Génesis 44, 18-21.23b-29; 45,1-5Salmo 104, 16-21
Jesús les dijo a sus discípulos: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.
Una verdad sencilla, que en ocasiones se nos escapa y no le prestamos atención, es que con poco basta para hacer el bien. No necesitamos grandes cosas, ni eventos, ni montajes para crear lazos que humanicen, para hacer gestos que alivien, para ayudar a curar heridas, que otros no se ven con ánimos ni fuerzas para cerrar. En esto de hacer el bien, hemos de ir ligeros de equipaje. Esto de no preocuparnos tanto de los medios nos ayuda a ponernos en marcha con más facilidad, a sumarnos a iniciativas, a ofrecer sin miedos nuestra cercanía, nuestra presencia y nuestra capacidad de amar. Con poco nos basta; no hay que pensar en grandes acciones, en perfecciones que nunca lograremos. Se trata de poner nuestro grano de arena, pequeño o grande, no importa. Ya Dios se encargará de multiplicar los pequeños peces y panes que tenemos entre manos.Nuestro hermano Wences no necesitaba estudios universitarios, ni sesudas programaciones, ni mucha tecnología. El mate, la sonrisa amable, la compañía a veces silenciosa, le bastaban para consolar y transmitir su fe.La excusa de no hacer por no tener medios o cualidades suficientes es muy corriente. A la excusa de Jeremías (‘soy un muchacho’), la de Moisés (‘no sé hablar’), la de Jonás huyendo para el lado contrario, se suman a lo largo de la historia muchas excusas parecidas para esquivar el bulto. Las nuestras también. Lo que importa es llevar a Jesús con lo que se tenga, con una sonrisa, un mate, un consejo, una invitación. Somos pequeños como granos de mostaza, pero grandes en manos de Dios. Si lo llevamos a Él, llevamos todo.
MÁXIMAProclamen el Reino de Dios
Si vas a Trinidad, como todo parece indicarlo, vete en espíritu de fe, de humildad y de celo, no teniendo más miras que la gloria de Dios y la salvación de los niños. Recuerda el sí, que diste a los pies del altar cuando te preguntaron, antes de pronunciar tus santos compromisos, sobre tus intenciones y tus deseos. (Al H. Gerardo, 1º de junio de 1841)
Me enseñó la arena que mi huella dejaréy que no serán mis pies los que me guíen.Aprendí del tiempo que no lo puedo tener,que lo pienso y ya se fue, sin que lo mire.Y, más que perderlo, quiero tiempo ganar,compartiendo amor que dure una eternidad.Voy donde me digas, si tú vas.Tu palabra, mi camino alumbrará.Puede llover, pero mi fuego no se apagará.Dame una montaña, un lugar,dame una ciudad que quieras conquistary allí estaré, cuenta conmigo.Tuyas son mis horas, tuyo es todo lo que ves,imperfecto, tal cual es, pero te sigo.Tuyas son mis fuerzas, tómame como a Caleb,y en la guerra cúbreme, escudo mío.Tu llamado es claro y es hermosa tu voz.Mi Señor, te entrego todo mi corazón.