San Andrés de Soveral y compañeros mártires.
Zacarías 2, 14-17Lucas 1, 46-55 (Salmo)
Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte.Jesús le respondió: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Jesús no quiere que lo conozcamos simplemente como una figura histórica que vivió hace dos mil años, ni como a un personaje olvidado en un papel que cobra vida si, y sólo si, leemos un libro. ¡No!, Jesús es real, todo el tiempo, real. Es tan real que nos dice cómo llegar a formar parte de su familia. Si Jesús es realmente el hijo de Dios, ¿a quién no le gustaría formar parte de esa familia divina?Jesús nos dice: “El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.” Suena fácil, pero sabemos por experiencia que no lo es porque, ¿cómo podemos saber que estamos haciendo la voluntad de Dios?Tenemos los mandamientos y las enseñanzas de la Iglesia, aun así, podemos ir más profundo y discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas:.- Dios tiene un plan para cada uno de nosotros y no se contradice. No va cambiando de parecer porque se haya levantado con el pie izquierdo. Nos podemos preguntar: ¿hacia dónde me ha dirigido Dios a lo largo de mi vida?, ¿qué me ha pedido?.- Dios no nos ha creado islas. Quiere que reconozcamos nuestras limitaciones y pidamos ayuda. Como nadie es buen juez de sí mismo, es necesario que nos acerquemos a personas buenas, de oración, que nos puedan aconsejar a lo largo del camino. El confesor y el director espiritual tienen un papel relevante porque Dios les ha confiado a ellos la dirección de nuestra alma..- Jesús mismo nos dice en el Evangelio: “por sus frutos los conocerán” (Mt 7,16). Si lo que hacemos nos deja llenos de paz, gozo, plenitud, quiere decir que vamos por buen camino. Si, por el contrario, tenemos sólo inquietud, tal vez se nos ha escapado algo y debemos regresar sobre nuestros pasos y pedir luz al Señor para ver con claridad. Jesús ya ha puesto todo de sí para que formásemos parte de su familia, ahora, ¿qué pienso poner yo?El papa Francisco nos decía: “María siguió a Jesús, escuchando cada palabra que salía de su boca; conservó todo en su corazón y se convirtió en memoria viva de los signos realizados por el Hijo de Dios para suscitar nuestra fe. Sin embargo, no basta sólo escuchar. Esto es sin duda el primer paso, pero después lo que se ha escuchado es necesario traducirlo en acciones concretas. El discípulo, en efecto, entrega su vida al servicio del Evangelio». (Regnun Christi)
MÁXIMAVivamos en modo familia de Dios
En esta época dichosa, los vuelvo a ver a todos, nos reencontramos en esta casa en la que han sido de nuevo engendrados en Jesucristo y que les ha servido de cuna; aquí gustarán, saborearán con delicia las santas alegrías de la familia; cantarán a una sola voz, en un solo coro, el cántico del profeta: ‘Qué bueno, qué dulce es para los hermanos habitar juntos en una misma morada. La paz fraterna de la que gozan es como el perfume que, derramado en la cabeza de Aarón, desciende sobre su rostro hasta el borde de sus vestidos; es como el rocío del Hermón que desciende sobre la montaña de Sión. (Sermón sobre las ventajas del retiro)
Somos familia menesiana que quiere seguir a Jesús.Con alegría anunciar su Palabraa los sedientos de un agua nueva.Por eso estamos aquí, la la la la.Conmigo puedes contar, la la la la.Y dejaré mi equipaje a un lado para tener bien abiertas las manosy el corazón lleno de paz.Somos ciudadanos de un mundoque fue creado como casa de todos,como el hogar de una gran familiadonde todos vivimos en paz.