,
te damos gracias por llamarnos a la unidad,
por desafiarnos a salir
de nuestros esquemas y seguridades.
Sabes de nuestras resistencias
e inseguridades,
sabes de nuestros sueños y anhelos;
no te son desconocidas
nuestras limitaciones y pobrezas,
y también con ellas
quieres gestar la nueva realidad.
Nos confiamos a María,
que salió a prisa al encuentro
de la vida que clama.
Haz de la familia menesiana
un cuerpo para la misión
que cuide y defienda la vida
de los más pequeños del sur.
Amén.

  • Por los docentes y los alumnos de nuestras comunidades educativas, sobre todo los más necesitados.
  • Por las madres de Bolivia en su día.
  • Por los enfermos y discapacitados de nuestras comunidades.
  • Por la familia menesiana del colegio Cardenal Copello de Buenos Aires y la de de Berrio-Otxoa.
  • Por los menesianos, las obras y las nuevas vocaciones del Distrito San Francisco Javier (Indonesia – Japón – Filipinas).
  • Para que vuelva la paz a Bolivia.
  • Para que seamos fieles a nuestra consagración.

Lectio Vitae:
La Lectio Vitae cotidiana abre al Hermano a la presencia de Dios y a sus llamadas. Le permite captar las resistencias que opone a la acción del Espíritu. Lo ayuda a unificar su vida y lo hace disponible al Señor que actúa en él.

Cuando tu corazón está lleno de amargura, recuerda que éste es el momento de la prueba, y mantén en Dios una confianza tanto más viva cuanto más débil te sientas.

1977: Lionel Gendron (Bonaventure-Joseph)
1996: Joseph Bourrée (Séraphin)
1999: Isidore Meslé (Daniel-Paul)
2017: Juan Luis Barturen Uriarte (Cirilo): Nació el 9 de octubre de 1923 en Bakio. Murió en Berrio-Otxoa, Bilbao.

1977: Lionel Gendron (Bonaventure-Joseph)
1996: Joseph Bourrée (Séraphin)
1999: Isidore Meslé (Daniel-Paul)
2017: Juan Luis Barturen Uriarte (Cirilo): Nació el 9 de octubre de 1923 en Bakio. Murió en Berrio-Otxoa, Bilbao.

San Agustín de Canterbury

Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará.
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.
Él les respondió: ¿Qué quieren que haga por ustedes?
Ellos le dijeron: Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.
Jesús le dijo: No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?
Podemos, le respondieron. 
Entonces Jesús agregó: Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados.
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.

Jesús presenta en este Evangelio una manera de vivir totalmente distinta a la que el mundo suele valorar. Mientras muchos buscan poder, prestigio y reconocimiento, Él enseña que la verdadera grandeza nace del servicio. No se trata de dominar, sino de entregarse; no de ocupar los primeros puestos, sino de ponerse al lado de los demás para ayudarlos a crecer.

“Entre ustedes no debe suceder así”. Estas palabras son una invitación fuerte para revisar nuestro corazón. Muchas veces también nosotros queremos imponer nuestras ideas, buscar reconocimiento o sentirnos más importantes que otros. Jesús rompe esa lógica y propone el camino humilde del servidor. En el Reino de Dios, el más grande es el que más ama y más sirve.

El ejemplo supremo es el mismo Jesús. Él, siendo el Hijo de Dios, no vino a ser servido, sino a servir. Sirvió curando enfermos, escuchando a los pobres, acercándose a los pecadores, lavando los pies de sus discípulos y, finalmente, entregando su vida en la cruz. Su autoridad nace del amor y no del poder.

Esta enseñanza tiene una fuerza especial para quienes educamos, acompañamos o tenemos alguna responsabilidad en la comunidad. Servir no significa rebajarse ni perder dignidad; significa poner los dones que Dios nos dio al servicio de los demás. No parecemos más a Jesús cuando ayudamos a crecer con paciencia y humildad, desde la cercanía, la bondad y el ejemplo y no cuando buscamos ser admirados y obedecidos.


Amémonos los unos a los otros como los miembros de una misma familia; en la vida y en la muerte, prestémonos todos los servicios; prodiguemos los unos a los otros la ayuda de una caridad verdaderamente cristiana; es decir, inagotable, infatigable, siempre viva, pero que, sin embargo, aumente siempre cuando se trate de adelantar la dicha de los hermanos que han partido para el juicio de Dios, y que, desde el lugar de la prueba en el que se sienten retenidos imploren nuestra asistencia. Rezaremos por ellos, ellos rezarán por todos nosotros, hasta que, estemos todos reunidos en esa gran congregación del cielo de la que Jesucristo es la cabeza. (A la congregación de chicas de S. Brieuc)

Un nuevo día
nos llama al encuentro;
en nuestra casa
hay brazos abiertos.

Sonrisas atentas,
latidos cercanos,
miradas fraternas:
Dios solo en los lazos.

Tenemos la huella de Juan María,
que nos invita a soñar,
y un mismo espíritu
para servir y amar.

Su viento nos mueve
a amar al hermano;
sirviendo a su modo,
se enciende el milagro.

En cada paso forjamos caminos;
en pequeños gestos
hay un fuego vivo.

Tenemos la huella de Juan María,
que nos invita a soñar,
y un mismo espíritu
para servir y amar.

Seguiremos a Jesús,
viviendo como hermanos;
un pueblo que camina
y escucha su llamado.


San Agustín de Canterbury fue un monje benedictino y misionero cristiano considerado el “apóstol de los ingleses”. Vivió entre finales del siglo VI y comienzos del VII y desempeñó un papel decisivo en la expansión del cristianismo en Inglaterra.
Agustín era monje en el monasterio de San Andrés en Roma. Allí fue prior y colaboró con Gregorio I, más conocido como San Gregorio Magno. En el año 597, Gregorio I envió a Agustín y a unos 40 monjes a evangelizar a los anglosajones de Inglaterra, donde el cristianismo había disminuido tras las invasiones germánicas. Agustín llegó al reino de Kent y fue recibido por el rey Etelberto de Kent, cuya esposa, Berta de Kent, ya era cristiana. Gracias al apoyo del rey, Agustín pudo predicar libremente. Agustín estableció su sede episcopal en Canterbury y se convirtió en el primer arzobispo de Canterbury. Desde allí organizó la Iglesia inglesa, fundó monasterios y promovió conversiones masivas. También fundó la iglesia que luego sería la famosa Abadía de San Agustín. Intentó unificar las tradiciones cristianas celtas de Britania con las prácticas romanas, aunque encontró resistencia entre algunos obispos británicos.
Murió alrededor del año 604 en Canterbury.