Éxodo 1:8-14, 22Salmo 123,1-8
Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquél que me envió.El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo.Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en las ciudades de la región.
El texto comienza con una afirmación que no se esperaría de Jesús. Cómo puede decir que no ha venido a traer la paz sino la espada, cuando ha declarado las bienaventuranzas como programa central de su mensaje. Pero es cierto que aquellos que lo sigan es muy probable que padezcan el rechazo de los que no comulgan con su fe. Nadie ha dicho que la fe en Jesucristo sea fácil. Quizás nosotros no lo vivamos hoy con la fuerza que lo vivieron los primeros cristianos, rechazados primero por los judíos, que lo veían como sectarios y luego por el imperio.La fe es una batalla en dos frentes: interior, contra nosotros mismos en nuestras inclinaciones más egoístas, destructivas u oscuras y exterior, contra las circunstancias, situaciones y personas. Hoy quizás no sea la cárcel o la muerte lo que nos depare el creer, pero sí muchas veces la burla, las miradas de compasión o la crítica abierta. La historia misma de la Iglesia, con sus muchos errores, a veces se usa como argumento para decir no a la propuesta de Jesús.Pero el seguidor de Jesús sabe que no es menos que el maestro y que todo eso puede suceder. No debe perder la paz y dedicarse a lo central del mensaje del Maestro: Servir, amar, ayudar. Nuestro servicio puede ser muy pobre, pero nada quedará fuera de la mirada agradecida de Dios. Ni siquiera un vaso de agua quedará sin recompensa.
MÁXIMAConfía en Jesús
Dígnese el señor hacer de nosotros hombres según su corazón, entregados a su Iglesia, desprendidos de nosotros mismos, pobres de espíritu, dispuestos a emprender todo y a sufrirlo todo por anunciar su palabra, extender su reino y alumbrar en el mundo este fuego divino que Jesucristo ha venido a traer, este fuego purificador y nutriente, este amor inmenso, inenarrable, que es la vida celeste. Han sido llamados a algo grande, tengan sin cesar bajo sus ojos esta alta vocación, para trabajar en hacerse dignos de ella. (Normas para el retiro. Espíritu religioso)
Que alguien se ponga de pie,que alguien de la cara,se necesita un luchador por la fe,un hombre, que sea fiel a su causa.La gente ya no quiere vercristianos de boca cerrada.Es preciso que volvamos a serprofetas que no le temen a nada.El mundo ha perdido muchos de sus valores.Poco a poco hemos ido perdiendo la fe.Es necesario que surjan antorchas que dennuevo rumbo al hombre y a su ser.Hay que perder el miedo al luchary empezar desde cero a vivirun mundo de paz,que construiremos tú y yo,si los dos nos ponemos de pie.