Jueces 11, 29-39ªSalmo 39, 5. 7-10
Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: «Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas».Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.Luego dijo a sus servidores: «El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren».Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. «Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?».El otro permaneció en silencio.Entonces el rey dijo a los guardias: «Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes». Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.
Algunas personas tienen una idea bastante triste de la religión, tal vez porque muchos de los que se presentan como personas religiosas, no parecen precisamente personas felices. Y, claro, eso hace que algunos conciban a Dios como alguien aburrido o, cuanto menos, irrelevante. Jesús, en cambio, tiene una idea de Dios muy diferente. El Dios de Jesús es un Dios alegre, generoso, que quiere celebrar con la humanidad una gran fiesta. Él no impone pesadas cargas ni llena la vida de reglas y prohibiciones, el Dios de Jesús nos quiere felices.Hoy el evangelio nos presenta otra parábola. Un hombre importante va a celebrar la boda de su hijo, y está tan contento, que organiza una fiesta por todo lo alto. Pero, para su sorpresa, los invitados no aceptan su invitación. ¿Se imaginan cómo se sentiría? Pues esta es la experiencia de Jesús cuando intenta atraer a todos hacia sí, presentarles ese rostro amable y bondadoso del Padre, y lo que se encuentra es rechazo, malas interpretaciones y críticas de quienes supuestamente están mejor preparados para recibirlo.
Pero Dios no tira la toalla. Él está dispuesto a celebrar una fiesta y probará suerte con otros invitados. Y, ¡oh, sorpresa!, a la fiesta acude muchísima gente, y la boda se celebra. Y sí, esta era la experiencia de Jesús, los que supuestamente estaban lejos de Dios, los pecadores, personas de mala vida, marginados, lo escuchaban con atención, aceptaban su mensaje y se sentían felices.Esta parábola, como siempre, es un modo sencillo de transmitirnos enseñanzas profundas. Dios nos quiere felices, nos enseña el camino para serlo, sale a nuestro encuentro y nos invita a compartir su vida, su mesa, su alegría. Pero muchos andamos tan liados en nuestras cosas, que ni siquiera nos damos cuenta o simplemente no aceptamos su invitación. Podríamos preguntarnos: ¿Escucho yo esas invitaciones que Dios me hace todos los días a vivir mi vida con alegría? ¿O soy de aquellos que están tan complicados, que no tienen tiempo para Dios?Dejemos entrar a Dios en nuestra vida, acojamos su amor, sus detalles. Entremos a participar de su gran fiesta. Esa es la verdadera religión, la que está rebosante de espiritualidad, la que nos llena de amor, de alegría, de vida. (Jacqueline Rivas, Hésed)
MÁXIMADios nos invita a su fiesta
Parece que se acabó,que ya no hay más,que se agotóla coherencia, la radicalidad,lo esencial, las utopías.¿De dónde recuperar la esperanza y la pasión?Sólo hay tinajas viejas de la tradición.La novedad grita, ya viene…Estamos de fiesta, ya es la hora.María que apresura, ya es la hora.¡La fiesta no puede acabar!¡la Ruah no se puede apagar!Nos miras y te miramosporque eres el Señor.Tú nos llamastea ser amigos en misión.El Evangelio es día a día.Florece imperceptibleIglesia nueva humilde y fiel,que se arremangay se juega hasta la piel,testimonial, pobre y pequeña.No es tarde,este es el tiempo de la alianza,es el Kairós.El vino bueno de Jesús se derramóy nos causó tanta alegría.Dispuestos, aquí nos tienespara amar y contagiaral pueblo pobrey a quien se quiera sumara restaurar grietas y vidas.