Éxodo 16, 1-5. 9-15Salmo 77, 18-19. 23-28
Aquel día Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.Les decía: El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!
Esta parábola bien podría llamarse la parábola de la generosidad de Dios. Sí, Dios es espléndido repartiendo sus dones. Y no se da nunca por vencido.Dios es que es alguien que ‘sale’. No se queda en su ‘cielo’ o en ‘su trono real’, alejado de los hombres, sino que viene a nuestro encuentro. Y a nosotros lo que nos corresponde es ‘dejarnos encontrar. Hermoso. Y sale no a ‘pasear’, sino a sembrar. Nuestro Dios es el Dios de la vida.Y es un Dios manirroto, generoso, espléndido. Desde el inicio de su salida, empieza a derramar semilla por todas partes. No le importa el terreno, no mide, no calcula, lo que le interesa es sembrar, derramar su amor, su vida, su gracia, sus inspiraciones.Si lo pensamos bien, esto es escandaloso o, al menos, sorprendente. Lo lógico, sería calibrar el tipo de terreno y sembrar únicamente en la tierra que nos dará garantía de dar buen fruto. La semilla cuesta dinero y no sería inteligente desperdiciarla. Pero Dios no. No mira si tenemos el corazón abierto o cerrado, si estamos en buena o mala disposición hacia Él, sencillamente siembra. Una idea, un pensamiento, una buena acción, un sentimiento, un deseo, tantas cosas buenas que de pronto vienen a nuestra mente y a nuestro corazón, la palabra de un amigo, una frase en una tarjeta, una persona que nos suscita algo en nuestro interior. Sí, Dios sale a sembrar todos los días, sin discriminar a nadie.Te invito a hacer un pequeño ejercicio. Dedica algún momento del día a caer en la cuenta de alguna semilla que el Señor ha plantado en tu corazón a lo largo del día. Acógela y dale gracias. (Jacqueline Rivas, Hesed)
MÁXIMADios siembra siempre en nuestro corazón
Esperemos que las semillas que se han sembrado ahora en el fondo de los corazones permanezcan durante un cierto tiempo y que quizá un día germinen y se desarrollen gracias a los cuidados de aquellos a quienes se ha confiado cultivar esta pobre tierra. (Carta a Querret, 16-02-18)
Minuto a minuto, con la mano abierta,en el surco de tu vida ¡siembra!, ¡siembra!Deja caer el grano, entrega al mundo tu ofrenda,como el Sembrador divino…. ¡siembra!, ¡siembra!Nada se pierde de lo que se entrega.El Señor cosecha, tú: ¡siembra!, ¡siembra!No importa que nunca el fruto en sazón veas.Tú solo eres instrumento ¡siembra!, ¡siembra!Entrégate siempre, no te detengas,a cada momento ¡siembra!, ¡siembra!Los que tras de ti caminen la sendasaborearán el fruto, tú: ¡siembra!, ¡siembra!Y cuando la semilla hecha planta florezca,habrá dos motivos: Dios y tu siembra.