San Juan Eudes – San Ezequiel Moreno – beato Gregorio Martos

Jueves 6, 11-24ª
Salmo 84, 9. 11-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús se los quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Les aseguro que cuando llegue la regeneración del mundo, y el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, también ustedes, los que me han seguido, se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Jesús les dice a sus discípulos que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios. Esta metáfora impactante no se refiere solo a la riqueza material, sino también a cualquier cosa que nos ate y nos impida seguir a Cristo con un corazón libre y generoso. En nuestra vida diaria, esto nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades y a discernir si estamos colocando nuestras posesiones y deseos por encima de nuestro compromiso con Dios y el prójimo.

El mensaje de desapego no implica que debamos rechazar los bienes materiales en sí mismos, sino más bien que debemos ser libres de ellos. Vivir con un espíritu de desprendimiento nos permite experimentar una verdadera libertad interior. En nuestras actividades parroquiales y en los movimientos apostólicos, este principio puede aplicarse fomentando una cultura de compartir y solidaridad. Al desprendernos de lo superfluo, podemos ayudar a quienes más lo necesitan, demostrando así el amor de Cristo en acción concreta.

Jesús asegura a sus seguidores que aquellos que han dejado todo por Él recibirán mucho más en esta vida y en la venidera. Esta promesa nos llena de esperanza y motivación para perseverar en nuestra misión. En nuestras comunidades, debemos recordar que cada sacrificio realizado por amor a Dios y al prójimo no quedará sin recompensa. Esta certeza nos impulsa a seguir adelante, confiando en que el Señor es fiel y generoso con quienes se entregan plenamente a su servicio.

Finalmente, el pasaje nos invita a confiar plenamente en la providencia de Dios. Si bien es importante ser responsables con nuestros recursos, debemos recordar que Dios es quien provee todo lo que necesitamos. Esta confianza nos libera del miedo y la ansiedad, permitiéndonos vivir con paz y alegría. En nuestro trabajo diario y en nuestras labores apostólicas, esta fe en la providencia nos ayuda a mantener una actitud positiva y esperanzadora, incluso en medio de las dificultades.


MÁXIMA
Seguir a Jesús es lo más importante

E
Están en la mano de Dios como pequeños niños muy humildes, muy dóciles, muy sencillos que se dejan llevar, traer, levantar, acostar, que son dóciles y dispuestos a toda clase de movimientos, y Dios los bendecirá, los iluminará, y los recompensará en la eternidad del bien que hubiesen querido hacer como del que han hecho. ( S VII p. 2232)

Te seguiré llamando,
te seguiré llamando,
aunque apiles piedras
para detener el cauce
del torrente de agua viva que Yo soy.

Te seguiré llamando,
te seguiré llamando,
desde lo más profundo,
desde donde la verdad resuena
por cada rincón que hay en tu cuerpo.

Te seguiré llamando,
te seguiré llamando,
aunque agarres la puerta
y te marches con pie firme;
aunque pongas toda tierra de por medio.

Te seguiré llamando,
te seguiré llamando,
tengo una vida entera
para dártela si quieres, créeme.

Te seguiré llamando.


San JUAN EUDES (1601-1680) fue un sacerdote misionero francés, fundador de la Congregación de Jesús y María (Eudistas) y de la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio y autor del culto litúrgico del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón de María. Estudió con los jesuitas y se unió al Oratorio de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1625. Se dedicó a dirigir misiones parroquiales, fundó varios seminarios y se preocupó de la formación espiritual de los sacerdotes. En 1641 fundó la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio en Caen para acoger a prostitutas que querían cambiar de vida. En 1643 fundó la congregación de Jesús y María. Fue canonizado en 1925 por el papa Pío XI.

San EZEQUIEL MORENO DÍAZ (1848-1906) fue un sacerdote agustino recoleto español. Ordenado sacerdote en Manila, Filipinas, se destacó como misionero. Fue luego obispo de Pasto en Colombia, donde se ganó el cariño de la gente por su generosidad.  Sufrió los horrores de la guerra civil y del anticlericalismo y del hostigamiento a la Iglesia católica. Enfermo de cáncer, regresó a España donde falleció.

GREGORIO MARTOS MUÑOZ (1908-1936) fue un sacerdote asesinado durante la guerra civil española. Sus padres emigraron a la Argentina en busca de un futuro mejor y se instalaron en Chilecito, provincia de la Rioja. Allí nació Gregorio. Pero cuando tenía 10 años toda la familia regresó a España. Ingresó en el Seminario de Granada. Fue formador en el Seminario menor y trabajó durante 3 años en la parroquia de Ejido, donde dejó huellas por su generosidad y entrega. Detenido apenas iniciada la persecución religiosa, luego de pasar por varias cárceles y sufrir torturas, fue ajusticiado junto con otros presos. Fue beatificado en el año 2017.