Jesús dijo a sus discípulos: En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempo de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.Sucederá como en tiempos de Lot: Se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos.Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot.El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.Les aseguro que en ese noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada.Entonces le preguntaron: ¿Dónde sucederá esto, Señor?Jesús les respondió: Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres.
Señor, haz que, en esta oración, entre en la dinámica del evangelio: perder para ganar. Perder tiempo, esfuerzo, trabajo, energías, en servicio de los demás, de los que más me necesiten. Y esto para tener más vida, más realización personal, más alegría y más esperanza. Es lo que hizo Jesús y es lo que yo también quiero hacer.Miremos los verbos que usa el texto bíblico hablando de los hombres de aquel tiempo: “comían, bebían”, (aspecto corporal), “plantaban, construían”, (aspecto laboral), “compraban, vendían”, (aspecto social), tomaban mujer o marido (aspecto afectivo). Pero aquí, ¿dónde queda el aspecto espiritual? Lo ignoraban. Esto es lo que Jesús les echa en cara. Y ese pecado es el que abunda en nuestro mundo y en nuestros días. El mundo de nuestro tiempo está organizando su vida al margen de Dios. “Ser agnóstico es no tener necesidad de Dios” (Tierno Galván). Y ésta es nuestra tragedia. Según el Génesis el hombre es “un trozo de barro con un soplo divino” (Gn.2, 7). Y este hombre con ese soplo divino se convierte en “imagen y semejanza de Dios”. Pero ¿qué es el hombre sin ese soplo de Dios? Barro, arcilla, tierra, nada. El hombre, como el árbol, necesita de las raíces de la tierra y de la inmensidad de los cielos para mantenerse en pie. Por eso dice el Concilio Vaticano II que: “el hombre sin Dios se desvanece”. La imagen de Dios en el hombre es el mejor carnet de identidad, su ADN más profundo.Señor, yo quiero aprovechar mi vida empleándola en servir a los demás con generosidad y amor. No quiero mirar atrás como la esposa de Lot. Mirar atrás es vivir de reservas o de nostalgias. Yo quiero mirar siempre adelante para no petrificarme. Y quiero mirar adelante consciente de que, para un cristiano, cualquier tiempo pasado fue peor. Lo que nos queda es infinitamente mejor que lo que hemos vivido. Gracias, Señor.
No seamos envidiosos de los que prosperan en la injusticia. ¡Qué lejos están de ser tan felices como parecen! En medio de los placeres y las riquezas, su corazón insaciable está lleno de ansiedades crueles, preocupaciones ruines, pasiones voraces; Sus goces son tormentos. Nada, por el contrario, perturba la paz del justo; él está tranquilo, es feliz incluso en la desgracia…» (Respuesta a las principales objeciones de los ateos)
Tú, vivo estás en mi corazón.Ya no hay temor en tu gracia.Tu libertad me rescató.Perdido estaba y te encontré.Yo clamo a ti y respondes.Perfecto amor, perfecto amor.Mi temor, mis problemas, mi dolortú cargaste con tu amor.Nueva vida encontré en ti.Tú secas todas mis lágrimasy calmas toda tormenta.Conmigo estás, conmigo estás.Tu luz irrumpe en la oscuridad.Si débil soy, tú eres fuerte.Eres mi Dios, eres mi Dios.Mi temor, mis problemas, mi dolorTú cargaste con tu amorNueva vida encontré en tiNo me dejas y nunca fallas.Lo que soy es tuyo por siempre.No me dejas y nunca fallas.Te seguiré.