5º domingo de Pascua

Jesús dijo a sus discípulos: No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.
Tomás le dijo: Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?
Jesús le respondió: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.
Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.
Jesús le respondió: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices, muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

Las lecturas de hoy nos van preparando para la Ascensión del Señor que celebraremos dentro de dos domingos. Por un lado, la primera lectura, dará cuenta de cómo el evangelio se va expandiendo y los signos van atestiguando su veracidad. Por otro lado, el Apóstol Pedro, nos invitará a dar razones de nuestra esperanza, es decir, del sentido vital que anima nuestro caminar.

El Evangelio nos narrará, que, al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertados y abatidos. ¿Qué va a ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, trata de animarlos: «No se inquieten. Confíen en Dios y confíen también en mí».
Jesús quiere comunicarnos confianza y seguridad en el camino de esta vida, aunque no le veamos, ni oigamos, ni palpemos. Él está con nosotros y esa es la certeza que sostiene y alienta el caminar cotidiano.

Los diálogos de Jesús con sus discípulos, en la persona de Tomás y de Felipe, ponen de manifiesto las preocupaciones de ellos, las de las primeras comunidades cristianas y las nuestras. ¿Cuál es el camino hacia el Padre y quién es este?
Yo soy el camino hacia el Padre, dirá Jesús y no hay otro. No hemos de olvidar nunca esta verdad. Juan María nos dirá que el único camino hacia el Padre es ir dejándonos, poco a poco, en la medida que nos lo permita la humana debilidad, revestir de Jesucristo. Sólo así accederemos al Padre.

Jesús no sólo es el camino. Es la verdad y la vida. Es el único camino que nos hace más verdaderos, más humanos, más yo mismo, pues al desplegar en nosotros la imagen del Hijo, nos vamos plenificando. También es el único camino que nos da vida y vida en abundancia. La vida no está fuera, está dentro. La vida no está en la superficialidad, sino en la interioridad y en la medida que bajemos a las profundidades nos iremos encontrando con que ‘en lo profundo no hay nada que no sea sorprendente, y sin embargo bajamos tan a poco y pocas veces’, nos dice Luis Guitarra en una de sus canciones.

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca al Misterio último. Dios no se impone. Dios no fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede conducir Misterio, al Padre.
Esta acción de Jesús en nosotros se produce, casi siempre, de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible.
A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna.

Jesús y sus discípulos:
Los cuida como un padre, está atento a ellos, no descuida nada para prepararlos, los advierte, los fortalece para que puedan enfrentar lo que acontecerá, busca infundirles ánimo y confianza desde el inicio, se proyecta en ellos e incluso les dice que harán obras mayores que él.
¿Actuó como Jesús con los que me son confiados?


PALABRAS DE JUAN MARÍA DE LA MENNAIS


En esta ciudad tan cristiana, no hay una sola familia que no tenga algún santo entre sus miembros; ahora desde lo alto del cielo, nos tienden sus brazos; ¿no los oyen? Les piden, Hermanos míos, los llaman para ir a gozar con ellos: hijo mío, hermano mío, hermana mía, les dicen, salva tu alma, camina, camina con paso firme por el sendero por el que nosotros mismos hemos andado, él te conducirá, como a nosotros, a la estancia de alegrías inmortales y a la eterna felicidad. (Sermón sobre el cielo, S. IV 1286 ss.)

Yo soy la Luz del Mundo,
 no hay tinieblas junto a Mí.
 Tendrán la luz de la vida
 por la palabra que les di.

 Yo soy el Camino firme,
 Yo soy la Vida y la Verdad.
 Por mí llegarán al Padre
 y el Santo Espíritu tendrán.

 Yo soy el Pan de Vida
 y con ustedes me quedé.
 Me entrego como alimento,
 Soy el misterio de la fe.

 Yo soy el Buen Pastor
 y por amor mi vida doy.
 Yo quiero un solo rebaño,
 Soy para todos Salvador.

 Yo soy la Vid Verdadera,
 mi Padre Dios, el viñador.
 Produzcan fruto abundante
 permaneciendo en mi amor.

 Yo soy Señor y Maestro
 y un mandamiento nuevo os doy:
 Que se amen unos a otros
 como los he amado yo.