Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos.Ellos respondieron: Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescadosTráiganmelos aquí, les dijo.Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Mateo sitúa el primero de los dos milagros de los panes que relata junto al lago, en territorio judío. La acción de Jesús evoca la actuación de Dios en el desierto: el pueblo que lo seguía satisfizo su hambre y recogió incluso doce canastos de sobras, uno por cada tribu de Israel. El gesto que hace Jesús no ‘cae del cielo’, requiere el aporte ineludible de sus discípulos. Hasta que no pongan todo lo que tienen a disposición de Jesús, por escaso que sea, no habrá alimento para compartir con la gente.El texto se inicia así: “Al enterarse Jesús de esto”… Enlaza con el pasaje anterior sin informarnos de qué se trata, pero si vamos hacia atrás el texto da cuenta de la muerte violenta de Juan el Bautista, su primo, acontecida en un banquete, pero donde el anfitrión y los invitados son amigos del poder. Las fiestas de los poderosos, a veces, acaban con la vida de los pobres. Hay banquetes y banquetes. Hoy asistimos al “banquete de la vida”, donde la Palabra no muere, sino que comunica vida y vida en abundancia. El anfitrión del “banquete de la vida” es Jesús. Y los invitados, todos aquellos que se sienten agobiados y enfermos. Jesús está golpeado por lo acontecido. Quiere tomarse un momento de interioridad para hacerse cargo de lo que le está pasando y por ello se retira con sus discípulos a un lugar apartado, algunas traducciones dicen, lugar desierto. La gente de los poblados ‘adivinó’ el lugar y allá lo precedieron por tierra.Al desembarcar Jesús vio mucha gente y «se conmovió hasta las entrañas». No es este un detalle pintoresco del narrador. La compasión hacia esa gente es lo que va a inspirar toda la actuación de Jesús. La compasión no es lástima. Es amor activo, amor que hace algo por el otro. Aunque Jesús fue al lugar para estar solo, no se permite descansar, y menos aun cuando la multitud se encuentra agobiada y enferma. Por el contrario, desembarca, los observa, los mira con profundidad, lee en sus rostros el dolor, la enfermedad, el agobio, y se pone manos a la obra.Los discípulos no habían aparecido en la narración hasta este momento. Pero sabemos que estaban en el lugar por lo que sucede: “como se hacía tarde los discípulos se acercaron a decirle”… ¿Dónde estaban los discípulos? Seguramente en la barca, ‘resguardados’, quizá molestos con el Maestro porque había planteado otro plan… y aquí volvemos al detalle “al desembarcar Jesús”… Sí, sólo él desembarcó. Los demás se quedaron aguardando. No se comprometieron con la situación. Se acercan ahora para decirle al Maestro lo que tiene que hacer y le describen muy bien el contexto (despoblado, tarde, mucha gente…).Los discípulos ven como obstáculo el lugar, el espacio y el tiempo, quieren que Jesús se deshaga de la gente. No siempre nos hacemos tiempo para lo importante, sólo lo urgente parece merecer nuestro tiempo. Que lo urgente no le quite el espacio a lo importante. Necesitamos espíritu de profundo discernimiento en todo.Jesús ni lento ni perezoso, y aprovechando que ‘se dignaron acercarse’ los desafía: denles ustedes de comer; no necesitan irse. La respuesta no se hace esperar: “sólo tenemos…” (les faltó decir ‘para nosotros’). “Tráiganmelos”, les dice Jesús.Mientras tanto organizó a la gente. Se sentaron sobre la hierba (¿no era un lugar desierto?, ¿no será que donde está el Buen Pastor hasta el desierto se transforma en pradera donde saciar el hambre?). Toma los panes (5) y los peces (2) y eleva la mirada al cielo. Los reconoce como dones, como regalo, los saca de la órbita de la posesión y de la propiedad, los pone en su real dimensión, en la dimensión de lo gratuito, de lo dado.Pronuncia la bendición, dice bien de esos panes que están para compartirse, para repartirse, para todos y no para algunos… “partió los panes (¿y los peces?) y se los dio a los discípulos” y estos a la gente. Los que se habían quedado en la barca, ahora se ven comprometidos en la misión. ¡Qué ingenioso / creativo es Jesús, aun cuando miramos de fuera las cosas eres capaz de hacernos parte de la misión cuando nos dignamos acercarnos, incluso, para decirte lo que debes hacer!Se saciaron todos y recogieron (también tarea de los discípulos) doce canastas (Israel). Sólo lo que se da se multiplica. Lo que reservamos para nosotros mismos se agota en nuestras despensas del egoísmo. Jesús nos enseña a ser generosos y a dar con alegría. Si lo hacemos así, constatáremos que tendremos hasta de sobra. Hay pan para toda la humanidad, el problema es que pocos “lo tienen en sus barcas” y siguen pensando como los discípulos: ‘despídelos’… Los dones y bienes puestos en común se multiplican y generan vida para todos. En manos de Jesús lo poco se convierte en abundante. Aquella aportación pequeña, 5 panes y 2 peces, adquiere en manos de Jesús una fecundidad sorprendente. Jesús es el que nos alimenta.No hemos de olvidar los cristianos que la compasión de Jesús ha de estar siempre en el centro de la Iglesia como principio inspirador de todo lo que hacemos. Nos alejamos de Jesús siempre que reducimos la fe a un falso espiritualismo que nos lleva a desentendernos de los problemas materiales de la gente.Para los Menesianos la escuela es el lugar de la división (el texto no habla de multiplicación, somos nosotros los que ponemos el acento donde no va) de los panes, donde cada día los sentimientos de los educadores son estimulados a distribuir, a manos llenas, el pan de la instrucción y de la educación evangelizadora, recibidos de Jesús, para saciar el hambre de una multitud de niños y jóvenes que nos son confiados.En la escuela banquete, ¿qué lugar ocupo? ¿Soy un servidor de la Palabra, del pan o estoy encargado de recoger lo que sobra? ¿Estoy con la gente y con Jesús, estoy resguardado ‘en mi aula’, sin exponerme por miedo a ‘ser comido’ por los estudiantes? ¿Estoy sentado o de pie, sirviendo?
Jesús y los suyos: No pierde oportunidades para seguir educando a los suyos, aun cuando estos pretenden quedarse al margen. Cuando se dignan bajar los implica, los hace parte, los hace disfrutar de lo que acontece. También, luego los obligará a subirse a la barca. La fiesta no es de ellos, es de la gente. Jesús es el anfitrión que se quedará a despedir a los autoconvocados.
Jesús y la gente: Sabe posponer sus planes, incluso posponerse. Deja de lado sus necesidades para atender las necesidades de la gente, los cura. Luego organizará un compartir, que los saciará. Luego toma tiempo para despedirlos. Jesús es cuidadoso de los detalles.
Ahora bien, ¿qué medio emplear para curar este mal, allí donde existe, o para prevenirlo allí donde no existe todavía? No hay otro, que buenas escuelas; es decir, escuelas verdaderamente cristianas, piadosos asilos en los que la religión acoge a la infancia, donde ella le distribuye con sus manos divinas el pan de la instrucción, no menos necesario a las almas que el pan material para el cuerpo; donde los forma en la práctica de las amables y dulces virtudes que hacen el encanto de la primera edad y la dicha de las otras…»
Aquí hay un muchachoque solamente tienecinco panes y dos peces.Mas, ¿qué es eso para tanta gente?Aquí hay un muchachoque solamente tieneun corazón dispuesto a darMas, ¿qué es eso para tanta gente?Aquí esta este corazónque quiere serte fiel.Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?¿Si no te tiene a ti?Toma este corazón.Toma cuanto tengo y cuanto soy.Toma mi pasado, mi presente y mi futuro.¡Todo cuanto tengo tómalo!Mi corazón tomaste,mis panes bendijiste;a la gente repartiste,y a todos alcanzó.Mi vida está en tus manosy quieres repartirlacomo hiciste con mis panesaquel día, ¡Oh Señor!Aquí están mis palabras,aquí están mis acciones,aquí están mis ilusionesMas, ¿qué es eso sin tu amor, Señor?Aquí esta este corazónque quiere serte fielMas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?¿Si no te tiene a ti?Aquí está este corazón,con mis panes y mis peces.Toma todo y repártelo, Señor.Aquí hay un muchacho…