Números 12, 1-13 Salmo 50, 3-7.12-13
Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. ‘Es un fantasma’, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.Pero Jesús les dijo: Tranquilícense, soy yo; no teman.Entonces Pedro le respondió: Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua.Ven, le dijo Jesús.Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: Señor, sálvame.En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios. Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.
Jesús, después de haber realizado un milagro de gran impacto, en lugar de buscar la gloria o la popularidad, decide retirarse a la montaña para estar en comunión con su Padre. Este acto nos enseña que, en medio de los logros y las multitudes, lo más importante es buscar la intimidad con Dios, nuestro refugio y fuente de paz. La oración y la conexión con el Padre son esenciales para mantenernos firmes y con claridad en nuestro camino, especialmente cuando enfrentamos desafíos.Desde esa cima, Jesús puede ver a sus discípulos en medio de la tormenta, zarandeados por las olas de la vida y por sus propios miedos. La imagen nos invita a reflexionar sobre cómo, en nuestras propias vidas, también podemos sentirnos en medio de tempestades internas y externas, sin saber cómo llegar a la orilla. La presencia de Jesús, aunque no visible en ese momento, está allí, vigilando y dispuesto a acudir en nuestro auxilio.El miedo es un mal compañero de camino. Nos hace ver peligros donde no los hay, nos paraliza y nos impide reconocer la cercanía de Dios. Sin embargo, la historia de Pedro nos muestra que, incluso en la duda y el temor, podemos tender la mano y aceptar la ayuda de Jesús. Cuando Pedro confía en la presencia del Maestro, puede caminar sobre las aguas; pero cuando duda, se hunde. Esto nos recuerda que la fe no es la ausencia de miedo, sino la confianza en la presencia amorosa de Dios que siempre está dispuesto a sostenernos.Ojalá podamos aprender a aceptar la mano tendida de quienes nos quieren y apoyan, reconociendo que no estamos solos en nuestras dificultades. La comunidad, la oración y la confianza en Dios son los anclajes que nos sostienen en medio de las tormentas. Como Jesús, aprendamos a mantener la mirada fija en el Padre, sabiendo que en su amor y misericordia podemos encontrar la paz y la fuerza para seguir adelante, incluso cuando las olas parecen querer hundirnos.
MÁXIMAJesús siempre nos tiende la mano
A su ejemplo (Jesús), todo cristiano debe ser un hombre de oración. Nuestros deseos, nuestras esperanzas, nuestros afectos, incluso nuestra misma conversación, como dice el Apóstol, deben estar en el cielo. Continuamente debemos elevar nuestros corazones y manos a Dios, hacer que nuestros gemidos y deseos suban a él, para solicitar su ayuda y su misericordia.” (Sobre la oración)
Cuando el futuro veas inciertoy el temor debilite tu confianza,recuerda que Dios está presente,que nada escapa a su mirada.El universo entero está en sus manos.Nada sucede sin que Él lo sepa.Aun los dolores Él los permitepara mayor bien de los que ama.Aleja el temor,grandes milagros hizo el Señor.Ya venció a la muerte.¡Resucitó!Aleja el temor,eleva tu mirada.Tu guardián nunca duerme.Tus pasos sostendrá.Cuándo preocupaciones tengasy los vientos arrecien con fuerza,eleva tu mirada al cielo,pide con fe que Dios siemprete escucha.Que nada la paz te quite,porqué el Señor camina contigo.De su poder no dudes nunca.Mantente en pie siempre ante la lucha.