Beatos Enrique Angelelli y compañeros mártires


Éxodo 3, 13-20
Salmo 104, 1. 5. 8-9. 24-27

Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en algunos sectores de nuestras comunidades cristianas.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré».
Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviados.
Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción.

“Carguen sobre ustedes mi yugo… porque es suave, y mi carga ligera”.
Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.
Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

“Aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón y así encontrarán alivio”.
Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica la vida. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no ha vivido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, descanso y paz.
Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús.
Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven «perdidas», sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellas la gran noticia. (José Antonio Pagola)


MÁXIMA
Descansemos en Jesús


Permanezcan en la mano de Dios como niñitos muy humildes, muy dóciles, muy sencillos que se dejan llevar, traer, levantar, acostar, que son dóciles y dispuestos a toda clase de movimientos, y Dios los bendecirá, los iluminará, y los recompensará en la eternidad tanto del bien que hubiesen querido hacer como del que han hecho. (S VII p. 2232)

Descansa en Dios, siente su amor,
que todo lo que eres es de Él.
Descansa en Dios, hablándole.
Alma mía, Él te transformó.

Descansa en Dios, que Él se quedó
en este pequeño y tierno Pan.
Descansa en Dios, entra en su Paz,
alma mía, Él te salvará.

Por eso hoy confiaré hasta el final,
porque sólo en ti multiplicaré
lo que tú hiciste en mí.
Por eso hoy me alimento de tu pan,
porque sólo así me convertirás
en un instrumento de paz.

Descansa en Dios, en su bondad,
que cuando en ti pensó, todo te dio.
Descansa en Dios, nada faltó,
alma mía, Él te redimió.

Descansa en Dios, come de su Pan,
que Él actúo en ti su voluntad.
Descansa en Dios, exáltalo;
alma mía, hoy alábalo.


Los llamados mártires riojanos son:
Monseñor ENRIQUE ANGELELLI (1923-1976) Obispo de la Rioja, Argentina, con una fuerte acción pastoral al servicio de los más necesitados. Murió en un accidente provocado, cuando volvía del funeral de los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias.

GABRIEL LONGUEVILLE (1931-1976) Sacerdote francés que se incardinó en la diócesis de La Rioja. El 18 de julio del 76 fue secuestrado de su parroquia y poco después fusilado.

CARLOS DE DIOS MURIAS (1945-1976) Sacerdote franciscano conventual, que trabajaba en una parroquia de El Chamical. Fue secuestrado junto al padre Gabriel y asesinado.

WENCESLAO PEDERNERA (1936-1976) Laico puntano, trabajador rural, que vivió un tiempo en Mendoza donde se casó y fue madurando su compromiso cristiano. Participó activamente en el Movimiento Rural Diocesano y en la catequesis. Entusiasmado con la prédica de Monseñor Angelelli , se mudó a Sañogasta, la Rioja. En la noche del 24 de julio del 76 fue acribillado en su casa, delante de su familia.