Santa Rosalía de Palermo


Novena anual por la beatificación de Juan María

Tema 7º día: FRONTERA
Lema: Un encuentro con los más pequeños

(Ver material más abajo)

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Navega mar adentro y echen las redes.
Simón le respondió: Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Jesús no predica desde el templo ni desde lo alto, sino desde la barca, desde el lugar de trabajo de Pedro. Esto tiene un eco profundo para nosotros: la vida diaria, el mundo profesional, la tarea educativa, el compromiso social… son lugares donde se juega la vocación cristiana. No se trata de huir del mundo, sino de santificarlo desde dentro, como fermento en la masa. Jesús entra en la rutina de Pedro y la transforma. Lo mismo se espera de los hombres y mujeres seguidores de Jesús: vivir la fe en medio del mundo, sin espectáculo, pero con profundidad.

Después de la pesca milagrosa, Pedro experimenta el asombro y la indignidad: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Pero Jesús no lo aparta, sino que lo llama. No espera perfección, sino disponibilidad. La vocación no nace de la perfección, sino del encuentro con Cristo. Así como Pedro deja todo y lo sigue, también nosotros estamos llamados a “navegar mar adentro” en nuestra propia realidad, con nuestras limitaciones, pero con la certeza de que Dios llama, capacita y envía.

La vocación menesiana es siempre una llamada a servir a los demás desde la cultura, la educación, la ciencia, la vida social y familiar, con hondura espiritual y compromiso concreto. No se trata sólo de «seguir a Jesús», sino de ser presencia de Él en cada rincón del mundo, con profesionalidad y coherencia de vida.

Que este Evangelio nos invite a dejarnos encontrar por Jesús en nuestra “barca”, a fiarnos de su Palabra aun en el cansancio, y a hacer de nuestra vida cotidiana una misión al servicio del Reino.


MÁXIMA
“Navega mar adentro”


Mantente firme en tu vocación y no escuches los consejos de aquellos que quisieran que dejases de amarla. No basta con haber comenzado bien, es necesario perseverar hasta el fin, para obtener la corona. Ruega a la Santísima Virgen, rézale mucho, desde el fondo del alma para que te muestre más que nunca, que ella es tu buena madre, preservándote de toda inconstancia” (Al Hno. Elzéar, 25 de julio de 1848)

1780, aquí comenzó
una historia que brotó
desde el corazón.
Un camino que un niño francés emprendió.
La Bretaña, principio de revolución.
Una vida dispuesta
a ayudar a los demás.
Un destino que Dios sólo conocerá
A los niños él se propuso ayudar
y seguía con su revolución…
a través de la educación.

Él rompió barreras,
se acercó al que no tenía.
Ángel que nos acompaña
y apasiona con su vida.
Haciendo caminos, siguiendo sus huellas,
compartiendo lazos,
somos todos menesianos.

Una mirada distinta Juan María mostró,
la realidad que vivía a él le conmovió.
Sus valores forjaron los lazos de unión
de los niños y jóvenes que Dios le dio.
Un proyecto de vida, servicio y amor
donde el último joven siempre contó.
Nuestro “ángel” atento que nos acompañó
en Hermanos, maestros, gracias por su ilusión.
Y hacen brillar nuestro corazón.

La escuela menesiana emerge como una escuela llamada a llegar al límite, a la frontera. Asumiendo la dinámica evangélica, la escuela menesiana va donde otros no llegan, poniéndose al servicio de los últimos y generando una alternativa que permita a cada uno encontrar su propio lugar.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver».
Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, ¿y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, ¿y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?».
Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo».

“Los envío allí donde otros no quieren ir, para que lleven el consuelo del Evangelio.”

“Esta Congregación ha sido fundada no para los ayuntamientos ricos e importantes sino para los más pequeños y los más pobres, donde no ha habido ni puede haber nunca un maestro adjunto, es decir un segundo maestro diplomado, nombrado y pagado.”

“Los pobres son sagrados para nosotros.”

Ir donde otros no van. Innovar, arriesgar, ser alternativa, con agilidad, con errores. Dimensión misionera. Jesús está en los pequeños, los pobres, los invisibles. No sólo los acompaña: se identifica con ellos.

Querido Dios, ayúdanos a ver a los demás con ojos de amor y compasión. Queremos ser puentes que unen a las personas y que llevan amor y esperanza a quienes lo necesitan.
Ayuda a que podamos ir donde otros no van, y que podamos encontrar a Jesús en los más pequeños, en los pobres y en los necesitados. Queremos ver a Jesús en los que están solos y en los que sufren.
Recuérdanos que Jesús se identifica con ellos y que, en cada uno de ellos, nos está llamando a amar y a servir. Ayuda a que podamos ser instrumentos de tu amor y que podamos hacer una diferencia en la vida de los demás.
Queremos amar como tú nos amas, sin fronteras ni límites. Ayuda a que podamos ser una forma de amar en un mundo que necesita de tu amor y compasión.
Amén.