2ª Corintios 6, 1-10 Salmo 97, 1-4
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo les digo: no hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra.Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto. A quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. A quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rechaces.
En el Evangelio Jesús muestra el camino de la verdadera justicia mediante la ley del amor que supera la de la venganza, es decir el «ojo por ojo y diente por diente». Esta antigua regla imponía infligir a los trasgresores penas equivalentes a los daños causados: la muerte a quien había matado, la amputación a quien había herido a alguien, y así.Jesús no pide a sus discípulos sufrir el mal, es más, pide reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien. Sólo así se rompe la cadena del mal: un mal lleva a otro mal, otro lleva a otro mal… Si se rompe esta cadena de mal cambian realmente las cosas. El mal es un “vacío”, un vacío de bien, y un vacío no se puede llenar con otro vacío, sino sólo con un “lleno”, es decir con el bien.Para Jesús el rechazo de la violencia puede conllevar también la renuncia a un derecho legítimo; y da algunos ejemplos: Poner la otra mejilla, ceder el propio vestido y el propio dinero, aceptar otros sacrificios, etc. El amor cristiano, que se manifiesta de forma especial en la misericordia, representa una realización superior a la justicia. Es nuestro deber practicar la justicia. Sin embargo, se nos prohíbe vengarnos o fomentar de alguna manera la venganza, en cuanto expresión del odio y de la violencia.Jesús no quiere proponer una nueva ley civil, sino más bien el mandamiento del amor al prójimo, que implica también el amor a los enemigos: «Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persiguen» (v. 44). Y esto no es fácil. Esta palabra no debe ser entendida como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a una perspectiva magnánima, parecida a la del Padre celeste, el cual -dice Jesús- «hace surgir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos». (Papa Francisco, 19-02-2017)
MÁXIMAAma a todos, sin distinción
Supongo que ya sabes que hemos ganado el proceso de Rennes. Debemos alegramos por ello porque ha triunfado el derecho y porque es beneficioso para la parroquia de Saint-Briac. Pero seamos modestos en nuestro triunfo y procuremos evitar todo aquello que de palabra o de obra pueda irritar a quienes tan lamentablemente se han convertido en nuestros enemigos. (Al H. Luciano, 15 de mayo de 1849)
Quiero ir otra veza buscar por los caminosa los que el reyinvitó para cenar;a los olvidados por el mundo,a los que perdidos van sin rumbo.Enséñame, Señor,a amar sin condición.Dame un corazón distinto,un corazón sencillo,que te anhele de verdad;un corazón sinceroque no tenga miedopara ir donde tú vas.Dame las palabras que no sé decir.Quiero dar amor como me amaste a mí.Quiero partir mi pan,para darlo al que no tieney su hambre saciar;compartir mi bendición,dando lo mejor y no las sobras;dando sin tardar y sin excusas.Enséñame, Señor,a amar sin condición.En medio de la nocheel abrigo tú serás.Tu amor y tu cuidadode ellos no se apartará.Un corazón distinto, un corazón sencillo.Un corazón sincero que no tenga miedo.