San Roberto Belarmino

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!
Pero Jesús le dijo: Simón, tengo algo que decirte.
Di, Maestro! -respondió él.
Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?
Simón contestó: Pienso que aquel a quien perdonó más.
Jesús le dijo: Has juzgado bien.
Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor.
Después dijo a la mujer: Tus pecados te son perdonados.
Los invitados pensaron: ¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?
Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Hace ya tiempo escuché que la ternura es el amor puesto en el detalle. Es decir, el amor expresado en las pequeñas cosas que hacen la vida. Puedo dar un vaso de agua o servir una taza de café de muchas maneras. Las máquinas expendedoras también los hacen.
Pero hay personas que hacen que ese vaso de agua o ese café se vuelvan inolvidables por la sonrisa con que lo sirven, la servilleta, no sé, pequeños detalles que hacen de esas cosas triviales algo especial.
Lamentablemente, a veces vamos tan de prisa, que nos olvidamos de esto.

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en una comida.
El anfitrión se escandaliza porque ha entrado en la sala una mujer de «mala vida» que va directamente hacia Jesús y le lava los pies con sus lágrimas, se los seca con sus cabellos y los besa.
Jesús, que se da cuenta de todo, hace caer en la cuenta a Simón de que, aquella mujer, lo ha tratado con más delicadeza y ternura que él.
Simón no tuvo ningún detalle con su invitado, ni siquiera la más mínima cortesía. No tuvo el gesto habitual de lavarle los pies, o hacérselos lavar, dado que vendrían llenos del polvo del camino; ni siquiera lo saludó con el beso, muestra de hospitalidad.
En cambio, aquella mujer, que estaba siendo menospreciada por el que se consideraba superior, tuvo no solo gestos de educación, sino gestos llenos de amor, de detalle, de ternura.

No perdamos estos pequeños detalles en nuestra vida cotidiana. Tengamos gestos de ternura y cariño con quienes tenemos cerca, que es con quienes más se nos olvida.
Pero también con esas personas a quienes nos dirigimos, a quienes servimos.
No hagamos las cosas de cualquier manera. Pongamos a todo, el sello de la delicadeza, el amor, la ternura. Hagamos de cada gesto, algo especial e inolvidable.” (Jacqueline Rivas, Hesed)


Me hablarán no como a un superior al que se teme, sino como a un padre de quien se conoce la indulgencia y la ternura, como a un amigo en cuyo seno se tiene necesidad de derramar toda su alma. Pobres hijos, los consolaré, los iluminaré, los tomaré en mis brazos, por miedo a que sus pies, como dice la Escritura, no tropiecen con una piedra; no es bastante decir, les daré calor en mi corazón. (condiciones para aprovechar el retiro)

Ser presencia, Señor,
es hablar de Ti sin nombrarte,
callar cuando es preciso;
gestos en lugar de palabras.

Luz que debe alumbrar,
voz que desde la vida habla.
Decir que estamos cerca
aunque estemos en la distancia.

Ser presencia es, también,
incluir a la esperanza,
sufrir con el que sufre
mostrarte en oscuras llagas.
Reír con el que ríe,
alegrarse con los que aman
Gritar con el Espíritu
que Dios siempre nos salva.

Ser tu presencia, señor, abrirnos el corazón
y es también, Señor, ser caminante,
en un camino poblado de hermanos,
gritando en el silencio que estás vivo,
que nos tenés tomados de la mano.

Ser presencia es vivir
sin más armas que tu Palabra,
compartir tu Misterio
y decirles, Dios, que los amas.

Es saber escuchar que tu vos
en silencio nos habla,
y ver por ellos cuando la fe,
parece, se apaga.

Ser presencia, Señor,
es vivir tus tiempos en calma,
esa serenidad
con la paz que llena las almas.
Es vivir la tensión de una Iglesia
que crece y cambia,
abrirse a nuevos tiempos
siendo fieles a tu Palabra.


San Roberto Belarmino nació en Italia en 1542. Ingresó en la Compañía de Jesús y se destacó como sacerdote, profesor y gran estudioso de la Biblia y de la doctrina cristiana.
Enseñó teología y escribió importantes obras para explicar y defender la fe católica durante la Reforma protestante.
Fue nombrado cardenal y arzobispo, pero vivió con sencillez y austeridad. Se preocupó especialmente por la formación de sacerdotes y catequistas, y redactó un catecismo claro y accesible para enseñar la fe al pueblo.
Murió en Roma en 1621. Fue canonizado en 1930 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1931.
Es recordado por unir una gran inteligencia con una profunda humildad y un sincero amor a la Iglesia.