ORACIÓN II

Mantengámonos siempre en una entera dependencia del Espíritu de Dios y no le contristemos nunca; estemos atentos para conocer lo que pide de nosotros, consultémosle a menudo y cuando estemos inciertos sobre el partido que debemos tomar, pidámosle con renovado ardor que ilumine nuestro corazón. Yo quedaría desolado si contristara al Espíritu de Dios y me opusiera a sus movimientos. (Memorial 15)

Señor aquí estoy
otra vez, postrado a tus pies
para entregarte toda mi vida
lo que tengo, lo que soy
lo pongo en tus manos
porque no hay lugar mejor
para mí.

Antífona 1
Si en la antigua alianza la oración ha sido tan poderosa, cuánto más lo será en la nueva y después de que Jesucristo la ha consagrado.

Salmo 142
Lamentación y súplica ante la angustia

Señor, escucha mi oración; 
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica; 
tú, que eres justo, escúchame. 
No llames a juicio a tu siervo, 
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti. 

El enemigo me persigue a muerte, 
empuja mi vida al sepulcro, 
me confina a las tinieblas 
como a los muertos ya olvidados. 
Mi aliento desfallece, 
mi corazón dentro de mí está yerto. 

Recuerdo los tiempos antiguos, 
medito todas tus acciones, 
considero las obras de tus manos 
y extiendo mis brazos hacia ti: 
tengo sed de ti como tierra reseca. 

Escúchame en seguida, Señor, 
que me falta el aliento. 
No me escondas tu rostro, 
igual que a los que bajan a la fosa. 

En la mañana hazme escuchar tu gracia, 
ya que confío en ti. 
Indícame el camino que he de seguir, 
pues levanto mi alma a ti. 

Líbrame del enemigo, Señor, 
que me refugio en ti. 
Enséñame a cumplir tu voluntad, 
ya que tú eres mi Dios. 
Tú espíritu, que es bueno, 
me guíe por tierra llana. 

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; 
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1
Si en la antigua alianza la oración ha sido tan poderosa, cuánto más lo será en la nueva y después de que Jesucristo la ha consagrado.

Antífona 2
Cuando no se obtiene ningún fruto de la oración, enseguida se concluye que ella es inútil y se la abandona.

El día es hoy, la hora ya,
pronto, Jesús por mi vida pasarás.
Sé que tu amor es fuerte,
quiero trepar y verte.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que hace tiempo guardo un lugar
y llevo dentro tantos deseos
de conversar.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que con vos se va a iluminar,
y ese rincón oscuro y cerrado
abre de par y en par,
y sea tuyo lo que es mío,
tuyo mi hogar.

No sé por qué, estoy aquí,
quiero guardar tus ojos dentro de mí,
porque miraste hondo,
lo comprendiste todo.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que hace tiempo guardo un lugar
y llevo dentro tantos deseos
de conversar.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que con vos se va a iluminar,
y ese rincón oscuro y cerrado
abre de par y en par,
y sea tuyo lo que es mío,
tuyo mi hogar.

Él me amó, sin despreciar,
y me buscó y me vino a visitar.
Le devolvió a mis manos
un latido de hermano.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que hace tiempo guardo un lugar
y llevo dentro tantos deseos
de conversar.

Ven a mi casa, a mi hogar,
que con vos se va a iluminar,
y ese rincón oscuro y cerrado
abre de par y en par,
y sea tuyo lo que es mío,
tuyo mi hogar.

Antífona 2
Cuando no se obtiene ningún fruto de la oración, enseguida se concluye que ella es inútil y se la abandona.


No te alteres por las tentaciones que experimentas involuntariamente; son pruebas que Dios te envía para humillarte y hacerte comprender la necesidad que tienes de su gracia para sostenerte y de la vigilancia y no caer. La oración y una continua vigilancia: he aquí las dos armas con las cuales rechazarás los ataques del enemigo de la salvación, de ese león rugiente, como le llama la Escritura, que ronda alrededor buscando a quien devorar (Antología pág. 147)

Antífona
Tengamos en el porvenir más cuidado del que hemos tenido hasta ahora de mantener nuestra alma, en cierto modo, entre nuestras manos, bajo los ojos de Dios.

Mi alma canta,
canta la grandeza del señor,
y mi espíritu
se estremece de gozo en Dios,
Mi salvador.

Porque miró con bondad
la pequeñez de su servidora,
porque miró con bondad
la pequeñez de su servidorae
en adelante todas las gentes
me llamarán feliz,
me llamarán feliz,
me llamarán feliz.

Derribó del trono a los poderosos
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Mi alma canta la grandeza del Señor
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios,
mi Salvador.

Antífona
Tengamos en el porvenir más cuidado del que hemos tenido hasta ahora de mantener nuestra alma, en cierto modo, entre nuestras manos, bajo los ojos de Dios.

A cada intención respondemos:

Señor, que tu Espíritu ore en nosotros.

-. Que al rezar siempre busquemos conocer tu voluntad

-. Que la dinámica comunitaria de la oración nos ayude a crecer en el sentido de cuerpo

-. Que vivamos la oración como el alimento necesario para el día a día

-. Que a lo largo del día sepamos hacer un ‘alto interior’ para hacer consciente que vivimos y nos movemos en su presencia.

-. Que hagamos de los momentos de oración un diálogo de amistad con Dios

-. Que la oración nos permita tener el alma, en cierto modo, en nuestras manos.

Padre Bueno, que tu Espíritu venga en nuestra ayuda y ore en nosotros como conviene e interceda en favor tus hijos e hijas, que anhelamos hacer nuestra tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.