Jueves 6, 11-24ªSalmo 84, 9. 11-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse?Jesús se los quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.Entonces le dijo Pedro: Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?Jesús les dijo: Les aseguro que cuando llegue la regeneración del mundo, y el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, también ustedes, los que me han seguido, se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.
Jesús les dice a sus discípulos que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios. Esta metáfora impactante no se refiere solo a la riqueza material, sino también a cualquier cosa que nos ate y nos impida seguir a Cristo con un corazón libre y generoso. En nuestra vida diaria, esto nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades y a discernir si estamos colocando nuestras posesiones y deseos por encima de nuestro compromiso con Dios y el prójimo.El mensaje de desapego no implica que debamos rechazar los bienes materiales en sí mismos, sino más bien que debemos ser libres de ellos. Vivir con un espíritu de desprendimiento nos permite experimentar una verdadera libertad interior. En nuestras actividades parroquiales y en los movimientos apostólicos, este principio puede aplicarse fomentando una cultura de compartir y solidaridad. Al desprendernos de lo superfluo, podemos ayudar a quienes más lo necesitan, demostrando así el amor de Cristo en acción concreta.Jesús asegura a sus seguidores que aquellos que han dejado todo por Él recibirán mucho más en esta vida y en la venidera. Esta promesa nos llena de esperanza y motivación para perseverar en nuestra misión. En nuestras comunidades, debemos recordar que cada sacrificio realizado por amor a Dios y al prójimo no quedará sin recompensa. Esta certeza nos impulsa a seguir adelante, confiando en que el Señor es fiel y generoso con quienes se entregan plenamente a su servicio.Finalmente, el pasaje nos invita a confiar plenamente en la providencia de Dios. Si bien es importante ser responsables con nuestros recursos, debemos recordar que Dios es quien provee todo lo que necesitamos. Esta confianza nos libera del miedo y la ansiedad, permitiéndonos vivir con paz y alegría. En nuestro trabajo diario y en nuestras labores apostólicas, esta fe en la providencia nos ayuda a mantener una actitud positiva y esperanzadora, incluso en medio de las dificultades.
MÁXIMASeguir a Jesús es lo más importante
EEstán en la mano de Dios como pequeños niños muy humildes, muy dóciles, muy sencillos que se dejan llevar, traer, levantar, acostar, que son dóciles y dispuestos a toda clase de movimientos, y Dios los bendecirá, los iluminará, y los recompensará en la eternidad del bien que hubiesen querido hacer como del que han hecho. ( S VII p. 2232)
Te seguiré llamando,te seguiré llamando,aunque apiles piedraspara detener el caucedel torrente de agua viva que Yo soy.Te seguiré llamando,te seguiré llamando,desde lo más profundo,desde donde la verdad resuenapor cada rincón que hay en tu cuerpo.Te seguiré llamando,te seguiré llamando,aunque agarres la puertay te marches con pie firme;aunque pongas toda tierra de por medio.Te seguiré llamando,te seguiré llamando,tengo una vida enterapara dártela si quieres, créeme.Te seguiré llamando.