San Isidoro de Sevilla

Sabiduría 2, 1a.12-22  
Salmo 33, 17-21.23  

En aquel tiempo Jesús recorría la Galilea. No quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: ¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: ¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Señor, otro día que vengo a estar contigo, a “escucharte”. A veces te oigo, pero no te escucho; estoy entretenido con mis pequeños problemas, mis gustos, mis caprichos, mi pequeño mundo. Estoy en otro mundo y tengo el corazón lleno de ruidos. Pero necesito tu palabra. ¿Qué sería de mí si no me hablaras?
Tu palabra es el pan que me alimenta cada día. Dame la gracia de escucharte y cumplir lo que Tú me dices.


Algunos hombres del tiempo de Jesús creen conocerlo y como ya tienen un preconcepto de él, no escuchan sus palabras, no tratan de comprender su mensaje. ‘Éste, seguro que no es el Mesías’ y punto. Ya podía hacer los milagros más espectaculares, resucitar muertos, multiplicar panes y peces, que no verán más allá del hombre, del maestro ambulante, a quienes siguen algunos discípulos y la gente sencilla escucha con gusto.

Todos estos días veremos a un Jesús que se esfuerza en hacerse comprender, en que lo acepten como el enviado de Dios, en que crean en su palabra. Había muchos intereses en juego para los hombres poderosos de Israel, para escuchar a alguien que les proponía una mirada nueva, un cambio de actitud, reglas nuevas que podían tirar abajo el andamiaje de una religión bien organizada, que les daba buenos dividendos.

Hoy también Jesús puede decirnos: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy?” Porque nos hemos hecho imágenes de Jesús, convenientes a nuestros intereses, que a veces no tienen nada que ver con el Jesús real: Un Jesús que está para solucionarnos problemas, que nos apaga los incendios en los momentos difíciles, pero que olvidamos en tiempos de vacas gordas. Un Jesús que no crea problemas, que se conforma con unos cuantos ritos y ceremonias, que está en las iglesias, pero que no aparece en nuestra vida diaria. Es el Jesús de las ‘sacristías’, de las misas dominicales solemnes, pero que no es necesario en las relaciones cotidianas y de negocios.
¿Ese es realmente Jesús de Nazaret?


MÁXIMA
¿Quién eres, Jesús?


Yo no puedo llegar a ser santo más que en la medida que imite a Jesucristo y que ponga fielmente en práctica las verdades que Él me ha enseñado, y las virtudes de las que me ha dado ejemplo. (Sermón sobre la perfección)

Quiero conocerte,
vivirte como nunca te he vivido.
Busco encontrarte,
vivir una experiencia ahora contigo.

Sé tú mi razón de vivir,
tómame, Señor, ven a mí.
Tuyo, por siempre, Señor.
Dime cómo amarte en verdad,
darme todo ya sin dudar,
vivir una experiencia hoy contigo.

Quiero hoy tenerte,
rendirme a Ti, amigo.
Quiero ser ya diferente.
Vengo a entregarme.
Llena mi interior,
abre mis ojos.
Quiero verte.

Levanto mis manos,
elevo a Ti mi voz,
subo a tu presencia.
Quiero vivirte, Señor.
Levanto mis manos,
espero sólo en Ti.
Guárdame contigo.
Allí quiero vivir.

Sé tú mi razón de vivir,
tómame, Señor, ven a mí.
Tuyo, por siempre, Señor.
Dime cómo amarte en verdad,
darme todo ya sin dudar,
vivir una experiencia hoy contigo.

Una experiencia,
una experiencia contigo.