Génesis 28, 10-22aSalmo 90, 1-4.14-15b
Se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá. Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: Con sólo tocar su manto, quedaré curada. Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado. Y desde ese instante la mujer quedó curada.Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme. Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.Y esta noticia se divulgó por aquella región.
Del evangelio de hoy podemos entender que Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, nuestro escudo y nuestra armadura, nuestra ancla en tiempos de prueba. El Señor es un refugio para los fieles que lo invocan en tiempos de tribulación. En efecto, es en esos momentos que nuestra oración se hace más pura, cuando nos damos cuenta que la seguridad que ofrece el mundo tiene poco valor y sólo queda Dios. Sólo Dios abre el Cielo a los que viven en la tierra. Sólo Dios salva.Esta confianza total y absoluta la comparten el jefe de la sinagoga y la mujer enferma del evangelio de hoy. Son escenas de liberación. Ambos se acercan a Jesús para obtener lo que nadie más puede darles; la liberación de la muerte y de la enfermedad. Por un lado, está la hija de una de las autoridades de la ciudad; por otro una mujer aquejada por una enfermedad que la ha convertido en una marginada, en alguien impuro. Pero Jesús no hace distinciones, la liberación se da generosamente a cada uno de ellos. Su anhelo sitúa tanto a la mujer como a la niña entre los más pequeños, que han de ser amados y elevados.Jesús revela a sus discípulos la necesidad de la opción preferencial por los últimos. Hay muchas formas de pobreza hoy en día, como describió san Juan Pablo II: “Los pobres, en distintos estados de aflicción, son los oprimidos, los que están al margen de la sociedad, los ancianos, los enfermos, los jóvenes, todos y cada uno de los que son considerados y tratados como los últimos”… (Papa Francisco, 08-07-2019)
MÁXIMATu fe te ha salvado
Debemos dejarnos llevar dulcemente en sus brazos, y arrojar en su seno nuestras inquietudes, nuestras penas, nuestras quejas y unirnos a él, más que nunca, por los lazos de un indisoluble amor. (A Querret, 1814)
Talita kum, talita kum,Talita kum, talita kum.Si el miedo silencia tu vida,durmiendo todos tus sueñosde un mundo justo y humano,en el que Jesús sea el centro.Si el ruido ensordece tu oídosin dejarte escuchar su Palabra,atrévete a ser tú mismo.Él toma tu mano y te alza.Si envuelto en el ritmo diariono aciertas a hallar su presencia,recuerda que habita en ti mismo.Él sana tu herida y te alienta.