Martes de la semana 28º durante el año

Un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: ¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.

San Lucas nos presenta a Jesús invitado por un fariseo. Por el modo como introduce la escena el evangelista, ha debido escuchar la enseñanza de Jesús, pues dice que, al terminar de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. El Señor aceptó y entró en su casa.

Este fariseo no puede dejar de lado la formación recibida, en la que se carga el acento en lo puramente formal. De ahí su asombro al observar que Jesús no guarda la tradición de lavarse las manos antes de comer.

Al percibirlo Jesús, ahí mismo le dice: “Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosan de perversidad y maldad”.
Jesús señala el sistema distorsionado, que es necesario corregir. Hay que iluminar esa situación y Jesús lo hace, sin cuidarse de lo políticamente correcto, de no ofender al que le había invitado.

Le hace una oportuna llamada de atención, para que considere la necesidad de renovarse interiormente y que, de lo que allí haya, hable la boca y se manifieste en las obras.
No se trata de aparentar, sino de ser en verdad fieles a lo que realmente importa y que eso se ponga de manifiesto en la conducta basada en la verdad y la justicia.

¿Cómo resuena en mí esta palabra? ¿Habla mi boca de lo que abunda el corazón?

¡Vengan! Pero con intenciones puras. Lejos de ustedes todo espíritu de curiosidad y de hipocresía. Vengan con un corazón recto. Aporten a la misión el deseo sincero de convertirse. Díganle a Dios con todo el corazón que quieren ser sanados. (Sermón 18. Sobre la misión)

¿Qué hay en tu corazón
que haya sobrevivido,
que lleve puesto el ropaje
de cuando niño?
¿Qué hay en tu corazón
que llene de luz tu cara,
que haga brillar de fe tu mirada?
¿Qué hay en tu corazón
que tenga algo de rareza,
que sea como pasar
una puerta estrecha?
¿Qué hay en tu corazón
uniendo lo que más amas
con todo lo que en verdad
hace falta?

¿Qué hay en tu corazón?
¿Qué hay en tu corazón
sin miedo a la sensatez
ni alas circunstancias?
¿Qué hay en tu corazón
que mezcle paz y añoranza,
que tenga el sello indeleble
de la esperanza?

¿Qué hay en tu corazón
capaz de sentir asombro
y aquella humildad
que tiene el retorno?
¿Qué hay en tu corazón
creyendo aún en milagros
Y viéndolos suceder
a cada paso?

¿Qué hay en tu corazón, dime,
qué hay en tu corazón,
que sea la voz de Dios.

Diciendo tu nombre,
que tenga la candidez
de los primeros amores,
del viento cuando desciende
desde los montes?

Que sea soplo de vida
girando en un rincón,
gritando tu semejanza
 con el Señor.