Primera lectura: Isaías 66, 18-21Salmo 116, 1-2Segunda lectura: Hebreos 12, 5-7.11-13
Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.Una persona le preguntó: Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?Él respondió: Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: Señor, ábrenos. Y él les responderá: No sé de dónde son ustedes. Entonces comenzarán a decir: Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas. Pero él les dirá: No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal! Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos.
Pagola expresa que: “Jesús va caminando hacia Jerusalén. Su marcha no es la de un peregrino que sube al templo para cumplir sus deberes religiosos. Según Lucas, Jesús recorre ciudades y aldeas «enseñando». Hay algo que necesita comunicar a aquellas personas: Dios es un Padre bueno que ofrece a todos su salvación. Todos son invitados a acoger su perdón.Su mensaje sorprende a todos. Los pecadores se llenan de alegría al oírlo hablar de la bondad insondable de Dios: también ellos pueden esperar la salvación. En los sectores fariseos, sin embargo, critican su mensaje y también su acogida a recaudadores, prostitutas y pecadores: ¿no está Jesús abriendo el camino hacia una relajación religiosa y moral inaceptable?Según Lucas, un desconocido interrumpe su marcha y le pregunta por el número de los que se salvarán: ¿serán pocos?, ¿serán muchos?, ¿se salvarán todos?, ¿solo los justos? Jesús no responde directamente a su pregunta. Lo importante no es saber cuántos se salvarán. Lo decisivo es vivir con actitud lúcida y responsable para acoger la salvación de ese Dios Bueno. Jesús se lo recuerda a todos: «Esfuércense por entrar por la puerta estrecha».De esta manera, corta de raíz la reacción de quienes entienden su mensaje como una invitación al laxismo. Sería burlarse del Padre. La salvación no es algo que se recibe de manera irresponsable de un Dios permisivo. No es tampoco el privilegio de algunos elegidos. No basta ser hijos de Abrahán. No es suficiente haber conocido al Mesías, ni haberlo escuchado.Qué duro será para aquel que se cree discípulo escuchar de su maestro estas palabras: No sé de dónde sos, no te conozco (dos veces se repite esta frase). Que el mismo Dios nos desconozca es grave, que no sepa de dónde… Seguramente no debe haber peor situación que ser desconocidos de Dios. Ello acontece cuando hacemos del cristianismo un discurso, una moral, una ley, una pauta y no un estilo de vida que imite a Jesús. Esta es la clave: vivir como él.Para acoger la salvación de Dios es necesario esforzarnos, luchar, imitar al Padre, confiar en su perdón. Jesús no rebaja sus exigencias: «Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso»; «No juzguen y no serán juzgados»; «Perdonen setenta veces siete» como su Padre; «Busquen el reino de Dios y su justicia».Para entender correctamente la invitación a «entrar por la puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí se salvará» (Jn 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «seguir a Jesús»; aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha resucitado.En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de responder al amor de Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar, solo nosotros si nos cerramos a su perdón”.
Jesús y sus discípulos: El seguimiento no es cuestión de bla, bla, ni de bonitas proclamas, ni de haber marcado tarjeta en misas. Se trata de estar disponibles, atentos al momento menos pensado, siempre en camino, en movimiento para acogerlo a Él cuando llegue; y siempre suele llegar en situaciones de estrechez, cuando las necesidades aprietan, cuando el llegar a fin de mes angustia…
Tiendan con todas sus fuerzas a la perfección; no se relajen; siempre de pie, siempre atentos, vigilen, examinen, luchen contra ustedes; y de modo especial durante este retiro no toleren en ustedes una falsa indulgencia; y por débiles que parezcan las heridas que han recibido, busquen curarse, no vaya a ser que se hagan mortales. (Apertura del retiro 1833. Virtudes del hermano educador)
Estoy a la puerta y llamo,esperando a que me abras.Ábreme que quiero entrar,que estoy a la puerta y llamo.El corazón que te he dadoes morada que yo anhelo,pero es tan digno y sagradoque estoy a la puerta y llamo.Si me abres, entraré,y yo cenaré contigo.Si no me abres, seguiréafuera como un mendigo.Llamando, llamando …