Santos Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros, mártires – San José María de Yermo y Parres 

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y éstas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez que dijo esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola y Jesús les dijo: A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Señor, hoy quiero acercarme a tu evangelio con un corazón limpio, transparente, dúctil, maleable, como cera blanda donde se marquen bien tus palabras.
Y te pido que la semilla de tu Palabra sea abundante. El buen sembrador, nunca se cansó de sembrar. Yo también quiero sembrar, sembrar el mundo de paz, de bondad, de sencillez, de amor.

¿Qué quiso decir Jesús en esta parábola?
En esta parábola, tal y como fue dicha por Jesús, hay que destacar:
a) la abundancia de la semilla. El sembrador derrocha la semilla y lo deja todo sembrado: los caminos, las piedras, los espinos. Lo importante para Jesús es no cansarse de sembrar el bien. No dar nada por perdido. No decir nunca: de aquí no se puede sacar nada.
b) Al final habrá una gran cosecha. En tiempo de Jesús una buena cosecha daba el siete por uno. Pensar en un 30, 60 o 100 era impensable, Pero la cosecha es de Dios y es abundante. Lo nuestro es sembrar. El fruto se lo dejamos a Dios.

“Para hablar de salvación, se recuerda aquí la experiencia de cada año que se renueva en el mundo agrícola: el momento difícil y fatigoso de la siembra, y la alegría tremenda de la recogida. Una siembra que se acompaña con las lágrimas, porque se tira lo que todavía se podría convertir en pan, exponiéndose a una espera llena de inseguridades: El campesino trabaja, prepara el terreno, esparce la semilla, pero, como tan bien ilustra la parábola del sembrador, no sabe dónde caerá esta semilla, si los pájaros se la comerán, si se echará raíces, si se convertirá en espiga. Esparcir la semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente. […] En la cosecha todo se transforma, el llanto termina, deja su lugar a gritos de alegría exultante”. (Papa Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011)

Gracias, Señor, por tu capacidad de escucha, por tu capacidad de espera, por tu capacidad de aguante, con nosotros. Jamás das nada por perdido. Jamás dices: de éste no se puede esperar nada. Tú, Señor, siempre animando, apoyando, levantando. No te asustan nuestras caídas, nuestras demoras, nuestros cansancios, nuestros retrocesos. Siempre nos ofreces una nueva oportunidad. ¡Qué bueno eres siempre con nosotros!


Estén, se los ruego, más atentos que nunca a la divina palabra que les será anunciada desde lo alto de esta cátedra y también a esa palabra interior que golpea los oídos del alma y que penetra en su fondo más íntimo. Recójanse profundamente y escuchen bien lo que Dios les diga por la voz de sus ministros y por la de su conciencia. (Importancia del retiro anual)

Cerca del hogar que calienta mi alma
quiero yo saber lo que en comunidad
Tú quieres de mí.
Sintiendo el calor que me da tu Palabra
quiero responder a lo que me pides
sin que a nada yo pueda temer.

A nada, a nada nunca he de temer,
yendo junto a ti con tus ojos de fe
nunca he de temer. 

Sólo he de beber de tu fuente de agua.
Sé que sólo ella será la que sacie
mi hambre y mi sed.
Tú eres el Señor que alimenta mi alma
y si hago mi opción por seguirte a Ti,
nunca jamás yo temeré.

Llegan hasta mis momentos de calma,
que me hacen dudar de si mi camino
se orienta hacia Ti.
Comienza a faltar la paz en mi alma
y sin esperarlo apareces Tú,
haciéndome ver que a nada he de temer. 


ANDRÉS KIM TAEGON, PABLO CHONG HASANG y sus compañeros mártires fueron cristianos de Corea que dieron su vida por la fe en el siglo XIX.
Andrés Kim (1821-1846) fue el primer sacerdote católico coreano, formado en Macao y ordenado en Shanghái; regresó a Corea para anunciar el Evangelio y fue martirizado con solo 25 años.
Pablo Chong (1795-1839), laico catequista, organizó y sostuvo a la comunidad cristiana en tiempos de persecución; también entregó su vida por Cristo.
Junto a ellos, más de cien coreanos —sacerdotes, laicos, hombres, mujeres y niños— sufrieron torturas y muerte por no renegar de su fe.
Fueron canonizados en 1984 por san Juan Pablo II y hoy son recordados como testimonio de valentía, fidelidad y esperanza para la Iglesia.

JOSÉ MARÍA YERMOS Y PARRES (1851-1904) fue un sacerdote mexicano beatificado por Juan Pablo II en el año 1990. Ingresó primero con los Paúles, donde fue influenciado por la vida de San Vicente. Luego pasó al seminario de León, siendo ordenado sacerdote en 1879. Se dedicó sin descanso a la actividad pastoral. Fundó escuelas, hospitales, casas de descanso para ancianos, orfanatos y asilos para mujeres. Fundó la congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres.