Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.Marta dio a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.Marta le respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día.Jesús le dijo: Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?Ella le respondió: Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.
Frente a una enfermedad, un fracaso, una pérdida o una injusticia, muchos se preguntan: «¿Dónde está Dios?» Es la gran pregunta que se hicieron algunos frente a Auschwitz, Treblinka y los demás campos nazis. El Evangelio nos muestra que estas preguntas no son incompatibles con la fe. Dios no se escandaliza de nuestras lágrimas ni de nuestras dudas. Al contrario, nos invita a presentarle el corazón tal como está.Sin embargo, Jesús lleva a Marta un paso más allá. Ella espera un milagro; Jesús le ofrece una revelación. No le dice simplemente que Lázaro volverá a vivir, sino que le revela quién es Él: «Yo soy la Resurrección y la Vida».La esperanza cristiana no consiste únicamente en esperar que Dios resuelva nuestros problemas o nos conceda una vida futura. La esperanza tiene un rostro: Jesucristo. Él es la Vida que vence a toda muerte, no sólo la muerte física, sino también las pequeñas muertes de cada día: el desánimo, el pecado, el egoísmo, la desesperanza y la falta de sentido.Jesús termina con una pregunta que atraviesa los siglos: «¿Crees esto?» No pregunta si Marta entiende el misterio, sino si confía en Él. La fe no consiste en tener todas las respuestas, sino en apoyarse en la Persona de Jesús, aun cuando muchas preguntas permanezcan abiertas.La respuesta de Marta es una de las profesiones de fe más hermosas del Evangelio: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios«. Es una fe pronunciada antes del milagro, cuando Lázaro todavía está en el sepulcro. Esa es la verdadera fe: creer antes de ver, confiar antes de comprender.También nosotros estamos llamados a responder cada día esa misma pregunta. En medio de nuestras dificultades personales, de los desafíos de la misión educativa o de las incertidumbres del futuro, Jesús sigue preguntándonos: «¿Crees esto?» Y cada vez que respondemos con la confianza de Marta, permitimos que el Señor siga haciendo surgir vida donde parecía haber solo muerte, esperanza donde reinaba el desaliento y futuro donde parecía imponerse el final.
Compartan, queridos niños, los mismos sentimientos. Purifíquense más y más; santifiquen todas tus obras para que cuando llegue su última hora, puedan poner su alma con confianza y alegría en las manos de Jesús, quien los juzgará en su misericordia y será su resurrección y su vida. (A los niños)
Yo creo en tu resurrecciónporque puedo amar, puedo reír,puedo abrazar mi mayor enemigoy mirarlo en ti.Yo creo en tu resurrecciónporque tengo paz en el corazón,porque puedo entregarmea pesar de todo este dolor.Yo creo en tu resurrecciónporque soy feliz junto a ti,porque me amas tantoque hasta moriste por mí.Yo creo en tu resurrecciónporque puedo amar,porque tengo tanto, tanto,tanto para entregar.Yo creo que tú, Señor,vivirás en mí.Yo creo que tú, Señor,vencerás en mí.Yo creo que tú, Señor,morarás en mípara siempre, para siempre,Señor.Yo creo en tu resurrecciónporque ni el dolor, ni mi propio error,ninguna angustiapodrá separarme de tu amor.Yo creo en tu resurrecciónporque todo lo puedo con tu amor,Porque sé que cuidas de mi vidamejor que yo.Yo creo en tu resurrecciónporque puedo amarPorque puedo entregarmea pesar de todo este dolor.Yo creo en tu resurrecciónporque puedo amar,porque tengo, tanto, tanto,tanto para entregar.Yo creo en ti, Señor.Yo creo en la fuerza de tu vida.Creo que donde abundó el pecadomás sobreabundó tu gracia.Creo en la fuerza de tu pequeña semillaen nuestro corazónque da el ciento por uno.Creo que vives en nosotros.