Primera lectura: Génesis 18, 20-21.23-32Salmo: 137, 1-3.6-7a.7c-8Segunda lectura: Colosenses 2, 12-14
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.Él les dijo entonces: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación.Jesús agregó: Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle, y desde adentro él le responde: No me molestes; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos. Yo les aseguro que, aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan.
Escuchar el Padrenuestro en el evangelio de Lucas nos mueve al análisis, ya que la piedad y la liturgia han conservado la versión de Mateo (Mt 6,9-13). El Padrenuestro habla de Dios para hablar mejor de la condición humana. Lucas acude al ejemplo de Juan Bautista. La oración que va a enseñar convendrá al discípulo y a la comunidad: las palabras «cuando recen, digan» (v. 2a) son una invitación dirigida a cada uno en particular y a todos los que se unen en la celebración.En el v3 tenemos la primera petición en «plural». Se refiere al «pan», una palabra que en la tradición bíblica designa también el alimento en sentido amplio. Compartir el pan es compartir una comida, comer en la misma mesa. Lucas pide el pan cotidiano, el pan para cada día, lo suficiente para la jornada, no para acumular. Las tres peticiones en «plural» forman un bloque relativo a la vida personal y comunitaria. Las otras dos peticiones en plural hacen referencia al perdón de los pecados y a que no nos deje caer en la tentación. El Padrenuestro es lo esencial de la fe hebrea. Un Dios cariñoso, cercano a su pueblo, preocupado del destino terrenal de sus elegidos, atento a alimentarlo sin hartarlo, dispuesto a perdonarle y a ponerlo de nuevo en marcha hacia la tierra prometida.Es una oración que establece relaciones, el Padrenuestro pone a Dios en primera fila; pero al glorificar su nombre o su Reino, busca la felicidad del pueblo y de cada uno de sus hijos e hijas. Simétricamente, al suplicar el pan o el perdón, es el honor de Dios el que está en juego a través de la dignidad humana.Es una oración elemental, centrada en lo esencial, el Padrenuestro no suplanta a las demás oraciones. Curiosamente, ignora la acción de gracias y la intercesión. Representa, pues, un complemento y no un sustitutivo de los Salmos. Después de enseñarnos la oración del Padre Nuestro, Jesús nos ofrece varias claves para aprender a hacer peticiones. Jesús vincula la petición a un contexto de oración y amistad. Por tanto, a un lugar de diálogo y encuentro con el Padre. Cuando hay confianza es más fácil pedir, porque si las dos partes se entienden y se conocen, todo fluye con naturalidad. Con el ejemplo del amigo importuno lo deja claro. A un desconocido difícilmente se le abre la puerta a medianoche.La petición es insistente. Es un modo de mostrar el valor de lo que se pide. Por cosas pequeñas no merece la pena molestar a los demás, pero cuando se nos va la vida en ello se hace lo que sea: gritar, golpear la puerta, suplicar, volver una y otra vez…La perseverancia señala la medida de nuestra convicción sobre la importancia de lo que queremos.«Pidan» es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo.«Busquen» no es solo pedir. Es, además, moverse, dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido.«Llamen» es gritar a alguien al que no sentimos cerca, pero creemos que nos puede escuchar y atender.Así gritaba Jesús al Padre en la soledad de la cruz.
Jesús y sus discípulosSon respetuosos con Jesús, está orando y esperan que finalice, otras veces habían visto lo mismo. Un discípulo le pide a Jesús que les enseñe a orar como Juan Bautista lo hizo con sus discípulos. Jesús no da vueltas, les enseña una breve oración. Luego les comparte su experiencia: deben ser insistentes, no se desanimen de una, no se vuelvan con las manos vacías: pidan, busquen y llamen; mi Padre es generoso.
Pide, sobre todo, al buen Dios que yo me alimente de su voluntad, y que continuamente mi corazón repita ese fiat de resignación, ese Amén de amor, que es el eterno grito de los ángeles y la más bella oración que podemos hacer aquí abajo. (16 de agosto de 1807)
Quiero decirte padre en AimaraQuiero cantarte padre en AraucanoQuiero mostrarte padre tierra y maresQuiero darte las gracias por mi AmerindiaQuiero decirte fuerte que te amo en QuechuaQuiero sembrar tu reino con trigo MayaQuiero darte mi vida como AztecaQuiero adornar tu frente con oro IncaMi padre en tu corazón yo encuentroMi sintonía, mi sintoníaY quiero consagrar ahora a mi puebloToda mi vida, toda mi vidaQuiero decirte padre en GuaraníQuiero cantarte padre con mi alma CuaraQuiero mostrarte padre mi AmazoníaQuiero darte las gracias por mi AmerindiaQuiero decirte fuerte que te amo en QuechuaQuiero sembrar tu reino con trigo MayaQuiero darte mi vida como AztecaQuiero adornar tu frente con oro Inca.