2º domingo de Cuaresma

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: Levántense, no tengan miedo.
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

El capítulo 16 de Mateo nos prepara para el relato de la Transfiguración. En el se da cuenta de la identidad de Jesús, su misión, y el estilo de mesianismo que vino a proponer. La palabra griega para “transfigurado” es metamorfosis. Expresa el cambio que ocurre cuando una oruga se convierte en mariposa.

Jesús es el nuevo Moisés. El rostro de Jesús ‘resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.’ Lo mismo le pasa a Moisés en el Sinaí. Después de su encuentro con Dios, el rostro de Moisés brillaba tanto que la gente tuvo miedo y tuvo que usar un velo (Ex 34, 29-35).
La Transfiguración es un anticipo de la gloria de Dios revelada en el A.T. La manifestación es breve y contrasta con el primer anuncio de la pasión que Jesús hizo a los discípulos.

Tres discípulos le acompañan a Jesús al monte, igual que Aarón, Nadab, y Abiú acompañaron a Moisés (Ex 24, 1-9). Los tres discípulos, Pedro, Santiago, y Juan, no aparecerán de nuevo hasta Getsemaní. Moisés representa la ley y Elías los profetas. Son las figuras más importantes del A. T. Los dos son profetas que fueron rechazados pero revindicados por Dios… Jesús pasará por la misma experiencia. Los dos están asociados con el “monte de Dios” (Ex 18, 5; 1 Re 19, 8).
El profeta Malaquías anunciaba que el Señor mandaría a Elías antes de la llegada del Señor (Mal 4, 5) y Jesús identifica a Juan el Bautista con Elías, que debía venir (Mt 17, 10-13).

La propuesta de Pedro de instalar tres carpas, ‘una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’ es una tentación frecuente entre los cristianos, pues es la tentación de poner en pie de igualdad la palabra, la vida, la misión de Jesús con Moisés y Elías. Y será el mismo Padre Dios quien se encargará de dejar nuevamente claro qué palabra tiene preeminencia.

La voz que se oye desde la nube luminosa en la misma que se oyó en el bautismo. El Padre Dios vuelve a afirmar que el camino es escuchar al Hijo.
La tentación de no darle crédito a su palabra ya se había hecho presente. El camino se pone difícil y los anuncios de la pasión se reiteran. El mesianismo davídico va quedando claramente descartado.
Siempre es necesario recordarnos que si queremos vivir como cristianos el único camino es escuchar al Hijo y poner por obra su palabra, porque no por decir Señor, Señor, se entra a participar de la mesa del reino.

Esta experiencia vivida en el monte es de vital importancia para Jesús. Es una confirmación más de que es el Hijo muy querido, el predilecto. La experiencia de saberse amado incondicionalmente por el Padre será la que lo sostendrá en Getsemaní y en la Cruz, cuando el silencio se haga grito.

Cuando Jesús y los discípulos descienden del monte, el padre del joven epiléptico le ruega a Jesús que le ayude (17, 14-21). Con esto, Jesús y los discípulos son empujados hacia el ministerio. El mensaje es claro. Una experiencia religiosa no es verdaderamente cristiana si nos aísla de los hermanos, nos instala cómodamente en la vida y nos aleja del servicio a los más necesitados.

La vida cotidiana de cada uno de nosotros, como la de Jesús y sus discípulos, tiene mucho más de llanura que de monte elevado. Las situaciones de monte nos deben ayudar a dimensionar el camino y a estar más atentos a los hermanos. Caso contrario, algo anda mal.

Jesús y sus discípulos:
Los anuncios de la pasión pegaron fuerte en el corazón y el ánimo de los discípulos que esperaban un Mesías triunfal, además Jesús había tratado de satanás a Pedro por oponerse al camino de cruz. Pedro, Santiago y Juan participarán de la experiencia de gloria vivida por Jesús en el monte, como confirmando que no todo termina en la muerte. No entienden, pero será una luz de esperanza para luego. Hay experiencias que sostienen el caminar, esta es una de ellas, aplicable a Jesús y a sus discípulos.


Pero ¿qué es ser servidor de Jesucristo? ¿Es sólo adorar su nombre y doblar la rodilla delante de los altares? Muchos cristianos lo creen así. Se imaginan que con tal de cumplir ciertos actos exteriores de religión no se les pide más. No saben que la adoración en espíritu y verdad que Jesucristo exige de sus discípulos no consiste en observancias farisaicas, sino en el amor y en la práctica de todas las virtudes de las que Jesucristo es modelo, en el desprecio interior de todos los falsos bienes de los que Jesús nos ha enseñado su vanidad y su nada, en la huida del placer que naturalmente buscamos con tanto ardor, y por decirlo en una palabra, en el odio al mundo que Jesucristo ha maldecido y en un sincero deseo de ir al cielo por la vía real de la cruz. (Sermón sobre la Anunciación)