Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: Señor, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.Pero él no le respondió nada.Sus discípulos se acercaron y le pidieron: Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.Jesús respondió: Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: ¡Señor, socórreme!Jesús le dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.Ella respondió: ¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!Entonces Jesús le dijo: Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!Y en ese momento su hija quedó sana.
En el primer siglo, después de la partida de Jesús, y gracias a la acción de misioneros como Pablo, en la Iglesia se plantea un tema importante: ¿Qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos?Jesús había actuado sobre todo dentro de las fronteras de Israel. ¿Era voluntad de Dios predicar la Buena Nueva a los pueblos paganos?Sin embargo, rastreando en la vida del maestro, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras: Primero: Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo: Jesús no había reservado su compasión sólo para los judíos. El Dios de la compasión es para todos.La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana, proviene del pueblo de los cananeos, que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. Tal vez es madre soltera, viuda o ha sido abandonada por los suyos.Mateo destaca su fe. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos gritando. No se detiene ante el silencio de Jesús, ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, «terriblemente atormentada por un demonio”, se ha convertido en su propio dolor: “¡Señor, socórreme!»No acepta las explicaciones de Jesús, dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo soledad y marginación.Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla tu deseo”.La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones: Debe aliviar el sufrimiento, sea quien sea el necesitado. Su petición coincide con la voluntad de Dios.Jesús allí entendió que su misión era universal, no sólo para los hijos de Israel. Entendió que no hay barreras de ningún tipo para la compasión.
Cuando vemos a hombres trabajando para hacer felices a sus semejantes, no podemos evitar admirarlos y alabarlos. Cuando uno ve a un hombre que sólo busca aliviar a los pobres y desafortunados y limpiar sus lágrimas, que vierte abundantes limosnas en su regazo, se lo considera un digno depositario de los bienes que la Providencia le ha confiado… Todos, incluso los más impíos, harán justicia a su celo, y los aprobarán incluso cuando busquen ennegrecer su reputación y evitar el bien que desean hacer. Pero cuando encontramos en la sociedad hombres que sólo buscan su felicidad, que ven a sus semejantes en las penas y miserias y rechazan aliviarlos, a esos los consideramos monstruos” . (Sermón sobre los malos discursos, 1807)
Sois la semilla que ha de crecer,sois estrella que ha de brillar,sois levadura, sois grano de sal,antorcha que debe alumbrar.Sois la mañana que vuelve a nacer,sois espiga que empieza a granar,sois aguijón y caricia a la vez,testigos que voy a enviar.Id, amigos, por el mundoanunciando el amor.Mensajeros de la vida,de la paz y el perdón.Sed, amigos, los testigosde mi resurrección.Id llevando mi presencia.Con vosotros estoy.Sois una llama que ha de encenderresplandores de fe y caridad.Sois los pastores que han de guiaral mundo por sendas de paz.Sois los amigos que quise escoger,sois palabra que intento gritar.Sois reino nuevo que empieza a engendrarjusticia amor y verdad.Sois fuego y savia que viene a traer.Sois la ola que agita la mar,la levadura pequeña de ayerfermenta la masa del pan.Una ciudad no se puede esconder,ni los montes se han de ocultar.En vuestras obras, que buscan el bien,los hombres al Padre verán.