Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.Jesús les dijo entonces esta parábola: Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.Y les dijo también: Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido. Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.
Para Dios, nadie es uno más. Entre cien ovejas, el pastor reconoce la ausencia de una. Cada una tiene su lugar y ninguna puede ser reemplazada. No se conforma con contar las que están: advierte quién falta y sale a buscarla.Yo, menesiano, ¿actúo de la misma manera? ¿Conozco a mis alumnos, sus dificultades, sus búsquedas, sus heridas? ¿O termino trabajando sobre todo con quienes me responden, con los buenos alumnos, con los que participan y no me crean problemas? Es comprensible que encuentre satisfacción donde veo resultados. Pero el Evangelio me invita a preguntarme: ¿qué lugar ocupan en mi corazón aquellos con quienes todo parece más difícil? También ellos necesitan experimentar que su presencia importa, que alguien espera algo de ellos y que su ausencia se nota. Para un educador menesiano, cada alumno es una persona confiada a su cuidado, con una dignidad que ninguna conducta ni calificación puede borrar.La oveja puede haberse perdido por distraerse, por buscar otros caminos o por quedarse sin fuerzas para seguir al rebaño. También nuestros alumnos pueden perderse entre tantas propuestas que les prometen felicidad inmediata: la necesidad de ser aceptados a cualquier precio, el consumo, las apuestas, la violencia, la exposición en las redes. A veces buscan reconocimiento donde terminan siendo utilizados; otras veces se refugian en aquello que les permite olvidar, por un momento, lo que les duele.El pastor sale a buscar. En nuestra misión, eso significa acercarnos, dedicar tiempo, escuchar lo que hay detrás de una conducta. Significa buscar una nueva manera de enseñar cuando la anterior no alcanza, conversar con la familia, pedir ayuda y trabajar con otros. La preocupación por un alumno necesita convertirse en gestos concretos y sostenidos.Como menesiano, estoy llamado a hacer de la escuela un lugar donde el que se siente perdido pueda encontrar una mano tendida. Allí cobra vida nuestra misión: instruir y educar, anunciar el amor de Dios mediante una presencia que escucha, enseña, corrige y persevera. Ese amor se vuelve creíble cuando el alumno descubre que seguimos interesándonos por él incluso cuando nos cuesta.Tal vez el fruto de nuestra tarea tarde en aparecer. Quizá no lleguemos a verlo. Pero una palabra oportuna, una oportunidad renovada o una confianza mantenida pueden quedar sembradas durante años.¿Quién es hoy esa oveja que necesita que yo salga a buscarla?
Un menesiano es enviado como Jesucristo mismo lo ha sido, para reunir las ovejas dispersas de la casa de Israel. (Sermones VII p.2322)
Un nuevo día nos llama al encuentro;en nuestra casa hay brazos abiertos.Sonrisas atentas, latidos cercanos,miradas fraternas: Dios solo en los lazos.Tenemos la huella de Juan María,que nos invita a soñar,y un mismo espíritu para servir y amar.Su viento nos mueve a amar al hermano;sirviendo a su modo, se enciende el milagro.En cada paso forjamos caminos;en pequeños gestos hay un fuego vivo.Tenemos la huella de Juan María,que nos invita a soñar,y un mismo espíritupara servir y amar.Seguiremos a Jesús, viviendo como hermanos;un pueblo que camina y escucha su llamado.