Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo también esta parábola:Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano.El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas».En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!»Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.
En el tiempo de Jesús había fariseos. Y ahora los sigue habiendo, aunque no se llamen así. Los motivos que movilizan a los fariseos son motivos religiosos. Por eso, es fariseo todo individuo en el que se dan estas tres características: 1) Se ve así mismo “como bueno”: ortodoxo en sus ideas, cumplidor de sus deberes, observante y sumiso a lo que está mandado. 2) Se siente “seguro” de sí mismo: de sus ideas, de su forma de vivir, de su buena familia y sus buenas costumbres. 3) “Desprecia” a los que no piensan y no viven como él.El Fariseo entra “erguido” en el templo. Va por la vida con la cabeza alta. No se reprocha nada y sólo tiene motivos para dar gracias a Dios. Porque él “no es como los demás”. Da miedo pensar en la cantidad de fariseos que hay. Y, sobre todo, da mucho miedo en el destrozo que están haciendo en la Iglesia. Porque la han roto, la han dividido, la han partido por la mitad. Por eso en la Iglesia no hay forma de vivir unidos, como no sea sometiéndose a las ideas y a la forma de vida que nos quieren imponer los fariseos de ahora. Y que conste que aquí todos somos fariseos.En este momento, como en tiempo de Jesús, hay muchos “publicanos”: son todos los que, por el motivo que sea, “no se atreven a levantar los ojos al cielo”. Se sienten avergonzados, humillados y, y a veces, también despreciados. Los publicanos de hoy son los divorciados, los homosexuales, los enfermos de sida … y todos los que no encuentran más solución que el recurso a la misericordia de Dios. Porque ni pueden cambiar de vida, ni de religión, a no ser que se pongan a llevar “una doble vida”.Uno de los problemas más serios, que todos tenemos que afrontar, está en “matar al fariseo” que todos llevamos incorporado, por el hecho de ser humanos y, por tanto, dotados de una fuerte tendencia a sentirnos seguros de nuestra propia conducta. De ahí, el desprecio que sentimos hacia quienes vemos como inferiores a nosotros. Una de las grandes tareas de la vida es vencer nuestro sentimiento de superioridad sobre otras personas a las que vemos o miramos como gente “inferior” o “despreciable”, engordando “nuestro ego” (una de las cosas que más nos separa de Dios y de nuestros hermanos).
Nada es más humillante para el hombre que tener necesidad de que se le predique la humildad para ser humilde. Tiene que ser muy débil nuestra razón, para que sola no pueda poner en nuestro corazón la convicción de nuestra nada; es cierto que lo sabemos, pero nuestro amor propio toma esa confesión como una razón para no creerlo. Vean si no cómo los filósofos, que dijeron las peores cosas del hombre, son aquellos que tienen una más alta estima de sí mismos.
Señor de los afligidos,Salvador de pecadores,mientras aquellos señoresde solemnes encintados,llevan al templo sus dones,con larga cara de honrados.Ay que me gusta escuchartecuando les dices:‘la viuda, con su moneda chiquitaha dado más que vosotros,porque ha entregado su vida’.Señor de las Magdalenas,pastor de samaritanos,buscador de perlas finasperdidas en los pantanos,cómo te quedas mirandocon infinita tristezaal joven que te buscabay cabizbajo se aleja,por quedar con su dinero.¡Ay, qué difícil que pasepor esta aguja un camello!Amigo de los humildes,confidente de los niños,entre rudos pescadoresescoges a tus ministros;parece que todo fueraen tu Evangelio sorpresa;Dices: ‘felices los mansosy los que sufren pobreza;bendito son los que lloran,los sedientos de justicia,dichosos cuando os maldigan’.‘Es hijo de los demonios’,los fariseos decían,‘se mezcla con los leprososy con mujeres perdidas,el sábado no respeta.¿Dónde vamos a pararsi ha decidido sanara toda clase de gente?¡Es un hombre subversivo!Ante tanta confusiónyo me quedo con lo antiguo.Ellos miraban al cieloy Tú mirabas al hombre,cuando apartado en el montete entregabas a la oración;sólo buscabas a Dios,a tu Padre Santo y justo;en el secreto nombrabas,para que Tú los sanaras,al hombre uno por uno,y lo que el barro manchabatus ojos lo hicieron puro.