2ª Corintios 4, 7-15Salmo 125, 1-6
La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.¿Qué quieres?, le preguntó Jesús.Ella le dijo: Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.No saben lo que piden, respondió Jesús. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?Podemos, le respondieron.Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.Pero Jesús los llamó y les dijo: Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser vendido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.
Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando uno se aprovecha de Jesús, pensando en ‘el poder’. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía; querían el poder. Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder. Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del estupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal.Esta fue también la propuesta del diablo a Jesús en las tentaciones. Una la del pan, la otra la del espectáculo: Vamos a hacer un gran espectáculo, así todas las personas van a creer en ti. Y la tercera, la apostasía, es decir, la adoración de los ídolos. Y esta es una tentación diaria de los cristianos, nuestra, de todos los que son de la Iglesia: la tentación no del poder y la potencia del Espíritu, sino la tentación del poder mundano. (Cf S.S. Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta).Señor, mi vocación de discípulo y misionero es una vocación al servicio. Ayúdame a rezar, a predicar, a sacrificarme para que Tú seas más amado. Dame tu gracia para poder caracterizarme por el servicio abnegado y eficaz del prójimo. Vivir con plenitud, con profundidad procurando que todas mis obras se caractericen por el servicio generoso
MAXIMASeñor, enséñanos a servir.
Muéstrense, pues, dulces, alegres, agradables, complacientes con el buen Dios, para agradar a sus hermanos en Jesucristo, a quienes pueden edificar, consolar y aún hacer amar la religión y servir al buen Dios, viendo la bondad de aquellos que lo sirven y su caridad tan grande, que los lleva a renunciar a todos sus estados de ánimo y voluntad, para buscar en todo la satisfacción y el agrado de los demás. Nunca amargura o indiferencia hacia nadie… perdonemos siempre al prójimo tanto como podamos, tomemos su defensa, y que nuestros reproches sean raros, llenos de humildad y de dulzura. (Reglamento para las Hnas. 1820)
Los que tienen y nunca se olvidanque a otros les falta;los que nunca usaron la fuerza si no la razón;los que dan una manoy ayudan a los que han caído,esa gente es feliz porque vivemuy cerca de Dios.Los que ponen en todas las cosasamor y justicia;los que nunca sembraron el odiotampoco el dolor;los que dan y no piensan jamásen su recompensa,esa gente es feliz porque vivemuy cerca de Dios.Aleluya, AleluyaPor esa gente que vivey que siente en su vida el amor.Los que son generososy dan de su pan un pedazo;los que siempre trabajan pensandoen un mundo mejor;los que están liberadosde todas sus ambiciones,esa gente es feliz porque vivemuy cerca de Dios.