Génesis 23, 1-4.19; 24,1-12.15-16.23-25.32-34.37-38.57-59.61-67Salmo 105, 1-5
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: Sígueme.Él se levantó y lo siguió.Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: ¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?Jesús, que había oído, respondió: No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Este texto refleja cómo es que «Jesucristo», comprende nuestra humanidad, nuestra imperfección, y viene a mi mente «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». Es así como él viene a entender nuestras enfermedades, nuestras debilidades, nuestras tentaciones, nuestras faltas y lo hace porque sabe que constantemente somos tentados, es decir, nuestro corazón, nuestra buena voluntad está perturbada. ¿Entiendo y asumo que Jesucristo conoce perfectamente mis enfermedades, mis pecados, hasta los más pequeños? ¿Comprendo que Jesucristo es misericordioso porque sabe perfectamente que somos humanos creados a imagen y semejanza a él, es decir con mucho amor y buena voluntad, pero también sabe que somos débiles ante quien nos perturba y nos hace cometer faltas? Viendo esta misericordia de Jesús, ¿Quién soy yo para juzgar mis pecados, mis enfermedades, los pecados y las enfermedades de los demás? Así pues ¿debo seguir ese ejemplo de misericordia de Jesucristo ante mis hermanos y prójimo? Aún con mis enfermedades y pecados ¿Debo abrir mi corazón y escuchar que me dice: «Sígueme»? ¿Levantarme y seguirlo?Señor Jesús, tu humildad es tan grande, tan profunda y tan sublime, que lo único que puedo expresarte desde el fondo de mi corazón es «GRACIAS», porque conociendo perfectamente mis enfermedades y pecados, tú me dices «SÍGUEME» al igual que lo hiciste con Mateo y tantos otros, y me pides que me levante y camine contigo, sin miedo a nada, solo confiando en ti. «GRACIAS MI SEÑOR».
MÁXIMAJesús me dice: Sígueme.
No miremos ni a los hombres, ni las cosas, ni los acontecimientos de una manera natural y por tanto engañosa; debemos mirarlos en relación a la eternidad, a la luz de Dios mismo y juzgarlos como Dios los juzga. (S.VII, p. 2531. Sobre los medios para conservar los frutos del retiro)
Como cualquier otra historia de amor,tu vida fue encendiéndose de a poco.Te basta sólo con cerrar los ojos,para sentir que está en tu corazón.Buscas una respuesta en tu interior,porque todos te dicen que estás loco.Y tu alma te responde: Sígueloa Jesús, tu Señor.Tú, puedes seguirlo, puedes amarloy abandonar en Él tu vida.Es tu momento, te está llamando,puedes dejarlo todo por Él.Quizás tú digas “nada tengo yo”,pero tienes todo lo que Él te ha dado,tus manos, tus oídos y tu voz,para ser instrumento de su amor.Los hombres necesitan de tu sí,de tu fidelidad a su Palabra,de que te hagas pequeño y Cristo así,crezca en ti, crezca en ti.