San Benito, abad

Jesús dijo a sus apóstoles: El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Jesús les ha dicho a sus discípulos que van a ser perseguidos y enseguida explica por qué. Si de verdad se han identificado con Jesús, lo lógico es que les va a pasar en la vida lo mismo que le pasó a Jesús. Si él fue perseguido por los dirigentes de su propia religión, es evidente que quienes se presentan como los discípulos de aquel Jesús, si de verdad lo son, tendrán que pasar por la misma situación.
Están equivocados los dirigentes actuales que eso ocurrió en “el antiguo pueblo de Dios”, pero ya no puede ocurrir en el “nuevo y definitivo pueblo elegido”. No hay en este mundo religión elegida y exenta de error. Los sumos sacerdotes, no se equivocaron por ser de Israel, sino porque tenían la convicción de que ellos no se equivocaban.

El que se ve amenazado, siente miedo. Por eso, la gran tentación de los apóstoles (y de sus sucesores) es el miedo. Cuatro veces habla Jesús del miedo. Y el gran peligro del que tiene miedo es callarse o decirlas cosas de forma que no le complique la vida. Cuando eso ocurre, el Evangelio se convierte en “proyecto político” disfrazado de “proyecto apostólico”, de “responsabilidad pastoral” o cosas parecidas.


La obra de Dios no depende de tal o de cual hombre, no depende más que de Dios y debemos poner en Él toda nuestra confianza. Tengamos fe y no nos dejemos turbar por vanos miedos. (Al H. Ambrosio, 27 de noviembre de 1848)

Brilla en los ojos un fuego que arde
y despierta una llama en mi corazón.
Nueva es la paz y mayor la alegría;
los mismos colores, mas otro el sabor;
es lo eterno que viene de ti,
es lo eterno que viene de ti.

Hoy dejo atrás esa vida de siempre,
me pongo en camino, me ordeno hacia el fin.
El amor me llama, conozco el deseo
aunque pesa en mi vida el honor.
Me hago más libre en busca de ti,
me hago más libre en busca de ti.

Sin miedo abrazo y sigo tus pasos,
busco el camino, voy peregrino.
Sin miedo me confío en tu gracia,
me pongo en marcha, tu amor me basta.
Sin miedo abrazo, sigo tus pasos,
busco el camino, voy peregrino.
Sin miedo me confío en tu gracia,
me pongo en marcha, tu amor me acompañará.

Este camino, al igual que otros muchos,
exige la lucha, no excluye el dolor.
Caben mis rodeos y mis pies cansados,
también esas voces que me hacen dudar.
Pero en mis noches, me aferro de ti,
pero en mis noches, me aferro de ti.


San Benito de Nursia (c.480–547) nació en el seno de una familia acomodada. Siendo joven fue enviado a Roma para estudiar, pero, desilusionado por la vida inmoral de la ciudad, decidió retirarse para buscar a Dios en la soledad. Vivió durante varios años como ermitaño en una cueva de Subiaco, dedicado a la oración, el trabajo y la penitencia. Su fama de santidad atrajo a numerosos discípulos, con quienes fundó varias comunidades monásticas.
Hacia el año 529 estableció el célebre monasterio de Montecasino, donde escribió la Regla de San Benito, una guía para la vida monástica basada en el equilibrio entre la oración, el trabajo y la vida fraterna. Su lema quedó resumido en la expresión «Ora et labora» («Reza y trabaja»).
La Regla benedictina se difundió por toda Europa y tuvo una enorme influencia en la evangelización, la educación, la conservación de la cultura y el desarrollo de la civilización occidental durante la Edad Media.
San Benito murió el 11 de julio de 547. Fue proclamado Patrono de Europa por Pablo VI en 1964.