2ª Corintios 9, 6-11 Salmo 111, 1-4.9
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que, con eso, ya han recibido su recompensa.Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.Tengan cuidado de no practicar la justicia para ser vistos.
Es propio del hombre la tendencia natural que siente a que se le recompense cuando ha hecho algo bien. Parte de la educación que recibimos de pequeños es por medio de la premiación y del regalo. Un regalo si nos portamos bien, si sacamos buenas notas en el colegio, si nos tomamos la medicina cuando estamos enfermos, etc. Y ya de mayores la mayoría de las veces actuamos para ser vistos por los demás, porque nos gusta llamar la atención en medio de un grupo de amigos o incluso en la propia familia. Y no digamos cuando hemos hecho un acto de beneficencia a otra persona. En estos casos pensamos que todos deben darse cuenta de la grandiosa generosidad con que cuenta el mundo con mi presencia en esta tierra. Nos incluimos dentro de las maravillas del mundo.El Papa Francisco nos decía:«El ojo humano busca siempre la grandeza y se deslumbra por lo que es ostentoso. Dios, en cambio, no mira las apariencias, Dios mira el corazón y le encanta la humildad… Podemos decir que la humildad es el camino que conduce al Cielo. La palabra «humildad» viene del latín humus, que significa «tierra». Es paradójico: pero para llegar a lo alto, al Cielo, es necesario permanecer bajos, como la tierra. Jesús enseña que el que se humilla será exaltado. Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas, o por las habilidades, sino por la humildad. Dios está enamorado de la humildad. Dios levanta a quien se abaja, levanta a quien sirve. Entonces, hoy podemos preguntarnos, cada uno de nosotros en nuestro corazón: ¿Cómo está mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, reafirmarme y ser alabado, o más bien pienso en servir?»
MÁXIMANo busques figurar
Triunfaremos por la humildad, la paciencia, la dulzura. Éstas son sus armas, Dios las bendecirá. (Carta al H. Louis-Joseph. 06-1843)
¡Ay como duele ser humilde!¡Ay como duele ser así!Incomprendido por aquellosque no entienden,que no saben ni comprenden,este don en mí.Como doña Ingrata,con su gran cuenta en el banco.Con toda su platacompró la conciencia de tantos.Ahora sólo falta quequiera comprar al Espíritu santo.Como don Cacique,entre los ciegos el gran tuerto.Él es quien dirigey ¡ay de aquél que le replique!Es tanto que puede terminardándole órdenes a Dios.Cuidado mi amigocon eso de la humildad.Sólo sé tú mismo,lo demás es un disfraz.La humildad es simpley hace grande el corazón.El orgullo no pasa de seruna hinchazón.Como don Sufrido,que se la pasa queja y llanto,porque nada saley es la víctima de tantos.Cree que con su penase ha ganado la gran lástima de Dios.Como aquel cantanteque se siente el gran Sinatra.Viejo principiante;es igual, mete la pata,pues a aquél a quien representabaes justo a quien sustituyó.