1ª lectura: Proverbios 8, 22-31Salmo 8, 4-92ª lectura: Romanos 5, 1-5
Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Esta fiesta de la Santísima Trinidad es una fiesta muy querida para Juan María y Gabriel, pues habían firmado, en esta fiesta, el tratado de unión en 1819. Aquel acontecimiento fue el puntapié inicial, en franca postura colaborativa, para mejor servir a los pequeños de la Bretaña. La Santísima Trinidad, la comunión en sí misma, nos sigue empujando a los menesianos a priorizar siempre la comunión por sobre cualquier interés personal, por más loable que sea.Este evangelio de Juan es un fragmento del ‘Sermón de la Cena’. Jesús anuncia a sus discípulos que les enviará el Espíritu, que les aclarará todas las cosas que aún no pueden comprender. Juan está adelantando la idea de que la comprensión plena de Jesús se dará solamente después de la Resurrección. Será entonces cuando los discípulos llegarán a la fe en Jesús y podrán dar respuesta a la pregunta ‘quién es éste’, que se ha formulado a lo largo de todo el relato evangélico.Todos estos textos han de ser leídos, por tanto, teniendo en cuenta que Juan pone en boca de Jesús palabras que son elaboraciones teológicas. Son palabras no pronunciadas por Jesús, que manifiestan la comprensión que van alcanzando las comunidades cristianas sobre Jesús. En este caso, formulaciones cristológico-trinitarias, que serán el punto de arranque de la dogmática (las verdades de fe) elaborada por los Padres de la Iglesia a partir del siglo II.En la reflexión teológica sobre Dios nos encontramos con la limitación humana. El pueblo de Israel lo sabe muy bien, por eso no se atreve a hacer imágenes de la divinidad, porque no hay imagen alguna de cosas de la tierra que pueda parecerse, siquiera de lejos, a la esencia de Dios.Lo que sabemos de Dios es gracias a Jesús. Y en Jesús conocemos a Dios a través de tres imágenes:Como un viento irresistible que empuja la historia del mundo desde dentro, como cuando se hinchan las velas de un barco y empieza a navegar. Le hemos llamado ‘el Espíritu’, el viento de Dios. Y lo hemos ‘visto’ soplar con fuerza en el mismo Jesús, y lo hemos visto soplar poderosamente en la primera comunidad cristiana. Y seguimos sintiendo que sopla en el amor y el entusiasmo de tanta gente buena que sostiene el mundo y nos hace mantener vivas la fe y la esperanza.Queremos que la Familia Menesiana sea testigo de la fuerza de su soplo, que nos empuje a lo nuevo que tiene soñado en su Providencia para nosotros, que despleguemos más las velas y aquietemos los remos.La segunda imagen es la Palabra. El Espíritu de Dios se hace en Jesús Palabra para nosotros, mensaje de cómo es Dios. Por eso, Juan evangelista le llama Logos, Verbo, Sabiduría, Palabra de Dios hecha carne.Los menesianos queremos que la Palabra siga alimentando nuestra vida y nos oriente en el caminar.Y la tercera imagen es el Abbá. Este es el Padre, que la Palabra, que es Jesús, nos desvela, nos revela. Más que hablarnos del Dios excelso e infinito, Jesús nos comunica a un Padre amoroso y cercano, a quien se le conmuevan las entrañas al ver sufrir a sus hijos e hijas.La Familia menesiana desea que sus miembros hagan experiencia de la paternidad amorosa de Dios y la contagien a otros, en especial, a los que habitan las periferias.La fiesta de la Trinidad no es un dogma indescifrable. Es Dios que se comunica con nosotros, Palabra hecha carne, y que actúa en nosotros por el Espíritu. Y es el Padre, que nos destina a gozar de Él, de su vida trinitaria. La comunión santa nos invita a vivir en comunión unos con otros y a seguir tejiendo lazos de fraternal sororidad con los más pequeños de este mundo. Felices nosotros si sabiendo esto intentamos hacerlo realidad, allí donde somos convocados.
Jesús con el Padre: Nadie ha visto a Dios, Jesús nos lo ha mostrado. Jesús nos habló de Dios como un Padre misericordioso, como aquel que está dispuesto a dar todo por la humanidad, incluso a su mismo Hijo. Nos mostró que su Padre es alguien a quien necesita, pues ha sido capaz de dedicar noches enteras a dialogar con Él, y especialmente en las horas decisivas (elección de los apóstoles, después del éxito de los panes, en Getsemaní, en la Cruz, etc.). Jesús lo mira al Padre, hace lo que Él hace, dice lo que Él le manda, le consulta, lo alaba, es su vida misma, al punto que dice: el Padre y yo somos una sola cosa.
La Santísima Trinidad ha restablecido en nuestras almas su imagen, que el pecado había borrado, y es así como Dios nos ha devuelto las perfecciones, los derechos que la desobediencia de Adán nos había hecho perder. De modo que después de haber sido regenerados en las aguas del bautismo, podemos decir, con toda verdad, que somos semejantes a Dios. (Sermón sobre renovación de las promesas del bautismo)
Canta y alaba al SeñorÉl nos ha dicho su Nombre:Padre y Señor para el hombre,Vida, Esperanza y Amor.Canta y alaba al Señor,Hijo del Padre hecho hombre,Cristo Señor es su Nombre,Vida, Esperanza y Amor.Canta y alaba al Señor,Divino don para el hombre.Santo Espíritu es Nombre,Vida, Esperanza y Amor.Canta y alaba al Señor,Él es fiel y nos llama,Él nos espera y nos ama,Vida, Esperanza y Amor.