San Ponciano y san Hipólito


Deuteronomio 34, 1-12  
Salmo 65, 1-3a.5.8.16-17 
 

Jesús dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos
.

Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación, articulada en tres momentos:

Primero: “Ve y corrígelo en privado”, es decir, no pongas su pecado delante de todos. Se trata de ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho. Y no es fácil poner en práctica esta enseñanza de Jesús, por varias razones: Existe el temor de que el hermano o la hermana reaccionen mal, o no hay suficiente confianza con él o ella, o esperamos que algún día se dé cuenta solo de lo mal que actúa, etc.

Pero supongamos que lo hacemos y no da resultado alguno. No hay que desistir, sino recurrir a la ayuda de algún otro hermano o hermana. Dice Jesús: “Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos”. Este era un precepto de la Ley de Moisés (cf. Dt 19,15) y servía en un juicio para proteger a la persona de falsos acusadores. Pero Jesús va más allá: los dos testigos son requeridos no para acusar y juzgar, sino para ayudarlo a cambiar la forma de actuar.

Cuando esto tampoco da resultado, Jesús recomienda: “díselo a la comunidad”. Hay cosas que no pueden dejar indiferentes a los otros hermanos. Se necesita un amor mayor para recuperar al hermano. Con mucha caridad y respeto, la comunidad o alguno de sus miembros, busca que el hermano cambie su actitud.

Pero, también aquí la persona puede sentirse atacada y en lugar de reflexionar mantenerse firme en su actitud. Y Jesús entonces recomienda: “Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano”. Cuando nada podemos hacer, hay que ponerlo en manos de Dios. Sólo el Padre podrá mostrar un amor más grande que el de todos los hermanos juntos. No se trata de una condena sin apelación, sino del reconocimiento de que a veces nuestros intentos humanos pueden fracasar, y que sólo Dios puede poner a nuestro hermano ante su propia conciencia y la responsabilidad de sus actos. En todo esto debemos cuidar que su actitud no destruya a la comunidad.

Ojalá hagamos de la corrección fraterna un hábito saludable, para que en nuestras comunidades se puedan establecer siempre nuevas relaciones fraternas, basadas en el perdón mutuo y, sobre todo, en la fuerza invencible de la misericordia de Dios.


MÁXIMA
Ayudémonos a ser mejores


Sé que te has esforzado por corregir tus faltas y estoy muy contento con los sentimientos que me expresas en tu carta. Ruego a Dios con todo mi corazón, que te conceda nuevas gracias, con la ayuda de las cuales, espero que completes una obra tan felizmente comenzada. Así que ánimo; reza mucho y no te canses de luchar (Carta al H. Anacleto. 16-01-1852)

Juntos como hermanos,
así siempre avanzamos.
Unánimes en Cristo
al cielo así llegamos.

Tú eres mi hermano,
yo te ofrezco mi mano.
Te cuido, me cuidas.
Ven y dame un abrazo.

Si nos acercamos a Cristo,
nos acercamos unos a otros.
Y así un pedacito de cielo
viviremos, si unidos estamos.

Tú eres mi hermano…


San PONCIANO y San HIPÓLITO fueron dos figuras importantes en la Iglesia primitiva, conocidos por su martirio y reconciliación final. Ponciano fue el Papa número 18 de la Iglesia Católica, gobernando desde el 230 al 235 d.C. Fue el primer Papa en abdicar; lo hizo para facilitar la elección de un nuevo líder en un momento de persecución. Fue desterrado a Cerdeña por el emperador Maximino, junto con Hipólito. Murió en el exilio, probablemente por las duras condiciones de trabajo en las minas de sal. Hipólito fue un sacerdote y teólogo romano, conocido por su erudición y sus escritos. En un momento se separó de la Iglesia y fue considerado el primer antipapa, aunque luego se reconcilió con el Papa Ponciano. Desterrado a Cerdeña junto con Ponciano, murió como mártir, compartiendo el destino de Ponciano en las minas.