San Calixto I

Jesús dijo a los fariseos: ¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!
¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!
Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros.
Él le respondió: ¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Duro, muy duro el relato que Lucas nos hace de este episodio, en el que Jesús, se dirige a los fariseos que presumían de ser justos y cumplidores de la ley. Les reprocha que sus actos estén dirigidos realmente de cara a la galería, olvidándose de lo realmente importante.

Jesús enumera una serie de lamentaciones para denunciar dos deformaciones religiosas típicas: la hipocresía y la vanidad. Y es que cuando las personas se focalizan en el cumplimiento externo meticuloso, suele haber detrás un corazón olvidado de la justicia y el amor.

Este duro discurso de Jesús, también debe hablarnos algo hoy. Cuántos de nosotros nos convertimos en “Cristianos de Vitrina”. Nos gusta aparentar lo buenos que somos, colocarnos en sitios destacados para que nos vean, que la gente nos admire por lo que aparentamos ser y no somos. La hipocresía mantiene una apariencia engañadora. ¿Hasta dónde actúa en mí la hipocresía? ¿Hasta dónde actúa en nuestra Iglesia? (Boosco)

No entiendo lo audaz que eres al pedirme un certificado de buena conducta. ¿No te hice yo mismo, en el momento de tu partida, los reproches que la gente te hace hoy? ¡Y te los mereces! ¡Lamentablemente eres un hombre deshonesto! Eso es lo que puedo certificar. (A un Hermano, 06-01-1850)

Antes mi vida era falacia y teoría
y en la práctica todo era mentira.
Tenía otra cara, una que no es.
Peor que Pinocho, una vida al revés.
Y queriendo sostener mi apariencia
este fariseo se estrelló con su presencia.
Mi careta se cayó y cayó,
y como Pablo, el religioso en mi murió.

No vengas a probarme, tentarme,
juzgarme, calificarme.
Llegas demasiado tarde.

Yo no te miento.
Si ves por dentro.
Jesús me hizo nuevo.
Mi fariseo murió por dentro.

Salí corriendo de la cárcel de la hipocresía,
porque Jesús cerró la puerta de la vida vacía.
Ya no me importan las ganancias ni las apariencias,
lo que tengo y lo que soy es por su presencia.
Ya no me importa la fama o el dinero.
Lo que quiero es irme con Jesús al cielo.
No es por mi cara, no es por mi fama,
Es simplemente que Cristo me ama.
Es su sustento, el que me da aliento,
pues seguidores no es lo que quiero.
Ya suficiente si a Él lo tengo.
En esta vida nada se compara con su amor eterno.

No vengas a probarme, tentarme,
juzgarme, calificarme.
Llegas demasiado tarde.

Yo no te miento.
Si ves por dentro
Jesús me hizo nuevo.
Mi fariseo murió por dentro.

No te miento, no soy perfecto.
No estoy diciendo que soy de otro universo
y yo lo entiendo.
Sólo es que adentro ahora soy nuevo.


San Calixto I fue papa y mártir a comienzos del siglo III. Nació en Roma y durante su juventud fue esclavo. Su vida estuvo marcada por numerosas dificultades, entre ellas la condena a trabajos forzados en las minas de Cerdeña. Después de ser liberado, colaboró con el papa Ceferino, quien le confió la administración del cementerio cristiano que hoy conocemos como las catacumbas de San Calixto.
Fue elegido papa en el año 217. Se destacó por su actitud misericordiosa hacia los pecadores arrepentidos: defendía que quienes habían cometido faltas graves podían recibir el perdón y volver a la comunidad cristiana mediante la penitencia. Esta postura provocó la oposición de sectores más rigurosos, especialmente de Hipólito de Roma.
Murió en el año 222, probablemente durante una revuelta popular en el barrio romano de Trastevere.