Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.Entonces dijo a sus discípulos: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
La “mies” son esos rostros concretos: niños que buscan sentido, jóvenes que necesitan guía, corazones que esperan ser escuchados. No se trata de una masa anónima, sino de pequeñas ovejas confiadas a nuestro cuidado.Sin embargo, Jesús señala una realidad que sigue vigente: faltan trabajadores. No porque no haya personas, sino porque no todos están disponibles interiormente. El educador menesiano está llamado a ser uno de esos obreros, no desde la eficacia o el protagonismo, sino desde la entrega silenciosa, fiel y cotidiana.Esta frase también invita a mirar con esperanza. Si la mies es abundante, significa que Dios ya está actuando en los corazones. El educador no siembra en el vacío. Llega a una tierra donde el Espíritu ya ha preparado algo. Por eso, la misión no es pesada, sino fecunda.Jesús invita a la oración: “Rueguen al dueño de la mies…”. El menesiano no se lanza solo a la tarea; reconoce que la misión es de Dios. Ora para que surjan vocaciones, pero también para que su propio corazón se ensanche y esté disponible.
Dios mío, lo sabes, a menudo a la vista de esta inmensa mies de la que habla el evangelio te pido obreros para recogerla. Señor, te pido al mismo tiempo que escojas entre mil a aquellos que Tú encargarás de trabajar en esta obra, que es la tuya, envía, envía trabajadores a tu campo, pero no a los tibios y relajados, no a hombres ambiciosos de un vil salario, prontos a traicionar a Jesucristo y su causa.» (Sermones VII, 2272)
Tú has venido a la orilla.No has buscado ni a sabios ni a ricos.Tan sólo quieres que yo te siga.Señor, me has mirado a los ojos,sonriendo has dicho mi nombre.En la arena he dejado mi barca:Junto a Ti buscaré otro mar.Tú sabes bien lo que tengo:En mi barca no hay oros ni espadas,tan sólo redes y mi trabajo.Tú necesitas mis manos,mis cansancios que a otros descanse,amor que quiera seguir amando.Tú, pescador de otros mares,ansia eterna de almas que esperan,amigo bueno que así me llamas.