Martes de la 3ª semana de Cuaresma

En aquel tiempo se adelantó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?
Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo». El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: «Págame lo que me debes». El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: «Dame un plazo y te pagaré la deuda». Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: «¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?» E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.

Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que nos persiguen, el perdón a quien nos hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario, pero poco realista y muy problemático.

Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos? En concreto: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar?”
Antes que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelanta a hacerle su propia sugerencia: ¿Hasta siete veces? Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Sin embargo, Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo.

La respuesta de Jesús exige ponerse en otra perspectiva. En el perdón no hay límites: “No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete”. No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores.

Frente a nuestra cultura de la venganza sin límites, Jesús canta el perdón sin límites. Necesitamos urgentemente testigos de Jesús, que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz.


MAXIMA
Perdona siempre


Tu carta me ha causado alegría. El mejor medio que uno tiene para obtener el perdón de sus defectos y corregirse es reconocerlos. Como te dije en Rennes, me parece que tu tono es algo duro, hiriente, y bastantes personas se quejan de ello. Ya sabía que el H. Donato, en particular, había sido tratado mal de palabra por ti. No obstante, no me ha planteado ninguna queja contra ti. Me admira la dulzura y paciencia de ese buen Hermano. Espero, querido hijo, que aprovecharás de tus faltas para hacer unos compromisos saludables, y que en adelante no te ocurrirá nada parecido.” (Al H. Maximiliano, 16 de junio de 1850)

Un día un rey quiso ajustar cuentas
con sus servidores
y le presentaron a un siervo
que mucho debía.
Pero el hombre no tenía
como devolver los talentos
y el rey mandó que vendieran
al siervo junto a su familia
y sus bienes también.
Pero el siervo al rey suplicaba clemencia
y pedía arrojado a sus pies:
“Todo te lo pagaré, Señor,
ten paciencia conmigo”.
Y el rey se mostró compasivo
y lástima tuvo de aquél,
y al siervo el buen rey perdonó,
sin deuda, libre se marchó.

Preguntas si hay que perdonar siete veces,
mas setenta veces siete.
No bastan, no bastan.
paciencia con todos tendrás, como el Padre,
que no tarda en perdonarte
y amarte y amarte.
Y Dios mirará y perdonarás.

Justo al salir el servidor
se encontró a un compañero
y lo agarró por el cuello
pues le debía dinero.
Y aunque poco le debía el sirviente exigía:
“¡Tú págame ya!”
De rabia por poco lo ahorcaba
y el que le debía se puso a rogar,
pidiendo al siervo de rodillas
fuera compasivo y pudiera esperar:
“Todo te lo pagaré,
sólo ten paciencia conmigo”.
Mas su ruego no fue atendido,
el siervo no quiso escuchar,
y entonces lo hizo apresar
hasta que pudiera pagar.

Contaron lo ocurrido al rey
que al siervo llamando espetó:
“Tanto que te he perdonado,
pagarás porque has negado
a tu hermano el perdón”.