San Cayetano – San Miguel de la Mora

Números 20, 1-13  
Salmo 94, 1-2.6-9  

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?
Ellos le respondieron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.
Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Y Jesús le dijo: Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá.
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: ¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.

“Simón Pedro encuentra en su boca palabras más grandes que él, palabras que no vienen de sus capacidades naturales. Él no había estudiado en la escuela, y no era capaz de decir esas palabras. Están inspiradas por el Padre celeste, el cual revela al primero de los doce la verdadera identidad de Jesús: Él es el Mesías, el Hijo enviado por Dios para salvar a la humanidad. Y de esta respuesta, Jesús entiende que, gracias a la fe donada por el Padre, hay un fundamento sólido sobre el cual puede construir su comunidad, su Iglesia. Por eso dice a Simón: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’” (Papa Francisco, Ángelus, 27 de agosto de 2017)

Jesús podía haber elegido como fundamento para su Iglesia a muchos otros hombres quizá más influyentes y capaces que Pedro desde el punto de vista humano. Sin embargo, eligió a Simón, el pescador, a quien los demás discípulos reconocieron como líder de su comunidad.
¿Hubiéramos elegido nosotros a Pedro, el pescador, el impulsivo, el bravucón que juró defender a su maestro y luego no tuvo el coraje de reconocer su amistad?

Dios elige mirando el corazón; nosotros mirando los papeles que certifiquen estudios o capacidades. Dios no se asusta cuando los elegidos le fallan; reconoce nuestros caminos torcidos, las ida y vueltas, las dudas y las renuncias. Sigue confiando en que volveremos, sigue esperando nuestros peces y panes con los que obrar el milagro. Dios es el paciente, el confiado, el que espera siempre.
Jesús, de ese grupo de hombres tan diversos, tan poco aptos para la enorme misión que les esperaba, sacó discípulos y luego misioneros y santos.

¡Gracias, Señor, por elegirnos, tal como somos!


MÁXIMA
Jesús nos quiere tal como somos


Tienes mucha razón en considerar tu vocación como una gracia insigne. El Señor no te podía dar una mayor, pues te ha llamado a continuar la misión que su propio Hijo desempeñó en la tierra; como él, enseñas, y tus trabajos tienen por objeto la salvación de las almas; ella constituirá tu corona si, como no lo dudo, perseveras hasta el fin. (Al H. Anastase, 25 de julio de 1845)

Jesús, te seguiré,
donde me lleves iré.
Muéstrame ese lugar donde vives.
Quiero quedarme contigo allí.

Escuchando tus palabras
algo nuevo nace en mí.
Es que nadie nos había venido
a hablar así.
Ahora veo claro:
La verdad está en ti.

Hoy he visto como se aman
los que viven junto a ti.
Hace tiempo que sediento
había querido amar así,
Ahora siento que tu amor
viene hacia mí.

Hoy he visto a los leprosos sanos
y a los ciegos ver.
Hasta el pan multiplicaste
para darnos de comer.
¡Oh, maestro bueno,
todo lo haces bien!


CAYETANO DE THIENE (1480 – 1547), fue un presbítero italiano, fundador de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos. Se le conoce como Santo de la Providencia y Patrono del pan y del trabajo. Fue ordenado sacerdote a los 35 años y unos años más tarde, en Venecia, fundo el ‘Hospital de los incurables’. Fue muy activo contra la reforma protestante. En 1524 fundó la orden de los Teatinos o Clérigos Regulares. Fundó también la organización de beneficencia Monte de Piedad. Falleció en Nápoles en 1547. En Argentina su festividad es una de las principales, reuniendo a miles de fieles que piden pan y trabajo. En 1671 fue proclamado santo por el papa Clemente X


MIGUEL DE LA MORA (1874-1927) fue un sacerdote mexicano, ejecutado por odio a la religión durante las Guerras Cristeras. Estudió y fue ordenado en Colima. Cuando se decretó la suspensión del culto público decidió, junto con su hermano y otro sacerdote, refugiarse en la sierra, pero fueron apresados. El padre Miguel ese mismo día fue ejecutado en la caballeriza del cuartel. El papa Juan Pablo II lo canonizó en el año 2000.