Mártires de la Guerra Civil Española

La madre y los hermanos de Jesús fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte.
Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

María de Nazaret, la madre de Jesús, sabía muy bien lo que su hijo comenzó cuando un día se despidió de ella y de José para anunciar el Reino.
Ella seguirá siendo su madre hasta la muerte, igualmente José, su padre. Jesús era consciente de esa tarea lejos de su familia de Nazaret y en esta ocasión les explica a sus seguidores lo que significa ser familia de él.
María, José y sus parientes fueron los primeros en escuchar la Palabra de Dios y practicarla. Por eso no se preocupa en que ellos estuvieran cerca o lejos.
Él le habla al pueblo sobre su familia recordándolos con uno de los mejores elogios que trae el Evangelio. Ahora nosotros seguimos los pasos de Jesús escuchando su Palabra y practicándola.
Somos familia de Jesús.

Cada comunidad se esfuerza por llegar a ser una Comunidad evangélica, signo de la presencia ya efectiva del Reino, donde la caridad destruye toda barrera y reconcilia a todos los hombres, hijos de un mismo Padre y hermanos de Jesucristo que los reúne en un solo cuerpo.

Porque tuve hambre, porque tuve sed
y me diste pan y agua de beber.
Porque estuve enfermo y me viniste a ver,
un poco de cielo pude conocer.
Porque andaba triste, cansado y con frío
y me diste alegre tu calor de amigo,
porque me sanaste cuando estuve herido,
yo sentí en tus manos las de Jesucristo.

Yo te digo eres mi hermano.
Tú, porque supiste amar.
No es tiempo perdido,
tiempo que se da.
No es tiempo perdido,
tiempo que se da.

Porque al niño solo llevas a tu hogar
y pan de los hijos tú le sabes dar,
porque a quien te ofende sabes perdonar
la bondad de Dios me has hecho encontrar.
Porque con tus ojos suscitas lo bueno,
porque miras siempre mi mejor anhelo,
porque siempre escuchas mi clamor sincero.
descubrí en tu rostro todo un mundo nuevo.


Los mártires españoles de la Guerra Civil fueron sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos asesinados por su fe durante la persecución religiosa que acompañó al conflicto de 1936 a 1939. La violencia fue especialmente intensa en los primeros meses de la guerra: se atacaron iglesias y comunidades religiosas, y muchas personas fueron detenidas y ejecutadas.
La Iglesia ha beatificado a numerosos hombres y mujeres de distintas edades y formas de vida; entre ellos, un grupo de 498 personas en 2007. Su historia se sitúa en una guerra que causó víctimas y atrocidades en ambos bandos. Recordarlos, según expresó Benedicto XVI, es también una invitación al perdón, la reconciliación y la convivencia pacífica.