Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.Jesús le respondió: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices, muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Hombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.
Jesús plantea aquí directamente el problema que representa conocer a Dios. No olvidemos que, en el lenguaje del Nuevo Testamento, El Padre es el nombre propio de Dios. Pues bien, Jesús afirma que quien conoce a Él, por eso mismo conoce a Dios, lo que es tanto como decir que Jesús es la imagen de Dios.Pero Jesús da a aquí un paso más. Se trata de un conocimiento que entra por los ojos, es decir, por lo sensible, por lo más carnal y humanos que hay en nosotros. Esto explica la intervención de Felipe y la respuesta de Jesús le da. “Muéstranos a Dios”, dinos cómo es Dios. Lo que no es lógico es la respuesta de Jesús: “Tanto tiempo que estoy yo con ustedes y ¿todavía no me conocen?” Felipe veía en Jesús un hombre. No se había enterado todavía de que, en aquel hombre que él veía y palpaba, allí estaba viendo y palpando a Dios.Felipe seguía creyendo en el Dios Infinito y Absoluto del que siempre había oído hablar. A veces, quizá se preguntaría si en Jesús no había algo del antiguo Dios de siempre. Pero seguramente no lo cabía en la cabeza es que el Dios fulminante del Sinaí, el Dios vencedor de todas las batallas, estaba allí, delante de él, cenando, despidiéndose de sus amigos. Dios se había vaciado, había renunciado a su grandeza y había enfilado el camino que, para los hombres de aquel tiempo, era escándalo y una locura (1ª Cor 1,23). Más difícil de entender y aceptar es que el Dios infinito es el Dios humanizado. Por eso no entendemos ni aceptamos a Jesús, aunque pensemos que lo entendemos y lo aceptamos.
Ninguno de nosotros entrará en el seno de Dios, si no ha llegado a ser la imagen de su Hijo. Es en su Hijo, como nos dice él mismo, en quien ha puesto todas sus complacencias; y, para elevar hasta él a sus miserables criaturas, es necesario que encuentre en ellas los rasgos, y, por así decirlo, la figura, la impronta viva de Aquel a quien ha engendrado antes de todos los siglos (Profesión de una religiosa, S VII 2172)
Si por un segundo vieras cómo te escuchoCada ruido, cada palabra, y cuando no hablas muchoY hables o estés callado, solo me importa si estásEn mi amor cabe el silencio, cabe hablar y mucho más.Si por un segundo vieras cómo te miroCuando duermes, cierras los ojos, yo ahí sigoSe me cae la baba, imposible no mirarNo quiero dejar de hacerlo, no lo intentes imaginar.Reviento de amor, estoy temblando de gozoTe como con la mirada, estás aquí y no estás soloCada lágrima, cada risa, en mi memoria se han grabadoCada detalle de tu cuerpo y de tu alma fueron pensadosNo creo que aguante más contenerme aquí detrásQuiero entrar, hacerte mío, curar tu herida si me la dasSi por un segundo vieras cómo te miroNo querrías ver nada más.Si por un segundo vieras cuánto te amoYo solo sé entregarme, aunque sea en vanoY tiemblo al imaginar cuando llegues al cieloCostará respirar en el abrazo que nos daremos.Si por un segundo vieras lo que hay por llegarLo que aguarda escondido, casualidades sin azarLo sueño tantas veces, en cada don, ¿qué puedo hacer?Tú recibes mi regalo, al cielo miras, agradece.Reviento de amor, estoy temblando de gozoTe como con la mirada, estás aquí y no estás soloCada lágrima, cada risa, en mi memoria se han grabadoCada detalle de tu cuerpo y de tu alma fueron pensadosNo creo que aguante más contenerme aquí detrásQuiero entrar, hacerte mío, curar tu herida si me la dasSi por un segundo vieras como te miroNo querrías ver nada más.Reviento de amor y estoy temblando de gozoHay tanta locura en este amor que no controloPierde tu vida, recibirás la eternidadLa alegría de ser esclavo, esclavo de mi libertadSi por un segundo vieras cómo te miroNo querrías ver nada más.