Viernes de la 3ª semana de Cuaresma

Un escriba se acercó y le preguntó: ¿Cuál es el primero de los mandamientos?
Jesús respondió: El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos.
El escriba le dijo: Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: Tú no estás lejos del Reino de Dios. 
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Los judíos habían identificado 613 mandamientos que debían cumplir y discutían sobre la mayor o menor importancia de cada uno. Era sabido que rabinos famosos tenían diferencias notables sobre esto.
También nosotros cristianos tenemos diferencias a la hora de definir qué normas religiosas son las más importantes: Para algunos el cumplir con el precepto de ir a Misa los domingos es lo máximo. Para otros será quizás alguna devoción en particular, con la que se sienten protegidos u obligados por una promesa. Otros ponen todas sus fichas en el servicio a los necesitados y no valoran tanto los ritos, etc., etc.

Jesús viene a poner claridad en medio de estas discusiones: el centro de todo no es una práctica aislada, sino el amor. Amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo. Cuando este amor es verdadero, entonces cada mandamiento, cada práctica religiosa y cada gesto de servicio encuentra su lugar. Sin amor, incluso las obras más religiosas quedan vacías; pero cuando el amor es el fundamento, todo lo demás se ordena y adquiere su verdadero sentido.

Interesante el resumen que hace Jesús:
.-Escucha, no te hagas el sordo frente a Dios y a los demás; lo importante no es lo que se te ocurra a vos, sino lo que para Dios es importante.  Por eso, abre el oído.
.- Tienes un único Dios verdadero, al que debes adorar, escuchar y servir. Es una invitación a dejar tantos ídolos que consumen nuestras mejores energías: El yo, el dinero, la fama, el auto, etc.
.- Ese Dios que te ama, merece todo tu amor. Pero es un Dios muy especial, que no es fácil de abarcar. Pero hay una forma muy a mano para amarlo y servirlo, que es: Amar al prójimo, que si vemos y tenemos a mano.


MÁXIMA
Ama a Dios en el otro


Bendigo al Señor por haberte conservado una vida cuyo sacrificio ya le habías hecho, pero que él quiere prolon­gar para que se la consagres a su gloria y a la salvación de esos pequeños negros cuya educación cristiana te ha sido confiada. Ámalos mucho en Nuestro Señor y no descuides nada a fin de inspirarles su amor: ¡oh!, ¡y qué queridos te deben ser! ¡Qué dicha para ti ser llamado a ser su padre y su apóstol! Esfuérzate por ser cada vez más digno de tan bella y santa misión.” (Al H. Émeric, 21 de noviembre de 1844)

Amar es entregarse
olvidándose de sí,
buscando lo que al otro
pueda hacer feliz.

Qué lindo es vivir para amar.
Qué grande es tener para dar.
Dar alegría, felicidad,
darse uno mismo, eso es amar.

Si te amas como a ti mismo
y te entregas a los demás,
verás que no hay egoísmo
que no puedas superar.