Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.Les dijo: Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Jesús llama primero, y luego envía. La misión no nace del voluntarismo ni del deseo de protagonismo, sino de una llamada que se escucha en la intimidad. Y los envía de dos en dos: nadie es discípulo en soledad. La fe se vive y se sostiene en la fraternidad, en el apoyo mutuo, en la corrección y el consuelo compartidos.El envío va acompañado de una consigna desconcertante: no llevar casi nada. Bastón y sandalias, lo esencial. Jesús educa a sus discípulos en la confianza radical: la seguridad no está en lo que poseen, sino en Aquel que los envía. Viajar ligeros es también un llamado a desprenderse de cargas interiores: miedos, seguridades falsas, deseos de control. Quien anuncia el Reino no se apoya en sí mismo, sino en la providencia de Dios y en la hospitalidad de los hermanos.“Permanezcan en la casa donde los reciban”. Aquí hay una invitación a valorar lo sencillo, a crear vínculos, a no usar a las personas como medios. La misión no es pasar de largo acumulando éxitos, sino habitar, escuchar, compartir la vida.Y, sin embargo, Jesús es realista: no siempre habrá acogida. Sacudir el polvo de los pies no es un gesto de desprecio, sino de libertad. El discípulo anuncia con fidelidad, pero no impone. Confía en que Dios seguirá obrando incluso allí donde la palabra no fue recibida.El texto termina mostrando el fruto: conversión, liberación, sanación. Cuando la misión se vive en pobreza, comunión y confianza, la vida se transforma. Los demonios —todo lo que esclaviza— son expulsados, y las heridas humanas encuentran alivio.Este evangelio nos pregunta hoy:¿De qué cosas necesito desprenderme para anunciar mejor el Evangelio?¿Con quién camino mi fe?¿En quién pongo realmente mi confianza?Seguir a Jesús es aceptar ser enviados con las manos casi vacías, pero con el corazón lleno de su poder y de su compasión.
No tienen nada, no son nada. Es por esto por lo que Jesucristo los envía como su Padre lo ha enviado y que todo poder le ha sido dado en el cielo y en la tierra; porque lo que hay de más débil es lo que Él ha busca cuando quiere hacer grandes cosas, para que aparezca sólo su mano. (S. VIII pág 2372)
Tengo una invitaciónpara continuar la historiade mi vida y de los demás,transformando este mundoen mi hogar, para amar.Yo lo escuché y digo que sía sus palabras que llegaron a mi alma.Yo los envío,son parte de esta historia (bis)Vamos creando lazoscon Jesús a nuestro lado,sintiéndonos hermanos,caminando a la frontera sin dudarpara amar.Menesiano, vení, digamos que sí,a escribir otra página en la historia.