Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
COMENTARIO
La Ley y los Profetas eran el camino que Dios había preparado para su pueblo. Jesús viene a culminar, a darle su verdadero sentido. Y recuerda la importancia de la fidelidad concreta. El amor a Dios no se queda en palabras, sino que se expresa en obras, en decisiones diarias, en pequeños gestos de obediencia y de coherencia. Por eso habla incluso de la más pequeña letra de la ley. Nada de lo que Dios nos enseña es insignificante.La fidelidad a Dios no necesita de grandes gestos de heroísmo, sino que se evidencia en los pequeños gestos de cada día. Quizás a veces imaginamos la santidad como algo extraordinario: hacer grandes sacrificios, realizar obras impresionantes o afrontar situaciones heroicas. Sin embargo, para la mayoría de las personas, el camino hacia Dios pasa por las cosas sencillas de cada día. La fidelidad se manifiesta cuando una persona reza, aunque no tenga ganas, cumple con su trabajo con responsabilidad, trata con paciencia a quienes le resultan difíciles, dice la verdad cuando le sería más fácil mentir, ayuda a quien lo necesita sin esperar nada a cambio, o perdona una ofensa. Son gestos pequeños que quizá nadie ve, pero que Dios valora enormemente.De hecho, los grandes actos de santidad suelen ser el fruto de miles de pequeñas fidelidades acumuladas a lo largo del tiempo. “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lc 16,10). No nos pide hazañas extraordinarias todos los días, sino un corazón que lo elija una y otra vez en las circunstancias concretas de la vida.
Ser fiel en las cosas más pequeñas, pero de buena manera y sin escrúpulos. No temer ser molestados en las ocupaciones, estudios, hasta en las mismas oraciones; volver a ellas con espíritu tranquilo y siempre contento. (Memorial 17)
CANCIÓN